Atreverte a decir quién ganará una Eurocopa antes de que empiece es cavar tu propia tumba en el camposanto. Como apuntarse a la cabeza con un revólver y tener fe en que fallarás el tiro. También pronosticar las selecciones que van a sorprender y las que van a defraudarnos. En el fútbol, hay derrotas que son seguras. La primera y la más estúpida, la predicción. Ahorrémonos la vergüenza y los funerales. Aceptemos que nada conocemos y que nada controlamos. La Eurocopa es un pueblo de chiflados. La Eurocopa es un reloj trabado. La Eurocopa es un barco en llamas metiéndose en la gola del océano. Quedémonos en el puerto, abramos unas Ruffles, miremos el incendio desde lejos.

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La suelen comparar con una fiesta. Tiene sentido. La Eurocopa son unas vacaciones del fútbol. A partir de hoy, todo cambia. Ganaremos distinto, perderemos distinto, sufriremos distinto. Incluso el modo de reaccionar a un gol ya no será el mismo. Cuando nos quitan las divisiones de los clubes, los aficionados caemos en la desorientación. De repente, no hay red que sujete nuestras emociones. Como reos con los grilletes rotos. Los jugadores se mezclan, las rivalidades mutan, los entrenadores llevan una acreditación colgando del cuello, como ponentes del Mobile World Congress, y no sabemos muy bien dónde agarrarnos. La baraja de siempre se sustituye por otra más reluciente y de repente se abre un nuevo juego. Un vacío descomunal. Al fin, un respiro.

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Este está siendo un año muy extraño. Y lo que nos queda. Tampoco la Eurocopa se presenta como un refugio en el que sentirnos seguros de nuevo. Múltiples sedes, gradas semi-vacías, palabras como ‘burbuja paralela’ tratando de meterse de malas maneras en nuestro imaginario. Este está siendo un año de mierda, pero la felicidad también está un poco sobrevalorada. Y, como escribe Antonio Agredano, cuando las cosas se tuercen conviene recordar que incluso en el infierno crecen flores. Volverá a haber gente aprendiéndose el once titular de Eslovaquia. Volverá a haber gente buscando excusas para no ir a una boda con tal de no perderse un encuentro importante. Volverá a haber mucha gente sentada en un sofá, que es el único sitio desde el que todavía jamás se ha empezado una guerra.

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Hablar de la Eurocopa como si la comprendieras es una operación arriesgada. Se trata de un torneo cuya lógica consiste en desmentirse a él mismo constantemente, de manera que resulte imposible afirmar algo sin temor a tener que afirmar lo contrario más tarde. ¿Cuántos futbolistas dieron el salto en su carrera fichando por un equipo más grande gracias a una Eurocopa y luego ya nunca volvieron a brillar como ese verano? Infinitos, pero es normal. La Eurocopa es un salón con espejos deformantes. Todo lo que ocurra ahí dentro va a ser gracioso, angustiante o conmovedor, pero no real, al menos no del todo. Como jugar al fútbol en Saturno.

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Precisamente por ese carácter disparatado, y por su corta extensión, es tan divertido escribir sobre ella. Los que escribimos, en realidad, necesitamos creer que nada de lo que decimos es tan trascendente, que cada noche los textos mueren y vuelven a nacer, que nadie va a retener mucho rato esa metáfora ridícula que no se nos tendría que haber ocurrido, y esta condición pasajera de la Eurocopa, como un documento programado para autodestruirse al poco tiempo, es ideal para soltarse.

Joan Didion confiesa que escribe libros porque una vez tiene la primera frase ya no es capaz de echarse para atrás, se ve obligada a juntarla con la siguiente, y así con muchas otras, hasta que la historia no se cierra. Lancemos aquí también la primera piedra, pulsemos el REC y grabemos un plano secuencia sin cortes de todo lo que va a suceder durante las próximas semanas, concedámonos este absurdo homenaje.

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Bolaño escribía unas novelas de puta madre, pero en sus horas muertas le gustaba mirar Gran Hermano. Nosotros vamos a solucionar el mundo, pero a partir de julio, porque este mes vamos a estar muy liados analizando la defensa de Suiza.

Tocaba cada dos años y ahora ya van tres desde el último Mundial.

Que no nos molesten mucho, pedimos. Que no llamen, si no es urgente. Que tampoco nos juzguen.

Cada uno con lo suyo.

Nosotros, con la Eurocopa. Que, por cierto, la va a ganar Inglaterra. Eso está clarísimo.

 


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Fotografía de Imago.