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Las alas rotas del Atlético-Aviación

El Club Atlético-Aviación fue en los primeros años de posguerra el equipo más próximo al régimen franquista. Hasta que el conjunto madrileño dejó de serle útil al poder

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Este reportaje está extraído del interior del nuevo #Panenka153


El Club Atlético-Aviación despegó en 1939 al tiempo que el régimen comenzaba a modelar la España que iba a perpetuarse en el poder. Sin embargo, su vuelo se interrumpió a finales de 1946. ¿Qué razones llevaron al franquismo a desentenderse del que, en teoría, era su equipo más próximo?


“Por ahí vienen los millonarios”, se dice que exclamaban en las capitales de provincia españolas cuando un autocar del Ejército del Aire aparecía, imponente, con los futbolistas del Atlético-Aviación a bordo, los mismos que debían medirse al equipo local de marras. Así lo recordaba, por ejemplo, un joven Francisco Gento, que reconocía que en su infancia simpatizaba con el club rojiblanco madrileño por su aura y porque en la entidad jugaban cántabros como él, los míticos Germán y Aparicio.

En 1939, tras tres años en los que completó muchas horas de vuelo enfrentándose por todo el frente de batalla, desde Salamanca a Zaragoza, a otros clubes de la zona azul, el Aviación Nacional, club nacido en la base de Matacán, adquirió un merecido prestigio. Lo formaban soldados del aire de la zona sublevada, pero también futbolistas profesionales que habían acabado ahí y aprovechaban las horas muertas para matar el gusanillo de un deporte que habían dejado de practicar, de manera profesional, en 1936, con el estallido de la Guerra Civil.

 

“Por ahí vienen los millonarios”, se dice que exclamaban en las capitales de provincia españolas cuando un autocar del Ejército del Aire aparecía, imponente, con los futbolistas del Atlético-Aviación a bordo

 

Apadrinado por altos mandos de la aviación franquista, este conjunto se vio en la tesitura de desarmarse tras finalizar la contienda, pero sus responsables, Francisco Salamanca y José Bosmediano, ante la falta de afición y sede propias, y la imposibilidad a corto plazo de llegar hasta la máxima categoría por méritos deportivos, entablaron conversaciones con representantes de varios equipos madrileños. Tras descartar el Madrid CF la posibilidad de la unión, el CD Nacional y el Athletic Club de Madrid quedaron como las dos únicas opciones. Finalmente, el elegido para la fusión fue el Athletic Club de Madrid, un equipo que estaba prácticamente al borde de la quiebra, arruinado, descendido en el último partido de la anterior Liga a Segunda División y también sin campo, dado que el Metropolitano había sido frente de guerra y había que reconstruirlo.

Con la unión de las rayas rojiblancas y las alas en el escudo, nacía el Athletic-Aviación. La nueva entidad mantuvo la incipiente masa social, producto de 30 años de historia -al principio, compartida con el Athletic Club vasco- y el músculo del Arma de Aviación, algo que le procuraba posibles que, en el contexto de la posguerra, otros equipos no podían ni soñar. El depauperado Athletic originario mantenía parte de su nombre, los colores rojiblancos, su reglamento interno y el 50% de la directiva, mientras que el Aviación conseguía un hueco en la élite y le daba a la unión resultante un presidente militar, bien relacionado con el poder, y una serie de ventajas tangibles, como los sofisticados medios de transporte, e intangibles, con las conexiones gubernamentales.

DE DESCENDIDO A CAMPEÓN

Al frente del equipo, como entrenador, todo un mito: el recién retirado Ricardo Zamora, el mejor portero del fútbol español, que había traído de su exilio en Francia algunas innovaciones tácticas, como la WM que estaba a punto de triunfar en el balompié. Con futbolistas de mucho nivel como los Germán, Aparicio, Arencibia, Campos y Vázquez, entre otros, el Club Atlético-Aviación, su nombre españolizado por ley, conquistó las dos primeras Ligas disputadas tras el cruento paréntesis de la Guerra Civil, al aprovechar los tropiezos de sus rivales en los finales de ambos torneos y, en general, el lamentable estado en que se encontraba la competición doméstica, habida cuenta de las muchas bajas que en sus plantillas habían experimentado los equipos punteros hasta el inicio del conflicto, como el FC Barcelona, el Athletic Club y el Real Oviedo, por citar algunos, debido al exilio, la retirada o incluso la muerte de muchos futbolistas españoles por la guerra.

 

Contra lo que se pudiera pensar, poco rédito le sacó el Atlético-Aviación a su condición de equipo emblemático del franquismo

 

Precisamente el ‘divino’ Zamora había sufrido en sus carnes las consecuencias de una cicatriz, la de la Guerra Civil, que no se acababa de cerrar. Aun siendo el entrenador de un equipo muy próximo al franquismo, se vio sometido a la Ley de Responsabilidades Políticas, lo que provocó que diera con sus huesos en la cárcel y fuera apartado de la dirección del Atlético-Aviación por haberse ausentado de la zona nacional durante la contienda.

POCA VENTAJA COMPETITIVA

Contra lo que se pudiera pensar, poco rédito le sacó el Atlético-Aviación a su condición de equipo emblemático del franquismo. Si bien es cierto que conquistó dos ligas (en sendos finales de infarto, resueltos en la última jornada), para jugar en Primera tuvo que superar una promoción ante Osasuna que no debería haberse disputado, porque la plaza le correspondía al equipo rojiblanco por méritos clasificatorios; no dispuso de campo propio en ninguno de los campeonatos, ya que tuvo que jugar como local y sufrir las chanzas de los aficionados rivales del Madrid CF en Chamartín; fue incapaz de retener a su portento goleador Pruden, tras la segunda de las ligas; perdió a su entrenador durante media temporada y, por si fuera poco, ni tan siquiera aspiró a ganar la Copa del Generalísimo durante aquellos años tan próximos al poder. De hecho, tuvo que esperar para hacerlo hasta 1960. Y eso que, de haberse dado en el lapso vivido como Atlético-Aviación, habría sido cuando menos curioso ver a su capitán, el sargento José Mesa, recibiendo el trofeo de manos del general Franco, que siempre vestía de paisano y no de militar en el partido más importante de la temporada futbolística española, el de su trofeo…

 

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