“Esto es un premio no a lo que fui como jugador, sino a lo que estoy siendo como entrenador”. Más de 300 kilómetros separan Safí de Rabat y un largo viaje en autocar es un buen momento para repasar la trayectoria de Carlos Alós, un técnico tarraconense -nacido en Tortosa- que actualmente dirige al ASFAR Rabat de la liga marroquí. Un guerrero en el club de las Fuerzas Armadas Reales de la capital de Marruecos; un guión de película para una historia de no ficción.

Carlos cogió las riendas del equipo marroquí a mediados de enero en una situación muy delicada, ya que se hacía cargo de un histórico del país que por entonces tenía pie y medio en la UVI; ocupando la decimosegunda plaza de la clasificación y al borde de los puestos de descenso. Con tres victorias consecutivas, en menos de un mes, el tortosino colocó al ASFAR Rabat en la séptima posición.

China, Polonia, Kazajistán y ahora Marruecos; destinos impensables para un niño que soñaba con ser portero, como su padre, pero cuya estatura le impedía regar de esperanza ese anhelo de convertirse en guardameta profesional; algo que acarició cuando en la temporada 1997-98 estuvo en las filas del Deportivo Alavés y José Manuel Esnal Pardo -más conocido como ‘Mané’- le subía a entrenar con el primer equipo, aunque los fines de semana Carlos defendía la portería del filial del club. ‘El Glorioso’ logró esa temporada el ascenso a la máxima categoría.

Creció escuchando las historias de su tío, Ricardo Alós, quien le contaba orgulloso a su sobrino que en la temporada 1957-58 compartió el trofeo Pichichi con Alfredo Di Stéfano, tras anotar 19 goles con el Valencia CF en Primera División; con la particularidad de que el delantero valencianista no marcó ningún gol de penalti en toda la temporada, lo que engrandecía todavía más semejante hito. Sin embargo, desde bien pequeño Carlos supo que su historia se escribiría desde los banquillos y no bajo los palos de clubes como el Deportivo Alavés, el CD Don Benito -en Extremadura- o de los numerosos equipos de su provincia, Tarragona, en los que se vistió de corto.

Desde la línea de cal de la portería y protegido por un larguero que siempre le quedaba demasiado alto como para pensar que podría llegar a la élite, comenzó a despertarse en Carlos Alós esa sensación de que pronto cambiaría el área pequeña por el área técnica. “Siempre tuve mucha voz de mando como guardameta”, explica. A los 30 años colgó las botas -y los guantes- y empezó su largo periplo como entrenador dirigiendo a equipos en los que había sido jugador: CF Amposta, CD Roquetenc y CD Tortosa.

 

China, Polonia, Kazajistán y ahora Marruecos; destinos impensables para un niño que soñaba con ser portero a pesar de su estatura

 

Su etapa como futbolista le sirvió para adquirir infinidad de experiencias que posteriormente ha ido poniendo en práctica cuando le ha tocado ser responsable de una plantilla. Carlos tenía claro que, además de toda la titulación necesaria para ejercer la profesión de su vida, esas vivencias en las que había sido partícipe como jugador de fútbol le iban a permitir poder interpretar mejor situaciones de vestuario, momentos concretos de equipo y, al fin y al cabo, entender mejor a cada uno de los futbolistas a los que le tocase dirigir.

En 2010, su vida cambió por completo. Carlos inició su primera experiencia en el extranjero para formar parte del staff de Josep Gumbau, entrenador por entonces del Kitchee SC; club de fútbol de Hong Kong, en China. Un país lejano para él y totalmente desconocido que le obligó a pagar su primer peaje más allá del fútbol: separarse de su familia y renunciar a un trabajo fijo. Todo por el fútbol y su sueño de ganarse la vida como entrenador; por qué si no.

Además de desarrollar su labor como asistente, ya en China comenzó a trabajar para las escuelas de fútbol del FC Barcelona. Un año después, en 2011, le llamaron desde Polonia para ofrecerle el puesto de director técnico del proyecto del Barça en las escuelas que el club había creado en Varsovia, siendo responsable de la evolución de más de 1.000 jugadores. Carlos Alós aceptó un reto “muy atractivo e ilusionante” y estuvo tres años en el cargo, hasta que en 2015 el club polaco Pogón Siedlce le fichó como entrenador del primer equipo.

“No soy nadie para dar consejos ni voy a escribir un libro de cómo debe ser la vida, pero tendría que ser obligatorio para todo el mundo vivir una temporada fuera de su país”, señala Carlos, a la vez que reconoce que el hecho de trabajar a miles y miles de kilómetros de casa, en culturas tan diferentes, le ha permitido tener una visión de la vida completamente distinta.

Dedicación, trabajo y pasión. Desde que arrancó su etapa como técnico en 2003, Alós no ha dejado de convertir esos tres conceptos en verbos para poder conjugarlos día y noche, con la esperanza de que en un futuro su esfuerzo y empeño le brindase su merecida recompensa. Por esa razón, no ha invertido ni un solo minuto de su tiempo en pensar si realmente iba a poder vivir del fútbol ni tampoco le ha quitado el sueño ese supuesto maleficio que existe en torno al fracaso de los exporteros en su intento de ser entrenadores. “Es cierto que cuesta ver porteros que hayan sido técnicos de primer nivel, igual que tampoco hay muchos exdelanteros. El perfil más generalizado es el de mediocentro”, apunta pensando en los Guardiola o Zidane; aunque no se olvida del papel fundamental que sí desarrollan en el mundo del fútbol, en otras parcelas, exguardametas como Monchi, Zubizarreta o Unzué.

 

“No soy nadie para dar consejos ni voy a escribir un libro de cómo debe ser la vida, pero tendría que ser obligatorio para todo el mundo vivir una temporada fuera de su país”

 

Carlos ha estado siempre muy vinculado a las categorías inferiores y al fútbol base, lo que le motivó -en 2017- a emprender un nuevo viaje y marcharse de Polonia a Kazajistán. La federación de fútbol de país contrató sus servicios, y los de otros cuatro técnicos españoles, para que participasen directamente en el desarrollo de jóvenes talentos del combinado nacional. Tras dirigir a la Sub-17, en junio del mismo año, recibió la llamada del FC Kairat; uno de los clubes más importantes del territorio kazajo. Allí hizo realidad dos de las metas más ambiciosas que se había planteado al inicio de su carrera: disputar competiciones europeas y ganar un título importante en alguno de los campeonatos que disputase.

El 14 de octubre de 2017 se proclamaba campeón de la Copa de Kazajistán, consiguiendo el octavo título copero para el club, y el 26 de julio de 2018 el FC Kairat de Carlos Alós vencía por 2-0 al AZ Alkmaar holandés en la ronda previa de la Europa League. El tarraconense impregnó en ambas gestas su seña de identidad y esa idea de juego tan característica que marca el libro de estilo con el que ha intentado trasladar conceptos del fútbol español a los diferentes países en los que ha entrenado. “Si algo podemos exportar al extranjero es fútbol”, asegura.

Carlos es un amante empedernido del orden y el juego posicional. Aunque es consciente de que el fútbol es un juego de transición, no le gusta tener los partidos descontrolados; algo que resulta complicado en la mayoría de las ligas extranjeras en las que ha entrenado, donde el ritmo de los partidos es frenético y los encuentros son muy abiertos con constantes situaciones de contragolpe.

Detrás de cada sesión de entrenamiento se esconden horas y horas de planificación. Alós es muy meticuloso en su labor y profundamente metódico. “Es muy exigente con los que trabajamos a su lado, pero lo es más todavía con él mismo”, señala Alex Accensi, fiel escudero de Carlos; quien reconoce estar cumpliendo un sueño por poder trabajar juntos, codo con codo. “Ambos hemos renunciado a muchas cosas por seguir de la mano en el mundo del fútbol. Mi objetivo hace unos años era ser el segundo entrenador de Carlos y mi meta en un corto o medio plazo es seguir muchas temporadas formando equipo con él”, asegura.

En una época en la que continuamente se ensalza a los técnicos que mueren con sus ideas, Carlos prefiere no morir nunca y ganar. “Los protagonistas son los jugadores y nuestra labor es darles armas para que puedan conseguir los objetivos, aunque algunas veces no puedas hacerlo a tu manera. Creo que ser camaleónico y adaptarte a los jugadores que tienes es vital. Al menos esa es mi forma de entender el fútbol”, reconoce.

 

En una época en la que continuamente se ensalza a los técnicos que mueren con sus ideas, Carlos prefiere no morir nunca y ganar

 

Tras más de diez años en el extranjero, es inevitable pensar en un futuro en casa. No es algo que le obsesione, pero sí tiene en mente poder entrenar algún día en España. “Tengo un carácter bastante aventurero, así que no me preocupa demasiado el futuro. El fútbol es universal. Soy feliz entrenando en el extranjero y me encanta que mis vacaciones sean en casa”, señala.

El año que viene su familia abandonará España por un tiempo para estar más cerca de Carlos. Su historia no se explica sin el apoyo de sus más allegados, quienes han estado a su lado incondicionalmente cada vez que ha tomado la decisión de dar un nuevo salto en el mapa. “Soy muy terco y cuando quiero algo me entrego en cuerpo y alma para conseguirlo”, concluye. Toca preparar el próximo partido. “No será fácil”, dice Carlos; nada lo ha sido en su carrera.