Un soplo de aire fresco. Una estrella que se ilumina en medio de la oscuridad. Frank Lampard y Mason Mount han regresado a Londres para quedarse y hacer brillar de nuevo a Stamford Bridge, como un destello de esperanza que ha vuelto a generar sonrisas en la afición ‘blue’ tras un largo verano.

Hazard hizo la mudanza y puso rumbo a Madrid, dejando al Chelsea huérfano de un líder futbolístico sobre el terreno de juego. Por suerte, el magnate y propietario, Roman Abramóvich, pudo abordar en enero el fichaje de su relevo natural, Christian Pulisic, antes de que la sanción de la FIFA se hiciera efectiva y no pudiera incorporar a más jugadores a golpe de talonario. Aunque la línea que separa al belga del americano sigue siendo un tanto gruesa, Pulisic es uno de los grandes argumentos de los londinenses. Tras lograr la Europa League en mayo, tuvieron que despedirse de su jugador insignia y de las cajetillas de cigarros de su entrenador, Maurizio Sarri. Los dramas se iban acumulando, pero aquel desenlace vaticinó el inicio de una nueva aventura, una aventura que empezó de la mejor manera posible tras el nombramiento de Frank Lampard como técnico. La leyenda volvía a casa, con su gente, y ha inundado de ilusión Stamford Bridge otra vez trayendo consigo a viejos conocidos de la afición ‘blue’ como Tammy Abraham o el propio Mason Mount, dos jóvenes formados en la cantera que han acabado sus respectivas cesiones y vienen para ponerlo todo patas arriba. Para dibujar un futuro teñido de azul en las islas británicas.

Mount y Lampard, Lampard y Mount. Una relación forjada en Derby durante la temporada pasada que pretende seguir por el mismo camino en Londres. En su primera campaña como entrenador, ‘Frankie’ consiguió la cesión del joven Mason para su Derby County. Acertó. Pues Mason se convirtió con 19 años en uno de los baluartes de aquel club que se quedó a las orillas del ascenso a la Premier, consiguiendo ocho goles y cinco asistencias en el campeonato doméstico. Ahora ambos protagonistas volverán a remar juntos en la misma dirección, en un proyecto que acaba de nacer cargado de esperanza. 

Mientras millones de personas siguen de vacaciones todavía, Mount ha aprovechado la confianza de su entrenador para ponerse el mono de trabajo y convertirse en el jefe del ataque ‘blue’. Se empiezan a vislumbrar atisbos del juego de Lampard, donde el buen trato al balón prima por encima del resto de factores, un fútbol muy vertical que espera recibir sus últimos matices más pronto que tarde. Han dejado muestra de ello en los encuentros que han disputado, pero aún falta encontrar esa regularidad para practicarlo durante buena parte de los 90 minutos. Mount es el hombre ideal para esta faena, un mediapunta incisivo y creativo que no se esconde, que le gusta tener el balón bajo su control y no le arde en las botas. Además, se ha destapado como un jugador que no se arruga delante de la portería, marcando dos tantos en las tres primeras jornadas de la presente Premier. Esta es una vertiente que desarrolló en su periplo por tierras holandesas hace dos cursos, donde perforó la red en más de diez ocasiones vistiendo los colores amarillos y negros del Vitesse. No olvidemos tampoco las asistencias que repartió: diez entre todas las competiciones.

Tras el Erasmus en los Países Bajos y la licenciatura en Derby, Mount está preparado para ser el protagonista de esta película que acaba de iniciar. Lampard ha apostado fuerte por él desde el primer instante y juntos quieren inyectar fuertes dosis de romanticismo en las gradas de Stamford Bridge. A este Chelsea, ya sin Hazard, aún le queda mucho camino por recorrer, pero parece que el rumbo por ahora es el correcto y el tiempo les regalará alguna que otra alegría. Deben tener paciencia mientras ven crecer a su nuevo diamante en bruto sobre el césped, un joven talentoso que quiere colmar de luz las frías y sombrías tardes londinenses. Con el inicio de la Premier ya se empiezan a sentir rugidos ‘blues’ que harán temblar el Támesis. Lampard y Mount han vuelto a casa.