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“Sívori fue, para mí, el primer canterano que llegó y triunfó desde la cantera. Sin conocerlo, de repente un joven vitoriano era el delantero titular del Alavés. Y no solo eso. Era el delantero titular de Alavés campeón. Del que devolvió la ciudad a Primera después de tantísimos años. Trabajador, peleón, joven; representaba lo que todo aficionado quiere ver en un jugador de la cantera. Contagiaba energía por donde pasaba. Y algunos de sus goles siguen en mi memoria”, suspira, regresando a su infancia, el actual capitán de Mendizorroza, Manu García, cuando se le pregunta por Sívori. Por Arturo Igoroin Sanjurjo.

Porque, en Vitoria, Sívori era, y sigue siendo, Arturo Igoroin Sanjurjo, ese delantero rápido, omnipresente e inquieto que surgió de la cantera e irrumpió en la élite, de la noche a la mañana, para convertirse en el ídolo, en el héroe, de los plazas; y no ese astro argentino que respondía al nombre de Enrique Omar y que a mediados del siglo pasado maravillaba en Italia, que fue Maradona antes de que el pibe saliera de Villa Fiorito, que ponía color al fútbol en blanco y negro.

 

“Es bonito, porque ‘Sívori’ pasó de mi padre a mí, y ojalá pase un día a mis hijos. La belleza del fútbol está, también, en los lazos intergeneracionales que se crean”

 

“Cuando mi padre era joven y jugaba al fútbol, a nivel de aficionados, sus amigos empezaron a llamarle ‘Sívori’ porque se parecía bastante a él físicamente, e incluso en algunos aspectos sobre el campo. Se le quedó ese nombre, hasta el punto de que con mi madre abrieron un restaurante en Vitoria y lo llamaron Asador Sívori. A la que comencé a asomarme al fútbol profesional también me empezaron a llamar así a mí, y ahora se me sigue conociendo con ese sobrenombre. Muchos se sorprenden cuando oyen mi nombre real porque todo el mundo cree que Sívori es mi nombre o mi apellido. Es bonito, porque pasó de mi padre a mí, y ojalá pase un día a mis hijos. La belleza del fútbol está, también, en los lazos intergeneracionales que se crean”, comienza el propio Arturo (Vitoria-Gasteiz, Álava; 1976), que actualmente ejerce como segundo entrenador del recién ascendido Cartagena.

Su historia comenzó a escribirse en el barrio vitoriano de Arana, y lejos de los campos de fútbol. “De niño, yo hacía lucha libre. Era lo que más me gustaba, e incluso fui campeón de Álava de mi peso. Los fines de semana se hacía un campeonato provincial, pero solo duraba dos o tres meses y por eso, con 11 o 12 años, me apunté al fútbol. Porque quería, y necesitaba, más deporte”, prosigue Sívori, que inició su vida futbolística con los colores del Aranbizkarra.

Pronto comenzó a sobresalir, y a los 14 años recaló en el Alavés. “Jugaba con los amigos, y recuerdo que cuando me llamó el Alavés no me quería ir. Estaba muy bien con mis amigos, y tenía todo lo que quería. Me costó muchísimo irme, pero al final firmar por el Alavés fue la decisión acertada. Y desde ese momento fui quemando etapas hasta llegar al filial y hasta llegar a debutar con el primer equipo”, rememora el exdelantero vitoriano; que se estrenó con el Alavés en Segunda a finales del 1996, en un partido contra el Écija en Mendizorroza (4-0); con 20 años y de la mano del ‘Txutxi’ Aranguren.

“Cuando me mandó a calentar fue una locura. Me temblaban las piernas. Ese día, mientras calentaba, nació el famoso ‘Sí, sí, Sívori’. Jugué la última media hora, y fue muy, muy, bonito, muy especial. Estaba jugando en el campo al que, desde pequeño, tantos domingos me había llevado mi padre; ya fuera en Tercera, en Segunda B o en Segunda. Un día estaba en la General animando al equipo, y al día siguiente me vi en el campo, y mientras jugaba veía a mis amigos animándome desde la grada. Lo recuerdo. Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo estar jugando contra el Écija y verles ahí, y es una situación muy especial y bonita. ‘Ayer estaba con ellos animando, y ahora me animan a mí. Qué suerte’, me repetía sobre el césped”, evoca un Sívori que en la campaña siguiente, la 1997-98, ya fue una pieza fija e insustituible en el Alavés de Mané; con el ’26’ en su casaca albiazul.

Esa temporada 97-98 es de las más felices que se recuerdan en Mendizorroza. El Alavés hizo historia al alcanzar las semifinales de Copa, en las que cedió ante un Mallorca que a su vez perdería ante el Barça en los penaltis, tras deshacerse de cuatro conjuntos de Primera División –Deportivo de La Coruña, Real Madrid, Compostela y Oviedo–, y, 42 eternos años después, regresó a la élite del balompié español por todo lo alto tras acabar primero con 82 puntos; con tres más que el Extremadura y nueve más que Las Palmas y Villarreal, que jugaron la promoción de ascenso.

“Hacía muchos, muchísimos, años que el Alavés no estaba en Primera, donde tiene que estar siempre, y la gente estaba un poco desesperada, desilusionada. Eran años complicados deportivamente. Pero, sin que nadie lo esperase, ese año salió todo redondo. Fue una locura. Fue una alegría increíble, inmensa; y todavía mayor por ser de Vitoria, y del Alavés desde pequeño y canterano. Ascender a Primera División con el club de tu ciudad, y siendo protagonista, es lo máximo, inigualable”, afirma Sívori, que cerró su primera temporada entera en el fútbol profesional con un balance de 38 partidos y seis goles y con el orgullo de haber abierto un camino que después han seguido Manu García y muchos otros: “El club empezó a apostar por la cantera a partir de ahí, y ese es el camino que hay que seguir. Es un orgullo haber abierto esa puerta, y haber sido un referente para tantos otros canteranos de la ciudad”.

 

“Fue una alegría inmensa; y todavía mayor por ser de Vitoria, y del Alavés desde pequeño y canterano. Ascender a Primera con el equipo de tu ciudad, y siendo protagonista, es lo máximo, inigualable”

 

Ese mismo verano, mientras Vitoria aún celebraba su regreso a la luna, el Athletic Club desembolsó 348 millones de pesetas, más los traspasos de Jon Solaun e Ibon Begoña y un amistoso, para hacerse con los servicios de Sívori; aunque el club de San Mamés optó por dejarle cedido un curso más en Mendizorroza para que siguiera creciendo y se amoldara a la élite.

“El ascenso a Primera fue espectacular. Pero conseguir mantenernos en Primera División la temporada siguiente también. En la última jornada teníamos que ganar a la Real Sociedad, y lo hicimos (2-1), pero todavía teníamos que esperar que el Extremadura no ganara. Si ganaba, nos íbamos a la promoción. Nuestro partido ya había terminado y recuerdo escuchar el final de ese Extremadura-Villarreal sobre el césped, con la radio. Fue una auténtica locura cuando nos dijeron que habían empatado, que nos quedábamos un año más en Primera División, y además lo habíamos conseguido ante nuestra gente. La alegría de ser campeón de Primera División tiene que ser terrible, pero no se puede comparar con todo lo que sentimos nosotros aquella tarde. Con lo que se siente al mantener la categoría, sea la que sea, tras haberse esforzado muchísimo”, continua Sívori, que, en su primer curso en la élite, ya con el ‘7’ a la espalda, participó en 36 partidos de liga y celebró cinco goles y se ganó una taquilla en el vestuario de San Mamés.

 

“La alegría de ser campeón de Primera tiene que ser terrible, pero no se puede comparar con lo que sentimos nosotros aquella tarde en la que conseguimos la permanencia en Primera División ante nuestra gente”

 

“Yo siempre quise seguir en Vitoria, pero era el acuerdo al que habían llegado los clubes y me fui hacia Bilbao. Y ahí aprendí muchísimo, independientemente de que no tuviera demasiados minutos. Tenía por delante a futbolistas como Julen Guerrero, Ezquerro, Urzaiz, Etxeberria o Tiko, todos ellos internacionales, y era muy complicado jugar, pero aprendí muchísimo, y fue maravilloso poder jugar en San Mamés y poder jugar una quincena de partidos con el Athletic”, añade un Sívori que ya no volvería a jugar más en Primera División.

Al verano siguiente salió cedido al Córdoba, con el que jugó 32 encuentros y anotó un gol en Segunda, y después vistió dos cursos la elástica del Leganés, también en la categoría de plata; con un balance de seis dianas en 36 partidos en la primera, en calidad de cedido por el Athletic Club, y de tres tantos en 36 partidos en la segunda, ya en propiedad del cuadro madrileño.

Finalmente, en 2003 se vio forzado a recomenzar en Segunda B, de la mano del Cartagena. Firmó por una temporada, pero se quedó cinco cursos en Cartagonova, y cuando se fue, en 2008, lo hizo convertido en una leyenda del conjunto albinegro. Capitán en sus últimos cuatro cursos en el club, hoy aún es el quinto jugador que ha vestido la camiseta del club en más ocasiones, con 173 y solo superado por Mariano Sánchez, Alberto García, Ander Lafuente y Javi Manzano, y el cuarto máximo goleador histórico del Efesé, con hasta 37 tantos y solo superado por Alberto García (62), Keko (39) y Toché (38).

“Fueron cinco temporadas magníficas. Me fui con la espinita de no haber logrado el ascenso a Segunda como jugador. Me fui en 2008 y no pude vivir en persona el ascenso de Alcoy, pero cuando hace un año me llamaron para formar parte de la comisión deportiva y cuando en marzo me propusieron ser segundo entrenador sabía que no podía decirle que no al Cartagena, que no podía rechazar la oportunidad de volver a casa, y sabía, por encima de todo, que esta espinita me la iba a quitar. Y así ha sido. Así ha sido”

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, recalca Sívori; “un cartagenerista más” e historia viva del club.

“Esta es mi casa. Es mi casa. Aquí está mi vida, y la gente me quiere muchísimo. Comencé en el norte, pasé por el sur y por Madrid y llegué aquí, y aquí sigo. La vida da muchas, muchísimas, vueltas, y lo más importante es sentirse querido en el sitio en el que estás, e intentar devolver todo eso cariño con trabajo”, acentúa el exjugador; que antes de colgar las botas también pasó por el Águilas y el Caravaca, de Segunda B, y el Mar Menor y La Unión, de Tercera.

Han pasado los años, y el blanco ha ido ganando terreno en esa melena rebelde, tan indomable como su fútbol, pero Sívori, orgulloso del camino recorrido, conserva la pasión por este deporte que heredó de su padre cuando era un crío. Conserva, también, su cromo de las dos campañas que jugó en Primera División; con su Alavés y el Athletic. “Son recuerdos muy bonitos. Y se los puedo enseñar a mis hijos. ‘Jugamos ahí. Jugamos ahí'”, concluye, emocionado.

 


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Fotografías cedidas por el Deportivo Alavés y el Fútbol Club Cartagena.