El Real Betis Balompié acababa de volver a Primera División. Las cuentas apretaban y Achille Emana, anticipándose a la operación que el cuadro andaluz reservaba para él, escogió por cuenta propia un suculento –aunque engañoso– destino en el que continuar su trayectoria. Así, Emana desaparecía casi literalmente del mapa, se encerraba en lo que él mismo denominó “una cárcel de oro” en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes y solo regaló a pinceladas un recuerdo del futbolista que había sido en Sevilla. Achille no fue el único Emana que abandonó el Betis ese verano de 2011; su hermano menor, Stephane, que había estado formándose en las filas del juvenil verdiblanco, también hizo las maletas para emprender un viaje más corto, rumbo al Xerez B . Los doce años que separan a Stephan y Achille pronosticaban entonces caminos bien distintos a los hermanos, que desde su despedida del Betis siguieron su andadura a kilómetros de distancia. Sin embargo, cuatro años después de que el fútbol español perdiera la pista a Achille Emana, la ciudad de Tarragona ha sido escenario de tres acontecimientos remarcables; un reencuentro –el de los hermanos Emana –, una reconciliación –la de Achille con el fútbol–, y una revelación –el Nàstic en puestos de ascenso a Primera.

Achille Emana, el exbético y mayor de los hermanos, se refiere al primero de estos sucesos como una de las casualidades imprevisibles del mundo del fútbol: “Mi ilusión era ver algún día, desde la grada, a mi hermano jugando en Primera o Segunda. Yo dándole consejos y ayudándolo. En lugar de esto, estamos compartiendo terreno de juego e incluso goles”, declara el más conocido de los Emana a Panenka. Lo cierto es que tiene tanto mérito la recuperación del estado de forma de Achille desde que aterrizó en Catalunya como el ímpetu de Stephane de cara a puerta. Mientras el mayor de los cameruneses vivía un periplo entre el Oriente Medio y México marcado por la inactividad deportiva, Stephane sembraba desde la raíz una carrera como delantero de Segunda B, a base de goles y a la sombra de un apellido que pedía ser preservado. “Seguramente Stephane lo ha tenido algo más fácil. Yo me vine solo de Camerún a los 11 años para jugar a fútbol a escondidas de mi familia. Él, en cambio, no ha vivido algo así, pero no por ello se lo tiene que trabajar menos; al contrario”, sentencia el que defendió en más de cuarenta ocasiones a la selección de Camerún.

Dejando a un lado lo atractivo que resulta que ambos compartan terreno de juego en momentos totalmente opuestos de sus respectivas carreras, Achille, por su cuenta, está consiguiendo aquello que lo movió hasta Tarragona; volver a disfrutar del fútbol. El camerunés llegó en verano procedente de México habiendo soportado seis meses sin jugar. Su currículum no le convirtió en el flamante fichaje más esperado del club recién ascendido, y tampoco fue la gran apuesta de Vicente Moreno cuando planeaba la nueva temporada del Nàstic en la nueva categoría. Achille empezó entrenando con el conjunto catalán, convenció en temporada y acabó firmando por un año. Ahora es indiscutible en un equipo que está dando la sorpresa en la categoría de plata. “Está claro que el objetivo era la permanencia en Segunda, y lo sigue siendo, pero esta arrancada espectacular del equipo nos sitúa en puestos de promoción de ascenso. Así que seguiremos luchando para ver qué pasa”, describe, precavido, Achille. “Yo soy el de siempre, solo que con más experiencia. Con 33 años sé, por ejemplo, cuando debo hablar y cuando dejar hacer a los demás”, añade. “Solo pienso en disfrutar jugando, de la ciudad, su playa, de mis hijas. Nada más”, sentencia.

“Mi ilusión era ver algún día, desde la grada, a mi hermano jugando en Primera o Segunda. Yo dándole consejos y ayudándolo. En lugar de esto, estamos compartiendo terreno de juego e incluso goles”

Con el paso de las jornadas, el reencuentro, la reconciliación y la revelación de los hermanos y el equipo sigue cogiendo fuerza, empapando de ilusión a los tarraconenses y alcanzando su máxima expresión en partidos como el del Alavés, hace cuatro jornadas, partido en el que se dieron cita los tres ‘milagros’. “Está claro que no me esperaba un debut en Segunda así; victoria en campo del líder, gol en mi segundo partido con el primer equipo y a pase de mi hermano Achille”, repasa Stephane, que sigue aprovechando cada oportunidad que le brinda el Nàstic como jugado de la Pobla de Mafumet, su filial. “Creo que yo tenía más ganas que él mismo de que marcara en aquel partido”, bromea Achille. “En el partido anterior falló un gol en casa y los delanteros no pueden fallar. En el autobús, antes de jugar, ya le avisé que si jugaba y tenía yo el balón, echara a correr porque volvería a tener una ocasión de gol”. Eso fue literalmente lo que sucedió en Mendizorroza. Un mes después de aquello, el Nàstic sigue escalando posiciones, con Achille fijo en el mediocentro del cuatro catalán, con Stephane apareciendo cuando se le reclama, a lo que debe añadirse Naranjo como máximo artillero del equipo, la sólida defensa grana y la regularidad que ha conseguido Vicente Moreno en la Liga Adelante.

Con todo, Achille y Stephane predican la importancia de “disfrutar del momento” y “de la compañía familiar” mientras coinciden en espacio y tiempo con realidades distintas. Una carrera que se revaloriza antes de entrar en su etapa final y otra que comienza a despuntar, tomando el relevo de un apellido, Emana, que dejó en su día huella en Sevilla. Ahora, en Tarragona, ambos comparten con el club, su afición y la ciudad costera la incógnita que mantiene la categoría en alerta: “¿De qué será capaz este Nàstic?”.