Las protestas que provocaron la huída del destituido presidente de Ucrania, Víctor Yanukovich, encumbraron a la palestra pública a la denominada troika opositora. Los tres líderes que aglutinaron, en ausencia de la por aquel entonces encarcelada Yulia Tymoshenko, la disidencia política en el país fueron Arseniy Yatsenyuk, Oleh Tyahnybok y Vitali Klitschko. No, no se trata de una célebre delantera de la selección soviética que haya perdurado en la memoria colectiva, sino de los principales líderes de la oposición ucraniana. La cara visible de los partidos que capitalizaron las demandas antigubernamentales. Más allá del liberal- conservador Yatsenyuk del partido Batkivshchyna y de Tyahnybok, el ultranacionalista líder de Svoboda, la otra cara más popular fue la del ex boxeador Vitali Klitschko, líder de la Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma (UDAR). Una formación liberal de centroderecha creada en el 2010 que, dos años más tarde, en las elecciones presidenciales, obtuvo 40 escaños. Ahora, tras dos intentos fallidos -2006 y 2008- ha conseguido ganar las elecciones municipales con un 57,4 % de los votos, unos sufragios que le han encumbrado como nuevo alcalde de Kiev, la capital de Ucrania.

Vitali Klitschko nació en 1971 en la localidad de Belovodskoye, capital del distrito de Moskovsky, situada en el montañoso Kirguistán, en el seno de una familia con tradición castrense. Su padre, Vladimir, fue general de la Fuerza Aérea soviética y ejerció como agregado militar en la República Democrática Alemana (RDA). En 1986 fue uno de los mandos encargados de limpiar los efectos de la catástrofe nuclear de Chernobyl. Durante su juventud, a Vitali y a su hermano Vladimir se les relacionó con el capo mafioso Viktor Rybalko, cuyo entramado financiero llegó a controlar el FC Lokomotiv Kiev. Un extremo que el mayor de los Klitschko siempre ha desmentido.

Klitschko es un pirata convencido. Tanto es así que a la hora de subir al ring era habitual que sonaran las notas del “Hells Bells”, la misma canción que da la bienvenida al St Pauli cuando salta al terreno de juego en el Millerntor

Tras competir como profesional de kickboxing, en 1995 empezó a disputar combates de boxeo. Un año después abandonó el amateurismo para conseguir su primer título de campeón del peso pesado tras derrotar al británico Herbie Hide. Así inició una exitosa trayectoria, con tan sólo dos derrotas, que le llevó a forjarse un nombre en el panorama pugilístico internacional. El Dr. Puño de Hierro, cómo se le conocía en el mundo del boxeo, no era un deportista de élite al uso. Compaginó los entrenamientos con los estudios y logró doctorarse en la Facultad de Ciencia Física y Deporte de la Universidad de Kiev con la tesis “El talento y los patrocinadores en el deporte”. Una pasión que se extiende a otras disciplinas deportivas, como el ajedrez, no en vano es amigo del gran maestro ruso Vladimir Kramnik. Pero, sin duda, una de las aficiones menos conocidas de Klitschko es el fútbol. Cuando era joven solía ejercer de defensa en los partidos improvisados que jugaba con sus amigos. Aunque luego despuntara como boxeador profesional siempre mantuvo cierta relación con el balompié. Este declarado hincha del Dynamo de Kiev y admirador de Andriy Shevchenko confesó en una entrevista que también era fan del FC Barcelona y del Sankt Pauli. Del Barça le seducía su fútbol, la magia, el toque… pero ¿y del St Pauli?

Klitschko, que ha vivido durante años en Alemania, es un pirata convencido. Tanto es así que a la hora de subir al ring era habitual que sonaran las notas del “Hells Bells” del conjunto AC/DC, la misma canción que da la bienvenida al equipo del St Pauli cuando salta al terreno de juego en el estadio de Millerntor. Y es que la relación del actual alcalde de Kiev con el St Pauli, lejos de ser una simple simpatía, va mucho más allá. En parte se explica por su amistad con algunos futbolistas que han vestido la camiseta blanca y marrón del club de Hamburgo. Entre ellos se encuentra Dmytro Dema Kovalenko, un mediocampista ucraniano que jugó en el St Pauli la temporada 2001/ 02. Tras disputar solo cinco partidos con el conjunto pirata, Kovalenko probó fortuna en el fútbol norteamericano. Recaló primero en los Red Bulls de New York, para luego jugar en el Real Salt Lake y en Los Ángelex Galaxy donde compartió vestuario con David Beckham. Allí jugaba en septiembre de 2009 cuando Klitschko le visitó. Ese mismo mes el púgil disputaba el título de campeón del peso pesado con el mejicano Chris Arreola en el Staples Center LA. Kovalenko fue uno de los cicerones de Klitschko en el St Pauli aunque no fue el único. También trabó amistad con Yuri Savitchev, el ex internacional soviético que jugó durante cinco temporadas en el equipo de Hamburgo. El delantero, ex futbolista del Torpedo de Moscú, se convirtió en toda una institución en el club germano tras marcar 26 goles en 88 partidos. Aunque su momento de gloria lo vivió durante los Juegos Olímpicos de Seúl’88 cuando marcó el gol de la victoria en la final en la que la URSS ganó la medalla de oro ante el Brasil de un joven Romario.

Las historias que Kovalenko y Savitchev le explicaban acentuaron la pasión de Klitchsko por el Sankt Pauli, del que admira por encima de todo a su afición “claramente antifascista y antirracista”. A Klitschko aún le brillan los ojos cada vez que cuenta la campaña “Retter” (Salvador) que llevaron a cabo los seguidores para evitar la quiebra del club en el 2003, “en sólo tres meses recaudaron 1.950.000 € para cubrir las deudas” rememoraba. Preguntado por la victoria más brillante de la historia del conjunto pirata no vacilaba en apuntar “el hito del 6 de febrero de 2002 cuando el Sankt Pauli derrotó al Bayern”. Un triunfo copero que perdura en la retina de los aficionados paulianers gracias a una de las camisetas superventas del club que reproduce el marcador y las alineaciones de aquel partido junto a la leyenda Weltpokalsiegerbesieger. Su apego llegó a tal extremo que en el año 2011 se rumoreó que se planteó incluso comprar el club. A pesar de todo, recuerda como “Alemania me adoptó, me encanta Alemania, pero no soy alemán”, aunque eso sea lo de menos para que un alcalde ucraniano sea fan del Sankt Pauli.