Es 22 de noviembre de 2001. Amanece un nuevo día en Brescia, y en la quinta posición, el equipo de las ‘rondinelles‘ (golondrinas en italiano) salta al campo de entrenamiento para preparar el encuentro ante el Udinese correspondiente a la jornada 12. El conjunto tan solo ha perdido dos partidos en lo que llevamos de curso, y en Lombardía disfrutan de tres estrellas como Luca Toni, Roberto Baggio y un Pep Guardiola recién aterrizado de Barcelona. Pero esa mañana aparentemente tranquila se rompe con una noticia de última hora. Pep ha dado positivo por nandrolona tras someterse a un control antidopaje después del encuentro ante la Piacenza hace exactamente un mes. La estupefacción es evidente. En una justicia italiana de lo más rígida en su lucha contra el dopaje, ha empezado el proceso de Pep.
La justicia kafkiana no pregunta, sentencia, y es el acusado quien debe desmontar su culpa. Así lo refleja Franz Kafka en su inacabada novela El proceso. Trató de hacer lo mismo Orson Welles llevándola a la gran pantalla junto a la actuación de Anthony Perkins (muchos le recordaréis en Psicosis). Una lucha laberíntica para demostrar su inocencia, y que el mismo Pep vivió entre análisis, abogados y fiscales. Por aquel entonces, con 30 años, la justicia ordinaria pide cuatro meses de suspensión, 50.000 euros de multa y hasta siete meses de cárcel para el futbolista catalán. Lo que había iniciado como un día soleado se convertirá en semanas de dureza y oscuridad.
Esa mañana aparentemente tranquila se rompe con una noticia de última hora. Guardiola ha dado positivo por nandrolona tras someterse a un control antidopaje después del encuentro ante la Piacenza. La estupefacción es evidente
En sus primeras declaraciones, Guardiola señalará que lleva cuatro años tomando un complejo vitamínico autorizado por los médicos del club. Además, anuncia la contratación del abogado neerlandés Cor Hellingmann, quien ya había defendido al excompañero de Pep, Frank de Boer, la temporada anterior por una situación similar. Pero, por si fuera poco, el CONI informará de un segundo positivo, también por nandrolona, en el partido entre Lazio y Brescia del 4 de noviembre. La Comisión Disciplinaria le impondrá una segunda suspensión cautelar al tratarse de un nuevo caso.
Desde Barcelona, un perito asegura que el 16% de los suplementos nutritivos de los deportistas están contaminados por nandrolona. Esos días, Pep asiste a laboratorios donde se confirmarán ambos positivos y el fiscal antidopaje del CONI denuncia al futbolista ante la Comisión Disciplinaria de la LPI (Liga Profesional Italiana) proponiendo una suspensión de hasta un año. Pero, lejos de aceptar las peticiones de la justicia o negociar una reducción de condena, Pep seguirá fiel a sus principios y enfrentará a la justicia con su mejor arma. Porque si dentro del campo Guardiola sabe moverse como pez en el agua, fuera demostrará que su juego sobre el césped es fiel a su conducta: elegante, firme, inteligente. No es ni físico ni rápido, pero lo compensa con una gran visión, precisión y una lectura táctica excepcional.
En sus primeras declaraciones, Guardiola señalará que lleva cuatro años tomando un complejo vitamínico autorizado por los médicos del club. Además, anuncia la contratación de un abogado neerlandés especializado en estos casos
Entre tribunales y juzgados, Pep lanza diagonales para encontrarle los huecos a una justicia italiana que peca de exceso de orgullo. Llegarán a ser seis años; el proceso durará hasta 2007, cuando se declara el caso como absuelto, aunque lo cierto es que finalmente la sanción se reduce a cuatro meses y Pep vuelve a los terrenos de juego el 24 de marzo de 2002. Quizá ya en el ocaso de su carrera, aunque le dará tiempo a disputar 25 partidos con el club lombardo. De hecho, en aquella primera temporada, la baja de Pep supone un revés para el equipo que, a pesar de su gran inicio de campaña, terminará en decimotercera posición, solo un punto por encima del descenso.
En el que sería su segundo año en el norte de Italia, Pep decide marcharse a la Roma de Fabio Capello. Un periodo efímero, donde apenas cuenta para el técnico italiano y donde solo jugará cinco partidos. Por ello, decide regresar allá donde más le querían. Eje del Brescia, terminó la temporada en una plantilla de lo más recordada para el ya extinto y hoy refundado equipo de las golondrinas. Porque, de sus 114 años de historia, Pep forma parte de un breve pero recordado periodo. Porque, a pesar de aquel kafkiano positivo que trató de marcar su carrera, dentro o fuera del campo, Pep nunca perdió la cordura. Para otro día quedará su paso por Dorados de Sinaloa.
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Fotografía de portada de Getty Images.


