Estimado Pablo Infante:

No sé si leerás esta carta, pero después de que el Mirandés haya repetido una gesta histórica llegando a semifinales de la Copa del Rey, me veo en la obligación personal de dedicarte las siguientes palabras. A ti, y a todos los que hicieron posible que delirase con aquel hito. Por supuesto, no me olvido de los miembros actuales del club que han escrito a puño y letra su serigrafía bañada en oro en los libros de la entidad por lo que acaba de ocurrir.

No creo que me equivoque si digo que aquella temporada 2011-12 hiciste que nos enamorásemos de ti y de tu Mirandés. Es entrañable pensar que un equipo de Segunda B pudiera conseguir aquello. Supongo que lo recordaréis como si fuera ayer; un pensamiento que pasará a la eternidad. Pero déjame recordarles a nuestros lectores, querido Pablo, la que liasteis esa mágica campaña.

Me gusta pensar que cerrasteis un círculo. Todo empezó en la localidad de Amorebieta-Echano. Un partido difícil y tosco. Expulsaron a Iribas en el 33’ y, aun así, fuisteis capaces de ganar a domicilio. Después recibisteis a la RB Linense. 3-1. El último gol fue tuyo, el primero en tu cuenta particular de la Copa del Rey; era el preludio de lo que sería la carrera de ese Mirandés, porque después os tocó jugar contra el Logroñés. Mismo resultado y a dieciseisavos. Supongo que se os aceleró el pulso al saber que tendríais que jugar a doble partido contra un equipo clasificado para jugar en Europa, el Villarreal. Con el empate de la ida en casa, me imagino que viajaríais a Castellón con la adrenalina por los techos, ¿no? El fútbol a veces te regala momentazos así. Un partido donde el 90% de la población apostaría por el conjunto ‘groguet’ y no por el ‘rojillo’. Pero la ilusión y el esfuerzo constante del equipo, junto con tu liderazgo y capacidad para, con dos goles hundir el ‘submarino amarillo’, fue algo que maravilló a todo el país.

No contentos con ello, ganasteis a todo un Racing de Santander, volviste a anotar en la ida, y de penalti en la vuelta. Global de 3-1 para ir derechitos a cuartos. Reconozco que en los labios se me dibujó una pequeña y traviesa sonrisa que me sorprendió a mí mismo. Ya fue todo un hito que un equipo, recordemos, de Segunda B, alcanzase los cuartos. Por tercera vez consecutiva, os toca un Primera. ¿Qué esperábamos? Ya no quedaban aspirantes que no fueran de la élite del fútbol español.

¿Te gusta la ciudad de Barcelona, Pablo? Sé que mantienes un amargo recuerdo de ello. No es fácil asimilar el hecho de ir ganando al Espanyol en Cornellà 0-2 en el minuto 80, y acabar perdiendo el partido en diez minutos. Pero lejos de bajar los brazos, trabajasteis para mantener la ilusión en Anduva. Con el 1-1 en el marcador y el tiempo reglamentario cumplido, pasó algo que a todos nos hizo levantarnos del sillón. César Caneda decantó la balanza, y marcó en el 92’. Invasión de campo. Tú, en volandas, sonriente, emocionado, con el brazalete de capitán intacto. Increíble. No me lo podía creer. Un equipo de la categoría de bronce estaba en semifinales de la Copa del Rey por segunda vez en la historia de la competición. Como bien afirmas en tu cuenta personal de Twitter, “Anduva es el puto Anfield español”. Un recuerdo imborrable. Como lo que hicisteis en el campeonato liguero. Ese mismo año lograsteis ascender a Segunda División por primera vez en la historia del club. Insólito.

Fuisteis la resistencia, Pablo. El alumno intimidado por los gamberros que consigue brillar de algún modo y destacar en la escuela. Esas fábulas donde la tortuga finalmente consigue llegar a la meta antes que la liebre. Con esfuerzo, trabajo y sacrificio. Pero llegó el Athletic. Supongo que debió ser un palo tremebundo. Global de 8-3. Durísimo. Pero lejos de entristecerme, querido Infante, me quedé sin palabras con la reacción más inmediata que presencié entonces: mi padre se levantó del sofá y empezó a aplaudir. “Vaya huevazos”, me dijo. Impactado por lo que veía, me levanté e hice lo mismo. Si dos personas que vivimos a 600 kilómetros de Miranda de Ebro estábamos anonadados, con la mirada perdida en el horizonte, viéndolo todo y nada a la vez, no me imagino cómo reaccionaría la ciudad entera. Y con Pablo Infante como Pichichi del torneo. Con la cabeza bien alta.

Fuisteis el último equipo no perteneciente a Primera División que conseguía llegar al penúltimo peldaño de la competición. Ahora, lo habéis vuelto a hacer. Pese a caer ayer contra la Real Sociedad, habéis conseguido llegar a ‘semis’, para más inri, con un jugador que vestía la camiseta del Athletic y que os privó de la gran final en aquella época: Andoni Iraola. Ahora como técnico de este mágico Mirandés. Me pregunto qué es lo que se te pasa por la mente al saber que aquel defensor encargado de cubrir tus embestidas, ahora ha conseguido repetir la gesta con sus ‘jabatos’. Irónico, ¿verdad? Qué retorcido puede llegar a ser el destino.

Me gustaría acabar esta carta con una cita que declaraste en su momento en el diario As sobre el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo y la constancia que supiste sacar adelante para aprobar una oposición: “Después de un año y medio encerrado de lunes a sábado estudiando una media de ocho a diez horas diarias, lo conseguí”. Creo que esta declaración resume a la perfección aquel Mirandés y la gesta que consiguió. Solo el tiempo puede hacer aumentar la leyenda ‘rojilla’, y servir de inspiración para las nuevas generaciones, como la de este año.

Nada más por mi parte, Pablo. Muchas gracias por mostrar, una vez más, que el fútbol es maravilloso.

¡Salud!

 


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