Aunque algunos parezcan no querer verlo, hay muchos equipos en la élite que cuentan con un margen de error mínimo, que se ven forzados a vender a sus mejores futbolistas para subsistir pero que luego están obligados a acertar con sus sustitutos si quieren seguir creciendo. En esa tesitura se vio este verano el Lille.

Tras una fantástica temporada, en la que se proclamó subcampeón liguero, el conjunto del norte de Francia perdió a tres de sus principales jugadores: Nicolas Pépé (en dirección al Arsenal), Rafael Leao (AC Milan) y Thiago Mendes (Olympique de Lyon). ¿Quién iba a marcar los goles que se perdieron con la marcha de los dos primeros?

El elegido fue Victor Osimhen, un joven delantero nigeriano que despuntaba no muy lejos de la localidad francesa, en el Charleroi de Bélgica. No te preocupes si no le conoces: hasta su irrupción estelar en este inicio de curso solo figuraba en las agendas de los más cafeteros entre los parabólicos.

Pero ahora Osimhen se está dando a conocer al gran público a base de goles. Tras diez jornadas ligueras, marcha segundo en la tabla de anotadores con siete dianas en la Ligue 1 y una más en Champions frente al Chelsea. Eso sin mencionar su incidencia en el juego ofensivo de los ‘Dogos’, tangible con las dos asistencias que lleva, aunque no hacen justicia con toda su aportación.

No parece razonable pensar que el chico de moda en el hexágono siga en lo más alto del pichichi galo una vez el letal trío del París Saint-Germain, Neymar, Kylian Mbappé y Edinson Cavani, se recupere de los problemas físicos que le han acosado en estos dos primeros meses de competición. Pero el hecho de que haya asomado, y veremos hasta dónde llega, ya es un gran triunfo para el Lille, a quien le llovieron las críticas cuando anunciaron la llegada del africano a cambio de 12 millones de euros.

En la agenda de Luis Campos

Unos reproches en principio justificados, conociendo un poco la trayectoria del club en las últimas temporadas. Luego de varios años dando tumbos, con proyectos sin continuidad y el susto de la 2017/2018, cuando se quedó a las puertas del descenso, el Lille dio la campanada el curso pasado logrando un inesperado segundo puesto en la clasificación. La enorme ilusión de dar con el maná -no solo económico- de la Champions se desvaneció cuando la directiva dio salida por 80 millones de euros a Pépé y por algo más de 20 millones cada uno, a Leao y a Mendes. La afición esperaba que los goles del costamarfileño y del portugués pasara a marcarlos un delantero contrastado e ilusionante. Y el elegido fue un punta de la liga belga, que encima no jugaba en ninguno de sus equipos punteros.

El hombre que escogió a Osimhen fue el director deportivo del Lille, Luis Campos. El portugués había seguido durante muchos años al jugador y por fin este verano pudo firmarle. En Sky Sports contaba los pormenores de su curiosa relación con el ariete: “Fui a ver el Mundial sub-17 (de 2015, en Chile). Le quise después de un partido. Pero su precio era muy elevado para un chico de 17 años. Hablé con mi presidente (Campos estaba en ese momento en el Mónaco). Le llamaba cada noche diciendo ‘por favor, consígueme a este jugador, es increíble, en dos años será uno de los mejores de Europa’”.

El valor de Osimhen aumentó en el Mundial por llevarse el galardón de máximo goleador con diez dianas, que hicieron campeona a su selección. Las dudas del Mónaco permitieron que se adelantara el Wolfsburgo, donde el nigeriano no logró destacar. Era 2017.

“Yo iba a Wolfsburgo solo para verle jugar. A veces jugaba cinco minutos, otras veces solo dos. ¡Estaba loco por él!”, explica Campos. “Entonces tuvo un virus y se pasó sin jugar cinco o seis meses y se marchó al Charleroi en Bélgica. Dos meses después le firmé, así que es una bonita historia. Perdí al jugador pero luego lo conseguí”.

El capricho de Campos, un reputado descubridor de talentos, estaba justificado, pese a que la temporada y media en Baja Sajonia que firmó Osimhen amenazó con quitarle la razón. Pero una vez el delantero se recuperó de sus problemas físicos, encadenó partidos y se sintió importante, se desató, como atestiguan los 20 goles el curso pasado en Charleroi.

Vendedor de botellas de agua

La irrupción de Osimhen en el campeonato francés, donde le han nombrado mejor jugador del mes de septiembre, ha generado tanta repercusión que muchos medios de comunicación galos ya le han dedicado perfiles. El jovencísimo delantero -cumplirá 21 años en diciembre- vivió una infancia complicada en las calles de Lagos, la capital económica de Nigeria.

Nacido en Olusosun, un barrio al norte de esta extensa ciudad, su casa quedaba muy cerca de un enorme vertedero al aire libre. Ahí jugaba a veces con sus amigos y buscaba botas de fútbol, que una de sus hermanas remendaba para poder patear la pelota.

Pero su principal actividad era vender botellas de agua en los grandes atascos que se forman en la urbe nigeriana. Con su madre fallecida cuando tenía seis años y su padre despedido de su trabajo como policía, Victor y sus hermanos tenían que buscarse la vida como podían. Si el futuro futbolista pasaba horas en medio de los coches, uno de sus hermanos vendía periódicos deportivos y otra hermana, naranjas en la calle. Al final del día juntaban todo el dinero recaudado y se lo daban a la hermana mayor, encargada de administrarlo.

Gracias a la oportunidad que le dio el Ultimate Strikers, una academia en Lagos, entró en el mundo del fútbol y pudo escapar de esa vida. El ya internacional absoluto por Nigeria quiere ahora devolver lo recibido y planea montar una fundación en su país para los más necesitados.

“Es increíble. En los últimos 20 metros ataca cada balón, como un gato”, le describe futbolísticamente Campos. Las palabras que le dedica su valedor, que asume que no podrá retenerlo mucho tiempo en las filas de los ‘Dogos’, hablan de un delantero entregado y eficaz de cara a puerta, aunque pasan de largo por las posibilidades que el nigeriano ofrece a sus compañeros, siempre generoso en favor del equipo. Ahora, al contrario que en sus primeros días en Lille, cuenta con el respaldo de toda una afición. A ellos ya les ha conquistado. El resto del fútbol europeo es cuestión de tiempo.