Felipe de Jesús Zaldívar calienta dando toques al balón sobre una inmensa alfombra verde. Vestido de arriba abajo con los colores del FC Barcelona, con el dorsal 17 y su apodo, ‘Pillo’, a la espalda, el pequeño futbolista sigue absorto con la mirada el movimiento del balón. Cualquiera podría pensar que ignora que a su alrededor lo observan, imponentes, las casi 100.000 localidades vacías del Camp Nou. Pero ‘Pillo’ sabe muy bien donde está. Unos minutos antes, al salir del túnel del vestuarios y topar de frente con la inmensidad del estadio azulgrana, su sonrisa aún infantil y su mirada tierna lo delataban. Sabe que en unos minutos va a jugar un partido en el campo donde se ha hecho grande su ídolo y referente, Lionel Messi. Sabe que pisar el mismo terreno, oler el mismo césped y encarar las mismas porterías que el 10 barcelonista es un privilegio reservado solo a unos pocos elegidos.

A sus 18 años, Pillo nunca antes había cogido un vuelo y nunca, ni siquiera en su México DF natal, había accedido a un campo de fútbol profesional. “Quería viajar en avión para jugar a fútbol. Mi sueño era que la primera vez que entrara a un estadio fuera para jugar, no para ver“, confiesa. Gracias al concurso Olé Intel, organizado por la compañía tecnológica en México, Brasil y España, Pillo se ganó el derecho a cumplir su gran ilusión. Solo tenía que mandar un vídeo mostrando sus habilidades con el balón. Eligió como escenario una cancha de baloncesto. Allí metería una canasta con los pies desde más allá de medio campo. No lo consiguió en su primer intento. Lo logró en el segundo. Luego, esperó. Un buen día, Intel le comunicó que ese “gol increíble” le permitiría viajar a Barcelona y jugar en el feudo culé.

intel1Suena el silbato y, junto a ‘Pillo’, otros tres mexicanos, cuatro brasileños y ocho españoles, todos ellos ganadores del mismo concurso, empiezan el partido con algunos nervios. Las últimas horas han sido tan emocionantes –la llegada a Barcelona, el entrenamiento en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí, el alojamiento en uno de los mejores hoteles de la ciudad- que no es nada fácil mantener la cabeza lo suficientemente fría como para dar órdenes precisas a los pies. Pero con el paso de los minutos el fútbol empieza a fluir como si lo hiciera en el barrio, en el patio de casa o en esa cancha del DF en la que ‘Pillo’ dejaba volar su imaginación hasta Barcelona. Eso de que “lo importante está en el interior” –uno de los lemas de Intel- se entiende al ver a estos chavales tocar el cuero. La esencia que llevan dentro, la misma esencia del fútbol, sale a relucir independientemente del escenario donde jueguen. Así, con naturalidad, se suceden las acciones, las combinaciones, los regates y los goles, que son celebrados con bailes a la brasileña. El Camp Nou, que pasa los días de pretemporada esperando volver a rugir, ha sido tomado por la alegría del fútbol sin aditivos.

El ‘Neymar’ de Mexicali

Tras el partido, las expresiones se relajan y los protagonistas vuelven a levantar la cabeza. No, no han despertado. Siguen allí. El mismo rostro ilusionado que enseñaban antes del encuentro se convierte tras el pitido final en la representación de una felicidad satisfecha. Frentes sudadas y amplias sonrisas que quedan inmortalizadas en fotografías de grupo y selfies para el recuerdo.

“El Camp Nou, que pasa los días de pretemporada esperando volver a rugir, ha sido tomado por la alegría del fútbol sin aditivos”

Edgar Salas
, de 24 años, conocido en Mexicali como ‘Neymar’, pasea por la banda contándole a quien le pregunta que no puede creer que haya metido un penalti en el Camp Nou, con la misma incredulidad con la que unos días atrás digirió su victoria en Olé Intel. “Hasta que no estaba en el avión no vi que esto iba en serio. Me animaron a subir mi gol al concurso [un tanto espectacular que había grabado previamente]. Yo decía: ‘¿Para qué? Si debe haber goles mucho mejores’, pero aún así lo mandé. Por cuestiones de trabajo, dejé de seguir la competición y me olvidé del concurso. De repente, un día, recibí una llamada“. Tenía planeado viajar en el futuro hasta el Camp Nou para ver un partido desde la grada. Pero su primera vivencia en suelo barcelonista ha sido para ser protagonista sobre el campo. “Es una experiencia magnífica, maravillosa, algo que no se me va a olvidar nunca. Algo que podré contarle a mis hijos y a mis nietos“, explica Edgar, que comparte su afición al Barcelona con su amor mexicano, los Chivas de Guadalajara.

De Goiás al vestuario del Barça

Si un estadio es un templo, no hay capilla más sagrada que el vestuario del conjunto local. Allí es donde se llevan a cabo los rituales ocultos, donde se las gritan consignas privadas y donde se repasan las fórmulas secretas que solo la intimidad de la plantilla conoce. Los vencedores de Olé Intel desfilan por el vestuario del primer equipo del Barça guardando un silencio inusual. Saben que están en unas dependencias por las que nadie ajeno al club puede pasear. Si unos minutos antes cantaban a grito pelado canciones pop brasileñas mientras se duchaban en uno de los vestidores contiguos, ahora callan y posan su mirada atenta en todo lo que hay a su alrededor. Las taquillas de sus ídolos, tan sencillas como imponentes; las bañeras de hidromasaje, símbolo de un fútbol rico e inalcanzable para muchos; el gimnasio, que tantas veces excusó la ausencia de futbolistas en el campo de entrenamiento; el aparato de música de alta fidelidad, cuyos decibelios sirven tanto para entrar en calor antes de un encuentro como para festejar la victoria después.

intel3Ninguno de estos detalles pasa inadvertido a Leandro Lancero, de 22 años. Tras esos párpados siempre medio abiertos, que lo dejan con una expresión permanentemente tranquila, se intuye el brillo de unos ojos emocionados. Aunque es la primera vez que sale de Goiás, Leandro vive el barcelonismo como si hubiera nacido en el centro de Les Corts. “No animo a ningún otro equipo. Ni a la selección brasileña ni a ningún club de mi país. Solo al Barça“, explica. “Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida“, añade, tajante. Tras escucharlo expresarse en esos términos es fácil deducir que la experiencia en Barcelona tiene para Leandro un tinte prácticamente místico.

“Dante, como el del Bayern”

Aunque el amor por el fútbol es el principal nexo de unión entre todos los jóvenes ganadores del concurso, la fascinación por el Barça es también un elemento común. Por eso destaca, entre tanto azulgrana, la camiseta roja con detalles azules que luce un miembro de la expedición brasileña durante el almuerzo postpartido –que se lleva a cabo en una lujosa terraza colocada en la tribuna del estadio-. Son los colores del Guaratinguetá, un club de la tercera división brasileña que lleva el nombre de la ciudad paulista donde nació, hace 21 años, su orgulloso embajador.

intel2Me llamo Dante, como el del Bayern“. Se presenta así, para que no haya equívocos. En Brasil, los poetas son futbolistas. Tras aclarar la identidad que se esconde tras su camiseta, Dante habla con entusiasmo de la jornada que ha vivido en el Camp Nou y recuerda la relación que ha existido en las últimas décadas entre el Barça y Brasil. “He cumplido el sueño que todo niño en Brasil quiere cumplir. El Barcelona es un espejo en el que todos nos miramos. Nos fijamos en Ronaldo, en Ronaldinho, en Rivaldo, en Neymar…“, explica Dante, que aunque se llama como el central del club bávaro, declara que su referente actual es el 11 del Barça, del que destaca “su espectacularidad y osadía“.

Las de Dante, Leandro, Edgar y Pillo son cuatro de las muchas historias que confluyeron en una jornada especial en el estadio del FC Barcelona. Vivencias de jóvenes futboleros de corazón venidos de distintos puntos del globo que, de la mano de Intel, coincidieron en un escenario único para vivir una jornada que va a permanecer para siempre en sus memorias. A todos los unirá la fecha del 25 de julio de 2014: el día en el que un sueño antes inalcanzable se hizo realidad.