El desierto del Néguev, con una extensión de 13.000 km², ocupa más de la mitad de Israel. Muchos habitantes del norte de África con raíces judías emigraron a esta zona durante el siglo pasado y se instalaron en ciudades como Dimona. En esta pequeña urbe nació, en 1980, el hijo de una de aquellas familias, Yosef Shai Benayoun. El chico enseguida sintió vocación por el fútbol, pero nadie imaginaba que, tiempo después, aquel joven acabaría convirtiéndose en un ídolo nacional.

Durante su adolescencia brilló en las cantera de un gran club europeo, el Ajax de Ámsterdam, pero su estancia en los Países Bajos fue breve. Su familia no consiguió acomodarse y tomó la decisión de volver a casa. “Simplemente no era el momento adecuado”, expresó en 2005 en una entrevista para The Independent. Algunos de sus compatriotas pensaron que había perdido la oportunidad de su vida. Sin embargo, él les demostró que estaban equivocados. “Mi sueño era jugar en la primera división de Israel”, llegó a confesar, años más tarde, un Benayoun al que la competición local se le acabaría quedando pequeña.

Tras dejar huella en el Maccabi Haifa, donde ganó dos ligas, firmó por el Racing de Santander. Allí llegó a compartir vestuario con un israelí excompañero en el Maccabi, el portero Dudu Aouate. Pese a su frágil apariencia física, Yossi Benayoun se convirtió en un ídolo del club cántabro gracias a sus habilidades con el balón. “Más de 100 partidos vistiendo la elástica racinguista y un recuerdo imborrable defendiendo nuestro escudo”, publicó la entidad cuando anunció su retirada en 2019.

Dio el salto a la Premier League de la mano del West Ham en el 2005. Dos campañas, una final de la FA Cup -perdida en los penaltis ante el Liverpool- y una salvación de la categoría in extremis frente al Manchester United en la última jornada. Sea como fuere, el extremo diestro mantuvo su buen nivel. “Benayoun es nuestro Zidane”, llegó a decir Alan Pardew, quien le entrenó en su etapa ‘hammer’. Quizá Pardew exageraba, pero sus actuaciones le permitieron jugar con el Liverpool de Rafa Benítez, el club en el que acabó consolidándose como futbolista.

En la ciudad de The Beatles tampoco pudo festejar ningún título, pero los aficionados ‘reds’ guardan buenos recuerdos de él. Compartió vestuario con Steven Gerrard y Fernando Torres, con quienes vivió grandes noches, como la de la eliminatoria de Champions League en el Santiago Bernabéu. El israelí fue el autor del 0-1 de la ida con un cabezazo que puso por delante los suyos. El Liverpool acabaría vapuleando al Real Madrid en la vuelta en Anfield con un 4-0. 

 

Fue el primer jugador que logró anotar un hat-trick en FA Cup, Champions y Premier

 

Benayoun no fue un gran goleador, pero sus cifras fueron notables. Incluso llegó a convertirse en el primer jugador en marcar un hat-trick en FA Cup (ante el Havant & Waterlooville), Champions (en una victoria de los ‘reds‘ por 8-0 contra el Besiktas) y Premier (frente al Burnley). Años después, Harry Kane y Sergio Agüero igualarían su hazaña. Además, fue autor de un doblete el día del empate a cuatro entre Liverpool y Arsenal, una noche en la que el ruso Andréi Arshavin le eclipsó con un póquer. 

En el verano de 2010, ya con 30 años, volvió a Londres para firmar con el Chelsea por su mala relación con Rafa Benítez -aunque el técnico español acabó marchándose también a final de temporada-. “Nunca me trató con el respeto que merecía”, expresó sobre el entrenador madrileño. Benayoun comenzó a decaer a partir de aquel momento, en parte por culpa de las lesiones. No tuvo éxito en Stamford Bridge y probó suerte como cedido en el Arsenal y en su querido West Ham. Aun así, seguía estando lejos de su mejor nivel. 

En la temporada 2013-14 colaboró en el ascenso del Queens Park Rangers a primera división inglesa, antes de regresar a Israel para vestir otra vez la camiseta del Maccabi Haifa. Se marchó en 2002 siendo un niño y volvió doce años después convertido en una leyenda. Antes de colgar las botas también vistió los colores de Maccabi Tel Aviv, Maccabi Petah Tikva y Beitar Jerusalem. Se retiró en este último dejando un legado que recoge 102 partidos con el combinado nacional y 21 tantos, lo que le sitúa como segundo máximo goleador histórico, empatado con Yehoshua Feigenbaum.

Hace poco más de un año Benayoun finalizó su andadura por los terrenos de juego y se convirtió en director deportivo del Beitar Jerusalem. De una manera u otra, su vida seguirá ligada al fútbol, aquella pasión que desarrolló correteando por las calles de Dimona, en pleno desierto del Néguev. 

 


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Fotografía de Getty Images.