Si te llamas Reinildo Mandava puedes ser lo que quieras. Puedes ser, yo qué sé, un personaje de Gabriel García Márquez. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Reinildo Mandava había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, podría rezar el inicio de Cien años de soledad. El nuevo coronel de Simeone, que obliga a sus jugadores a pasar una mili, ha entrado en las alineaciones del ‘Cholo’, que es como bucear en agua hirviendo. Fichar por el Atlético, jugar en el Atlético y asentarse en el Atlético era hasta ahora un plan de pensiones a largo plazo, pero el mozambiqueño, que llegó en enero, se ha subido en marcha a un Ferrari.

Si te llamas Reinildo Mandava, aunque no lo parezca, también puedes ser central. Las tres sílabas, fuego de mis entrañas, remiten al viaje de tres pasos que hacía la punta de la lengua al pronunciar Lolita. Rei. Nil. Do. Está claro que es más fácil si te llamas Pablo y a tu lado está Perea. O al revés. O si eres uruguayo. O si da apuro preguntarte hasta la hora. Pero en serio, si te llamas Reinildo Mandava también puedes, aunque tu nombre, más que intimidar, te duerma como una nana.

 

Es un futbolista de días laborales, un albañil que unta cemento en los ladrillos rojiblancos con el lápiz en la oreja y el bocadillo envuelto en papel de aluminio

 

Nadie lo sabrá, pero si te llamas Reinildo Mandava puedes recuperar la solidez perdida. El Atlético se había olvidado de su seguridad atrás, que es como si un chef de repente no supiera hervir pasta. Con el mozambiqueño, que se asentó en el once como el que entra a un corro de patata en marcha, el conjunto ‘colchonero’ encadenó su mejor racha y aseguró cuatro porterías a cero, las mismas que antes de que llegara. El ‘Cholo’ vuelve a dibujar cuadros defensivos casi perfectos, como el que pintó en el Etihad, y en parte es gracias a Reinildo Mandava. Hasta el penalti que cometió en Mallorca, el segundo en su carrera, pareció que no lo era.

Nadie quiere llamarse Reinildo Mandava igual que nadie quiere ser central izquierdo. Hay posiciones que no nacen de la vocación. Pero él se ha convertido en el índice que ordena todas las páginas, en la pieza del puzzle sobre la que seguir construyendo. Es un futbolista de días laborales, un albañil que unta cemento en los ladrillos rojiblancos con el lápiz en la oreja y el bocadillo envuelto en papel de aluminio. Ha devuelto la versión más ‘currela’ del Atleti, la que tantos triunfos le dio. Mientras algunos ya pensaban en grande, Reinildo Mandava los ha devuelto a todos a la tierra, como aquel personaje de Lorraine Hansberry que grita que quiere volar y tocar el sol, y su mujer le contesta: “Primero cómete los huevos fritos”.

 


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Fotografía de Imago.