Entre finales de los 70 y principios de los 80, la Copa de Europa estuvo dominada por equipos procedentes de la cuna del fútbol. Muchos recuerdan la gesta del modesto Nottingham Forest de Brian Clough, un hecho inaudito que sorprendió a todo el mundo con la conquista de dos títulos seguidos. Un conjunto que venía de la segunda división se proclamó como sumo rey de Europa con permiso del Liverpool. No obstante, en 1982 ocurriría otro acontecimiento más increíble si cabe. El Aston Villa, un club que no tenía en sus filas a grandes nombres del panorama internacional pero que, a base de trabajo y una pizca de suerte, se plantó en una final sin tener mucha idea de cómo y, encima, la ganó. En frente estaba el Bayern de Münich que aún contaba con Rummenigge y Hoeness en un estado de forma pletórico (acabarían esa edición como máximos goleadores con siete y seis goles respectivamente). El barrio de Aston viviría uno de los episodios más gloriosos de toda su historia.

En la temporada 1980-81, el equipo de Birmingham tenía puestas sus ilusiones en ganar el título liguero. Tres victorias en los primeros cuatro partidos del torneo fueron toda una declaración de intenciones de un Aston Villa que tenía el firme propósito de convertirse en el campeón. La rivalidad en esa campaña estuvo marcada entre el propio Villa y el Ipswich Town. Una curiosidad: el equipo dirigido por Ron Saunders nunca ganó al Ipswich en el campeonato. La clasificación al término de la última jornada separaba a ambos equipos con una diferencia de cuatro puntos. Ese título suponía el séptimo (el anterior se remonta a 1910) que conseguía el Aston Villa y el último que llegaría a levantar desde entonces. Aunque la siguiente temporada sería un año de luces y sombras para los ‘villanos’.

1981-82, historia ‘villana’

El equipo comenzó esa nueva temporada de la peor manera, con cinco puntos de 15 posibles. Su andadura liguera seguiría por ese mismo sendero, naufragando y acabando el club a mitad de tabla, nada que ver con la imagen mostrada la campaña anterior. El Aston Villa terminaría con los mismos partidos ganados que perdidos pero en Europa demostró estar hecho de otra pasta. La primera ronda que tuvo que sortear fue contra el débil Valur islandés, al que acabó eliminado con un resultado global de 7-0. A partir de ahí, el cuadro británico, algo acompañado por la fortuna, fue superando cada obstáculo hasta llegar a la final en Rotterdam. El Dynamo Berlin (1-2 en Alemania y 0-1 en Villa Park), el Dynamo Kiev (0-0 en Kiev y 2-0 en Inglaterra) y el Anderlecht (1-0 en casa y 0-0 en Bélgica) cayeron ante los ‘Leones’. En ese barullo entre las buenas sensaciones recogidas en la Copa de Europa y las malas en la First Division, Ron Saunders se marcharía del club por desencuentros con la directiva. Quizás la deriva del equipo en liga fue una de las razones de su adiós aunque ya nunca lo sabremos. Su mano derecha, el segundo al mando, Tony Barton, cogería las riendas del equipo para colocarlo en aquella final en la que nadie daba ni un duro por los ingleses.

¿Injusto campeón?

Aquella noche no pudo empezar de peor manera. El veterano portero de los ‘Leones’, Jimmy Rimmer, se lesionó a los diez minutos de juego. Se posicionaba bajo palos Nigel Spink, que en aquella campaña solo había jugado en una ocasión. Los alemanes olieron la sangre y se plantaron delante del área rival. La apisonadora bávara continuaba lanzando balones contra la portería mientras que un increíble Spink repelía cada lanzamiento, cada cañonazo, cualquier intención germana de ponerse por delante en el marcador. Según cuenta la leyenda futbolística, si un equipo no consigue materializar las ocasiones creadas, si no es capaz de rematar el partido, tiene todas las papeletas para acabar perdiendo. Este partido no sería una excepción. El Bayern intentaba por activa o por pasiva meter el balón dentro de la red sin fortuna hasta que, en el minuto 67, Tony Morley asistía a Peter Withe para que acabara marcando a placer. Ponía el 1-0 en el marcador, resultado definitivo que daba, por primera y última vez en la historia del club, al Aston Villa como el campeón Copa de Europa. El propio comentario del gol del narrador Brian Moore está desplegado en la grada norte de Villa Park.Aston Villa

“Shaw, Williams, prepared to adventure down the left. There’s a good ball played in for Tony Morley. Oh, it must be and it is! It’s Peter Withe.”

La anécdota

Después de ese hito histórico, Colin Wilsons y Gordon Cowans, futbolistas de aquel Aston Villa, acudieron a un pub en Tamworth, una pequeña localidad al norte de Birmingham. Los jugadores, tras la hazaña contra el Bayern, se propusieron visitar distintas localidades de la región con la copa para que la gente pudiese tocarla y fotografiarse con ella. En una entrevista para la BBC, el propio Wilson relató que mientras estaban tomando unos tragos, la copa fue robada.

Aston Villa

El pánico empezó a recorrer todo el cuerpo de los jugadores hasta que recibieron una llamada por parte de unos agentes de policía de Sheffield. Y es que el trofeo se encontraba en el maletero de un coche a 160 kilómetros de distancia. Mientras alguien recorría toda esta distancia para recuperar la ansiada copa, los policías de Sheffield, para añadirle más extravagancias al relato, decidieron montar una pachanga y jugarse aquella ‘orejona’. Este hecho salió a la luz 28 años después de producirse, cuando se publicaron las fotos.