Fernando Torres nunca fue el del Liverpool. Romelu Lukaku, el que pintaba ser el elegido, se perdió entre cesiones y falta de oportunidades. Diego Costa fue el único que supo asumir el reto del gol en Stamford Bridge pero aquello se fue a pique por su turbulenta relación con Antonio Conte. Álvaro Morata nunca acabó de arrancar. Michy Batshuayi no ha encajado en los esquemas de ninguno de los técnicos que ha tenido como ‘blue’. Olivier Giroud no contaba en exceso para Maurizio Sarri y sigue sumando escasos minutos con Frank Lampard. Gonzalo Higuaín llegó para solucionar los problemas de cara a puerta y se fue sin solventar nada. En definitiva, desde que Didier Drogba acariciara el cielo con sus manos en una noche de mayo de un ya lejano 2012 para regalarle al Chelsea su ansiada primera Champions League, en Stamford Bridge se han vuelto locos buscando al heredero del marfileño. Y, por un motivo u otro, nadie ha podido consolidarse en la punta de ataque y llenar su vacío.

Si ya estaba resultando complicado en los despachos del Chelsea encontrar al hombre adecuado para enchufar todo lo que viera dentro de la portería, aún se le torcerían más los planes a la entidad londinense con la sanción impuesta por la FIFA a causa de las irregularidades en la contratación de menores. Dos ventanas sin refuerzos, ni en el pasado verano ni en el próximo invierno. Parecía que al Chelsea solo le esperaba el abismo, pero, como solución a la falta de refuerzos, Frank Lampard no pudo buscar lejos de Londres para confeccionar su plantilla, tuvo que mirar hacia abajo para completarla y se encontró con una camada de jóvenes talentos dispuestos a ganarse un hueco sobre el césped de Stamford Bridge. Uno de ellos, delantero centro. Uno de ellos, Tammy Abraham.

 

El nuevo ‘9’ del Chelsea regresó al lugar idóneo, al Chelsea, en el momento adecuado, cuando su equipo más le necesitaba y cuando ya estaba preparado para dar el salto y luchar por un sitio en el once inicial

 

El atacante londinense, criado en las categorías inferiores del Chelsea desde los ocho años, llevaba tres cursos buscándose la vida lejos de casa. Primero, con una cesión al Bristol City, de la Championship, en la que anotó 23 tantos. Nada mal para un chaval que apenas sumaba 20 primaveras por entonces. Al año siguiente, un nuevo préstamo le esperaba, esta vez al Swansea, esta vez en la Premier, pero los registros no resultaron tan fructíferos: solo cinco goles en su haber. Tocaba volver al segundo escalón del fútbol inglés, en esta ocasión al Aston Villa, y recuperó sensaciones del pasado para demostrar que estaba preparado para dar el salto. Sus 26 tantos fueron vitales para que los de Birmingham regresaran a la Premier League. Él, de paso, también se ganó un billete de vuelta; un billete que ha sabido aprovechar en las iniciales ocho jornadas del campeonato, viendo portería en las mismas ocasiones.

El curso comenzó titubeante para el Chelsea. Las dudas se instalaron en el entorno ‘blue’ por las constantes fugas de agua que se generaban en defensa y por la inexperiencia de parte de un plantel aún quizá demasiado bisoño. Tras las dos primeras jornadas, saldadas con una apabullante derrota por 4-0 en Old Trafford y un empate a un gol contra el Leicester, apareció, inesperado, un Tammy Abraham en estado de gracia. Primero, con un doblete vital para la victoria ante el Norwich; una semana después, otros dos tantos frente al Sheffield; y, para cerrar tres semanas de dulce, un hat-trick contra el Wolverhampton. En apenas dos meses, con otro gol en la última jornada ante el Southampton, un chaval de 22 años ha conseguido ilusionar a toda una afición que llevaba más de un lustro esperando a que alguien recogiera el testigo de Didier Drogba, aunque todavía deba decirse con la boca pequeña que él es el elegido, no vaya a ser que quemen demasiado pronto a un chaval al que Gareth Southgate no ha dudado en incluirlo en la próxima lista de 23 para los partidos clasificatorios para la Euro’20.

“Sólo hay un momento en el que puedes llegar a tiempo. Si no estás allí, llegaste demasiado temprano o demasiado tarde”, apuntaba Johan Cruyff en sus días como entrenador. Y algo así le ha pasado a Tammy Abraham en la gestión de los tempos de su carrera. El nuevo ‘9’ de los ‘Blues‘ regresó al lugar idóneo, al Chelsea, al club donde creció como futbolista, en el momento adecuado, cuando su equipo más le necesitaba y cuando después de tres cesiones ya estaba preparado para dar el salto y luchar por un sitio en el once inicial. Quién iba a decir que aquella sentencia que podría haber matado al Chelsea se iba a convertir, por suerte, en un arma de doble filo con su nueva camada de promesas. Y si dicen que no hay mal que por bien no venga, en este caso está clarísimo que el bien para los ‘Blues’ ha sido la irrupción de Tammy Abraham, Mason Mount y compañía.