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Álex Remiro: “Al portero hay que escucharle”

El meta de la Real Sociedad tiene entre manos mucho más que la portería 'txuri-urdin'. Así vive y piensa un futbolista inquieto

Remiro
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Álex Remiro (Cascante, 1995) no sólo defiende desde hace más de un lustro la portería de la Real Sociedad. También defiende una causa: la normalización de la atención psicológica en el fútbol. Estas son sus luchas.


Esta entrevista está extraída del #Panenka131, un número que sigue disponible aquí. Las fotografías son de Julen Vélez. 

 

Hace un tiempo se anunció tu entrada en la ONG Common Goal para colaborar en proyectos sobre el cuidado psicológico en el fútbol. ¿Por qué la salud mental?

Porque es algo que me afectó. Y porque me he esforzado en mejorarlo y he sentido que ese trabajo sirve para algo. Entonces, como me ha ayudado a mí, y a muchas otras personas que también lo necesitaban, quería ofrecer una herramienta más, hablar de ello claramente y darle más visibilidad. Aportar un granito de arena en un tema que he vivido en mis propias carnes.

Sostienes que en el fútbol el trabajo en salud mental debería ser incluso obligatorio.

Estamos sometidos a mucha presión. Y sí, veo necesario el trabajo en el club, tanto a nivel de equipo como individual.

¿Todavía te encuentras con compañeros que prefieren no acudir a un psicólogo cuando tienen un problema anímico?

Sí, pero porque no todo el mundo ve las cosas de la misma forma. Eso va con la personalidad de cada uno. Hay gente que se da cuenta de que lo necesita y gente que no, como hay gente que estaría dispuesta a abrirse al 100% en una sesión con un terapeuta y otra que no. Este año [la entrevista se realizó en septiembre de 2023], por ejemplo, la Real ha incorporado a una figura en el staff enfocada a esa labor: José Carrascosa. Estará con nosotros en el día a día e incluso viajará con el grupo. En muchos equipos ya hay perfiles similares. Debería ser lo normal para todos.

 

“El portero tiene que vivir el fútbol un poco como está en el campo: desde atrás, solo, con la mirada puesta en el equipo, en tensión, pendiente de todo…”

 

¿Consideras que a los jugadores que no dan el paso les frena algún prejuicio?

Antes eso pasaba más. Pero porque la gente se quedaba con lo típico: no voy al psicólogo porque el resto pensará que estoy loco. Ahora, en cambio, ha habido tantos atletas y personalidades famosas e influyentes en el deporte que lo han dicho abiertamente, que la percepción general ha cambiado. Grandes estrellas que incluso se han negado a ir a una competición para cuidarse, reconociendo que no estaban bien. Y que han hablado sin tapujos de lo que han sufrido y de lo que han hecho para revertir esa situación. Son muchos casos. Varios potentes. Ricky Rubio, por ejemplo. Que levante la mano un tío así, con esa carrera, para hablar de sus problemas, te abre los ojos. O Isco, que hace poco admitió que había tenido que hacer trabajo psicológico para volver a disfrutar en el campo. O Simone Biles, que se plantó y dijo que no estaba en condiciones de competir en los Juegos Olímpicos cuando era la mejor del mundo. Si eso lo han hecho personas que eran referentes en su disciplina, todos los que nos dedicamos al fútbol, con lo desgastante que es la presión, con lo difícil que es llegar, con lo complicado que es mantenerse, con lo que cuesta no ver el premio a corto plazo… ¿cómo no íbamos a poder hacerlo también? Todos necesitamos un orden en nuestra vida.

Esos testimonios, a la vez, pueden ser útiles para el resto de la sociedad.

Pero en eso hay un problema. Fuera del deporte, la terapia es un recurso para gente con un nivel económico medio-alto. Y eso no tendría que ser así. Es un fallo de nuestra sanidad, que tendría que destinar más fondos a ese apartado. Nuestro sistema de salud funciona bien en muchas cosas, pero este es un punto a tratar. Una persona no puede destinar 70 euros a una sesión con un psicólogo. Multiplicas eso por cuatro cada mes y… Imagínate. La mayoría de la gente se va a cenar y no se puede gastar 70 euros por cabeza. Además, estamos hablando de un problema, no de un capricho.

¿Echaste de menos ese apoyo en tus primeros años en el fútbol?

Sí, sin duda. Me hubiera venido bien. Cuando estaba en la cantera del Athletic ya había una psicóloga que hacía sesiones con los jugadores, aunque no estaba tan enfocada en lo deportivo. Creo que para un atleta es importante que el psicólogo comprenda que su estrés es diferente. Hay pequeñas cosas en el día a día que se nos pueden hacer bola y que, tal vez para alguien que se dedique a otra cosa, no son relevantes. Un fallo en un partido, una sensación negativa en un entrenamiento, una mala contestación con el míster… Este tipo de detalles, que para alguien de fuera quizá son tonterías, a nosotros nos pueden afectar mucho. Por eso, cuando antes empieces a trabajarlos, mucho mejor.

Remiro

Acudes desde hace años a una terapeuta personal, Mar Rovira. Empezasteis a colaborar cuando te fuiste cedido del filial del Athletic al Levante, en 2016. ¿Por qué tomaste esa decisión?

Fue por mi representante. Al final, los ‘repres’ hacen como de hermanos mayores, te aconsejan. No me veía bien, siempre salía rallado de entrenar, porque empecé de titular, jugué mal y perdí el puesto. Yo ya no quería seguir allí. Estaba muy amargado. Y un día me dijo que debería hablar con una profesional para que me ayudara, que él conocía a una, Mar, que había sido atleta y que ya trabajaba con otros deportistas de élite. Así empezamos.

Las primeras sesiones no fueron demasiado bien. ¿Por qué?

No es que no estuviera por la labor, pero es verdad que al principio yo no veía claramente el feedback positivo de las conversaciones. Su utilidad. Ella siempre me dice que estaba cerrado a hablar del problema que tenía, pero que en cambio era capaz de ordenar mis ideas y de enfocarlas bien. Que tenía una mentalidad fuerte. Yo era un niñato que no veía más allá, pero ella veía en mí una personalidad que me ayudaría a reconducir el camino y a aprovechar la terapia, aunque me fuera a costar un tiempo.

Los porteros, si cabe, todavía estáis sometidos a una presión mayor que el resto de jugadores. Vuestro talento se mide en centésimas de segundo. ¿Jode esa distinción? ¿Tenéis que esforzaros más para estar bien mentalmente?

La personalidad de un portero tiene que ser diferencial. Esto es así. Es una figura que tiene que vivir el fútbol un poco como está en el campo: desde atrás, solo, con la mirada puesta en el equipo, en tensión, pendiente de todo… Por eso considero que un portero tiene que tener un carácter fuerte. Que cuando esté y hable, se le escuche. Que no pase desapercibido. Y que asuma el rol de un jugador potente e imponente, siempre en el buen sentido. Pero no creo que tengamos que trabajar más la salud mental que el resto del vestuario. A todo el mundo le puede sentar genial hacerlo.

 

“Cada vez tiene más mérito un blocaje. Hacen los balones para que haya goles”

 

Sois líderes en la sombra.

Al final, todo lo que transmite un portero va enfocado a dárselo a su equipo. Me explico: cuando realizas una acción contundente en una salida, o una parada en la que no te pones nervioso, o cometes un semifallo pero lo corriges inmediatamente, tu compañero piensa: ‘Este tío está loco, tiene completamente controlada la situación; se le acaba de ir la pelota, casi se la roban y meten gol, pero está tranquilo y a la siguiente se la volverá a jugar’. Eso es lo que debes generar en el grupo. Y si lo consigues, lo normal es que el entrenador te siga poniendo partido tras partido.

Porque también te has ganado su confianza.

Siempre he pensado que si te mandan al banquillo y tú esa semana, en los entrenamientos, has ofrecido tu mejor versión, ya está, tienes que aceptarlo. Todo el mundo quiere jugar, no todos pueden hacerlo y el fútbol son momentos. Otra cosa es que en las sesiones estés mal. Que te dejes un poco. Ahí ya no tienes derecho a pensar nada, porque no has estado preparado. Al final, tú tienes que hacer lo que está en tu mano para que no te sienten. Y entender que en el rol del portero se busca una consistencia, una continuidad, un control del área y de la portería que tranquilice al resto, y que por eso los entrenadores no cambian mucho, porque no quieren alterar esas relaciones entre los jugadores…

 

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