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La A.E. Ramassà, el primer club de fútbol ONG de España

La entidad catalana lleva más de una década viajando a África para jugar contra equipos profesionales del continente. El fútbol es solo una excusa para las labores de ayuda humanitaria que llevan a cabo

Ramassà

En 1975, un grupo de amigos de los alrededores de Granollers que jugaban juntos a fútbol decidieron crear un equipo: la Associació Esportiva Ramassà. De darle un nombre a su bautizo se encargó el polígono cercano a los campos de cultivo donde tenían lugar aquellos ‘partidillos’: El Ramassar. Así nació por primera vez. Aunque, casi 40 años después de aquello, el 9 de marzo de 2014, a la entidad se le dio una nueva vida.

Aquel año, el club organizó un viaje a Etiopía ajeno a la temporada liguera. El humilde conjunto catalán se plantó en el país africano para disputar un amistoso frente al Saint George FC, uno de los mejores equipos del continente aquella temporada. Afrontando aquel enorme reto, el Ramassà se convirtió en el primer equipo no africano de la historia en jugar un partido de fútbol en Etiopía, y de ello fueron testigo en el estadio hasta 20.000 personas. El Saint George venció por 6-0, pero aquella estancia transgredió lo deportivo y cobró una dimensión social. Con la ayuda de afición, patrocinadores y empresas catalanas, en aquella expedición se entregaron más de 100 kilos de material deportivo y escolar para niños y niñas locales.

La satisfacción de aquel episodio fue el detonante de la decisión que cambiaría al club hasta el día de hoy. La A.E. Ramassà se convertiría, tal como describe su presidente Jordi Grivé, en el primer club de fútbol ONG de España, dando continuidad a las tareas de ayuda humanitaria. Desde 2014, los viajes a países africanos para enfrentarse a clubes profesionales pasarían a ser una tradición anual (impedida algunas temporadas por la COVID-19), con una media de 40 desplazados en cada aventura. Así llegaron a Benín (2015), Uganda (2016), Camerún (2017), Madagascar (2018), Costa de Marfil (2019), Gambia (2023), Kenia (2024) y Mongolia (2025). Hoy día ya son miembros de la comunidad internacional Common Goal y de la iniciativa de las Naciones Unidas ‘Football for the Goals’.

 

En 2014, el humilde conjunto disputó un amistoso frente al Saint George FC, uno de los mejores clubes de África. El Ramassà se convirtió en el primer equipo no africano de la historia en jugar un partido en Etiopía

 

Jordi Grivé era el capitán del equipo que protagonizó el estreno del Ramassà en territorio africano aquel memorable día en 2014. Desde entonces, sus once años de trayectoria en la entidad, con las botas colgadas, lo han llevado, entre otros puestos, a la coordinación deportiva y la dirección general, logrando el ascenso a la presidencia hace dos temporadas. “Es muy bonito ver cómo ha ido cambiando el club desde que llegué. Lo sientes muy cercano y te emociona que funcione de esta manera”, confiesa a Panenka como testigo privilegiado de la evolución de la organización catalana.

Una vez el club se convirtió en una ONG, a los viajes se les añadió el factor de colaborar con otra entidad local del mismo carácter que trabajase en consonancia con la línea del club de Les Franqueses, ya fuera en enfoques deportivos o educativos. De esta forma, cada año, antes de su visita, en el club captan fondos a través de campañas para realizar una aportación económica a la organización colaboradora en el país. Una vez allí, tienen lugar jornadas de talleres con niñas y niños en las que se juntan la expedición de viajeros del Ramassà y todos los participantes de esa otra ONG, favoreciendo el intercambio cultural y de ideas entre proyectos.

Sin embargo, nadie olvida tampoco la parte deportiva. Otra parte importante del viaje es el amistoso que enfrenta al conjunto catalán con estrellas de ligas africanas en estadios nacionales. “Es una pasada. Algo muy potente para los jugadores que vienen al club”, describe Jordi, que ha vivido esa experiencia en primera persona, haciendo énfasis en que este acontecimiento promueve los fichajes de futbolistas. “Todo va ligado a que se nos vea y se nos conozca”, añade. Aunque para que este acontecimiento sea posible es fundamental la colaboración de los futbolistas que, poniendo en segundo plano el trabajo y/o los estudios por unos días, dedican su tiempo, energía y dinero a una vivencia inigualable. “No pagan una cuota para jugar durante el año, pero se les pide el compromiso de participar en las actividades que organiza el club y ser socios del mismo”, matiza el presidente sobre las exigencias a los jugadores.

Ramassà

Otro de los protagonistas de las labores del Ramassà es Marc Larripa, director del área social. Al igual que Jordi, él también fue jugador del club y se implicó en tareas solidarias en los viajes, lo que acabó dando paso a que años más tarde convirtiese aquella pasión en su trabajo. En 2019, en proceso de profesionalizar la actividad de la ONG, Jordi lo llamó para formar parte del equipo. Marc, que se había formado y especializado en cooperación internacional, decidió involucrarse en un proyecto que entonces no tenía recursos suficientes para ofrecerle un oficio a tiempo completo. “Fue una inversión. Yo le veía potencial, y parece que hemos acertado”, admite con una sonrisa.

La A.E. Ramassà amplió sus áreas de trabajo y puso en marcha otros proyectos ambiciosos, como Etetack. Esta iniciativa estuvo en marcha desde 2017 hasta 2023 y consistió, en colaboración con CEFOSJEC, en la creación de un centro formativo y una academia de fútbol para niños, niñas y jóvenes en riesgo de exclusión social en el barrio de Yaundé (Camerún) que da nombre a la iniciativa. “No descartamos volver a abrir un proyecto de cooperación internacional”, revela Marc tras incidir en que gracias a aquella labor se les ha presentado la posibilidad de iniciar otros proyectos similares.

 

El evento central del viaje es el amistoso que enfrenta al conjunto catalán con estrellas de ligas africanas en estadios nacionales. “Es una pasada. Algo muy potente para los jugadores que vienen al club”

 

Pero sus intenciones no solo van dirigidas a países africanos. En 2021 renació el equipo femenino del Ramassà, aunque con un aura bastante distinta a la habitual. Su foco es la inclusión para recién llegadas, solicitantes de asilo y refugiadas. “Ofrecemos un espacio seguro para que las jugadoras vengan a hacer deporte y mejoren su bienestar emocional. Que hagan red y puedan huir de los problemas que han tenido en sus respectivos países”, reflexiona Marc. Esta idea surgió a partir de una situación similar que presenciaron con su equipo masculino. El club ayudó a dos jugadores recién llegados de Colombia y Sierra Leona a arreglar papeles y a conseguir trabajo, lo que propulsó un nuevo proyecto años más tarde para guiar a otras migrantes en el mismo sentido. Las integrantes del equipo, sin embargo, pueden sentirse algo profesionales, concretamente desde sus pies. Aitana Bonmatí, que mantiene una buena relación con la entidad catalana, entrega botas de sus compañeras del primer equipo del Barça para que tengan una segunda vida con el equipo femenino del Ramassà. No es el único gesto que la Balón de Oro ha tenido con la entidad. El año pasado la futbolista lideró la 20ª edición dels ‘Relats Solidaris de l’Esport’, un libro que busca recaudar fondos para proyectos de ayuda social. Con él, Aitana decidió que fuese el proyecto femenino del club ‘franquesí’ quien recibiese el 100% de los beneficios por las ventas de la obra.

Cabe destacar la compleja tarea que supone combinar la gestión de la ONG con la vertiente deportiva. La junta directiva la forman once voluntarios que se ocupan de ambas áreas. “Hay gente futbolera y gente que no lo es tanto, y eso nos ayuda a tener todos los puntos de vista”, destaca Jordi. Con solo un equipo masculino de fútbol once y otro de fútbol sala, fundado recientemente, los cargos en esta área son más sencillos. Sin embargo, para las tareas de coordinación social (como la sección del equipo femenino), cuentan con cuatro profesionales dedicados principalmente a estos proyectos. En cuanto a la parte económica, el club cuenta con 260 socios que aportan capital privado, aunque también se nutren de subvenciones y campañas.

Con ello, la A.E. Ramassà ya planifica su décimo viaje a África para este marzo de 2026, con récord de desplazados: 47. El destino es Sudáfrica, donde se medirá al Cape Town Spurs en el estadio Athlone, uno de los campos de entrenamiento del Mundial de 2010. El club sigue desbloqueando zonas del mapa africano, propagando su nombre y fuerza en el apoyo a personas en situaciones desfavorecidas. “El Ramassà puede servir de ejemplo para que otros clubes que quieren dar un paso adelante en la ayuda social vean que realmente se puede lograr”, concluye Larripa, animando a que otros conjuntos pongan su grano de arena para que, con el fútbol como herramienta, hagan de este mundo un lugar un poco mejor.