Como todo el mundo sabe, el fútbol trasciende el concepto de un mero deporte y es, entre otras cosas, una industria que mueve fortunas. Solo en el país, genera unos 7.600 millones de euros, al tiempo que es responsable directo de unos 140.000 puestos de trabajo. Eso, claro, sin contar todos los vínculos indirectos que se sustentan a partir del fútbol, como los hospitales especializados en deportistas, las empresas que fabrican insumos para el rubro, y un largo etcétera que resulta imposible enumerar. Se trata de un mundo dentro del mundo, en cuyo centro está el deporte. Así pues, no es de extrañar que esta industria haya sido perjudicada por la crisis sanitaria y económica mundial: esto ha afectado a todos los sectores vinculados, y se ha producido así un efecto de derrumbe que, en cierta medida, también perjudica al deporte y los deportistas. En este artículo analizaremos la implicancia de la crisis en las apuestas de fútbol.

Un industria que prospera(ba)

El juego online, y sobre todo las apuestas deportivas, han sido uno de los sectores más florecientes del mercado en la última década. En España surgieron una infinidad de operadores de apuestas, como se señala en esta página, que compitieron ferozmente por la supremacía a través de campañas publicitarias masivas. A pesar de un leve traspié en los índices del 2015, este sector creció proporcional y sostenidamente durante más de una década. Luego de un 2019 de excelentes resultados, se esperaba un 2020 que superara las cifras récord del 2018; sin embargo, las contingencias cumplieron un rol determinante.

Medidas ejemplares

Además de la pandemia de coronavirus, hubo otro factor decisivo en el progreso de las apuestas online: el control gubernamental. Ante la popularidad del juego virtual, el gobierno comenzó a fijar reglas para sancionar la publicidad invasiva o engañosa, y para prevenir el juego infantil y la ludopatía. Esto responde a un reclamo de larga data por parte de organizaciones sociales. Los proyectos de juego responsable comenzaron a ejecturase con más decisión, e incluyeron medidas poco favorables para el crecimiento empresarial, enfocadas sobre todo en la ética del negocio. Entre ellas se cuenta la restricción en el horario permitido para realizar publicidades de casas de apuestas en la radio, que ahora es de 1 a 5 de la mañana. Esto generó un enorme enojo por parte de los representantes de la industria del juego, que se quejaron haciendo hincapié en que el gobierno no respetaba el esfuerzo del sector por brindar un servicio legal y correcto.

Inflexible, el gobierno continuó su campaña de reglamentación del juego online y de la publicidad. A los complejos deportivos donde participaran menores de edad les fue prohibido tener publicidad de casas de apuestas; esta medida fue estricta y conllevó a la clausura de varios establecimientos. El espíritu de esta política es mantener a la juventud alejada del hábito de apostar. Según los índices de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), más de la mitad de los apostadores activos comienzan en esta práctica antes de cumplir los 18 años, y en tanto avanza la edad, también aumenta la cantidad de dinero que invierten en apuestas.

El Covid, implacable 

El juego online no requiere el contacto físico y no fue directamente perjudicado por las medidas de aislamiento (que incluyeron el cierre de los casinos tradicionales); sin embargo, la cancelación del 95% de los eventos deportivos en el mundo produjo una suspensión total de la actividad de las casas de apuestas. Los usuarios se encontraron, de repente, apostando al ténis de mesa ruso, o a ignotos juegos cuyas reglas les eran casi completamente ajenas.

Además, las caídas financieras de marzo golpearon con dureza a las casas de apuestas que cotizan en bolsa. Entre ellas, el caso de la corporación inglesa William Hill es significativo: en pocas horas perdió el 75% de su valor. Tanto esta empresa como otras del mismo rubro en situaciones similares fueron incluidas en el salvataje económeno de la Reserva Federal y del gobierno del Reino Unido.

En el centro, el fútbol

Así pues, parece ser un año complicado para los operadores de apuestas deportivas, como para todas las áreas afines al deporte. Tal vez sea un buen momento para plantearse qué hacer con el enorme caudal económico que recauda el fútbol: si ponerlo al servicio del sistema productivo, o al servicio de la lucha contra la desigualdad. «Acabar con la pobreza infantil es un trofeo mayor que cualquiera del fútbol», dijo Marcus Rashford al participar de la campaña de Fairshare para ayudar a las personas más golepadas por la crisis. Quizás esto marque el rumbo de la industria del fútbol post-Covid.