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Cuando estás en la mierda, los pozos parecen no tener fondo. Cuando estás en la mierda, el mundo -y tu mundo- solo te envían malas noticias. Cuando estás en la mierda, te revuelves en ella; queriendo o sin querer, pero lo haces. Cuando estás en la mierda, de repente, a saber cómo, por qué y cuándo, alguien lanza una cuerda desde lo alto del pozo, el mundo deja de ser tan cruel e incluso te ofrecen una toalla con la que limpiarte todo el tufo que llevas encima. Sigues en la mierda, sí, aunque ahora hay motivos por los que sonreír y ver la luz al final del túnel.

Y este verano, si algún club de Primera ha estado en la mierda, ese ha sido el Valencia. Bueno, en realidad hacía más tiempo. Pero la gran hostia, la que dejó a los valencianistas en la lona y sin aliento, se la llevaron en Mestalla este agosto. De un fogonazo, los líderes de ayer, de hoy y los que se avecinaban en el futuro, marcharon de la capital del Turia. Adiós entre lágrimas al capitán y a su fiel Sancho Panza. También al central que había comandado la zaga ‘che’ en los últimos tres años y al delantero que hizo lo propio en el frente de ataque durante seis cursos. De paso, el que pintaba como próximo estandarte del club se fue echando más leña a un fuego de por sí descontrolado. Y cuando en Valencia ya no sonreía ni dios; ni los buenos ni los malos; ni los que quieren resucitar a un club desolado ni quienes han llevado las termitas a sus casas; ha aparecido un chico de 17 años dispuesto a reavivar las pocas esperanzas que quedaban en Mestalla. En menos de un mes, Yunus Musah ha pasado de debutar con el primer equipo en la pretemporada a convertirse en uno de los pocos rayos de fe valencianista.

Nacido un 29 de noviembre de 2002, la de la joven perla ‘che’ es una historia de idas y vueltas. Lo es porque nació en Nueva York mientras su familia, de origen ghanés y establecida entonces en Italia, acudió a tierras yanquis para visitar a parientes ahí instalados. De regreso al norte del país transalpino, eran uno más en casa. Poco después tomarían rumbo al Reino Unido por motivos laborales y fue entonces cuando a Yunus le surgió la oportunidad de recalar en las categorías inferiores del Arsenal. Ahí, bajo el cobijo de los ‘gunners’, y tras conseguir la nacionalidad británica, se consagró como una de las futuras promesas del fútbol inglés. Se estrenó con los ‘Three Lions’ en la sub-15, donde hasta ha portado el brazalete de capitán, y debutó con la sub-18 con apenas 16 ‘primaveras’.

 

Ante el Levante, fue un diablo por la banda. Puso de vuelta y media a Carlos Clerc y al resto del costado zurdo ‘granota’ con sus dribles, su imaginación y su comprensión del juego. Se desató

 

Sus pasos, entonces, no pasaron desapercibidos por un Pablo Longoria que en aquella época formaba parte del organigrama de ojeadores de la Juventus. Al dejar su trabajo en la ‘Vecchia Signora’ y pasar a ser el director del Área Técnica del Valencia (ahora es director deportivo del Olympique de Marsella tras ser despedido de la entidad valencianista por su proximidad con Marcelino y Alemany), se llevó consigo el nombre de Yunus Musah. Y conociendo la legislación del fútbol inglés, que no permite la retención de futbolistas menores de 16 años, se aprovechó de ella para vestir al ya excanterano ‘gunner’ con la camiseta del Valencia en el verano de 2019.

Durante el curso pasado, el joven futbolista de origen ghanés fue un habitual en los pocos entrenamientos en los que coincidió con Marcelino García Toral en Paterna. Su potencia, su incansable trabajo, su entendimiento del juego y su valentía, encandilaron al preparador asturiano. Pero el cese de este mediado el mes de septiembre conllevó que, de un día para otro, Musah dejara de ejercitarse con el primer equipo. Pasó inadvertido para Albert Celades, regresó a la disciplina del Valencia Mestalla y disputó la Youth League con los juveniles blanquinegros.

Con el inicio de un nuevo curso, y tras la llegada al banquillo de Javi Gracia, la tortilla volvió a girar en favor de Yunus Musah. Sin caras nuevas, con la desbandada de centrocampistas -y de iconos, en general- y la idea de hacer un equipo low cost por parte de Lim, Murthy, Meriton y todo ese tinglado, llevaron al nuevo técnico valencianista a mirar hacia abajo, hacia la cantera, y ahí se encontró con el extremo de 17 años. Lo puso en el primer partido de pretemporada en Paterna, ante el Castellón (1-0), y el chico se lució. Después, contó con minutos de nuevo contra el Villarreal (1-2, victoria a domicilio), el Levante (0-0) y en casa ante el Cart agena (3-1), donde volvió a dejar destellos de su poderío físico y calidad, dejándole claro a Javi Gracia que podría contar con él.

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Entonces, cuando la realidad de las competiciones oficiales se aproximaba, la suerte le sonrió en el primer encuentro liguero. La marcha de Piccini resituó a Wass en el lateral, Carlos Soler aún no estaba disponible y Jason cayó lesionado. Con un hueco en el flanco diestro de la medular, el nuevo entrenador del Valencia no dudó en darle la alternativa a Yunus Musah en un partido oficial, siendo el primer jugador inglés en vestir la elástica blanquinegra. El chico, ante el Levante, volvió a petarlo. Fue un diablo por la banda. Puso de vuelta y media a Carlos Clerc y al resto del costado zurdo ‘granota’ con sus dribles, su imaginación y su comprensión del juego. Se desató. Y fue sustituido a poco del final después de dejarse el alma sobre el césped, en la primera victoria de la temporada (4-2).

Ahora, el valencianismo ya vive ilusionado con este diamante en bruto. Aun estando en la mierda, Yunus Musah les ha dado motivos para sonreír.

 


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Fotografía de Getty Images.