Con 36 años, el brasileño no había ganado ningún título internacional a nivel de clubes. A los 42, colgó las botas con tres Copas Libertadores y un deseo cumplido.
Cambió el despacho de una comisaría por el banquillo de un campo de fútbol. Y acabó haciendo historia como entrenador. Este es el camino que recorrió Antônio Lopes.