Si tuviéramos que revisar la carrera de Álvaro Recoba mediante diapositivas nos volveríamos locos, ‘El Chino’ tiene goles y acciones técnicas que podría firmar cualquiera de los mejores futbolistas de la historia. Recoba no era constante, pero así son los artistas. Mientras otros son los que corren como nadie y pelean cada balón, a él no le hacía falta nada de eso para ganar partidos. Tan solo necesitaba de su zurda y de una técnica que aprendió jugando en la calle. Porque Recoba era eso, un futbolista de barrio.

Podríamos escribir sobre su época en el Inter donde fue el futbolista mejor pagado del planeta, de sus inicios en Danubio o de cómo rozando los 40 años le siguió dando títulos a Nacional. Pero más allá de esos tres capítulos, no debemos olvidar al Recoba más puro, al ‘Chino’ que llegó a Venecia y volvió a Milán siendo un Dios. Junto al de sus últimos retazos en Nacional, posiblemente sea su versión más demoledora y divertida. En sus primeros meses en Italia le llegó a quitar incluso protagonismo a un Ronaldo con el que debutaría el mismo día. Sus dos obras de arte en el debut ante el Brescia o el tanto que le anotó al Empoli desde medio campo dieron la vuelta al mundo, se mostró con una zurda casi irreal al Calcio.

Pese a esa carta de presentación, la gran competencia que había en el Inter hizo que en enero de 1999 se marchara cedido a Venecia. Es ahí, en Véneto, donde su juntaron el hambre y las ganas de comer: Recoba necesitaba brillar para volver por la puerta grande y el Venezia eludir el descenso. Y se destapó el tarro de las esencias: obras de arte de libre directo, asistencias fuera de lo común y once goles en 19 partidos hicieron que el Venezia se mantuviera en Serie A. Pero no solo eso, a su vuelta firmó el contrato que le convertiría en el futbolista mejor pagado del mundo. El uruguayo se convirtió en el amo y señor del equipo, sin duda era un auténtico líder y él necesitaba de esa confianza porque si hablamos de puro potencial, estamos ante uno de los jugadores de la época.

En el Pier Luigi Penzo de Venecia los defensas rivales comenzaron a tener auténtico miedo. Repasando varias acciones suyas, es fascinante cómo los contrarios se van apartando a su paso como si tuvieran miedo de sus potentes arrancadas o de su gran disparo. El propio Recoba decía lo siguiente en una entrevista: “Durante un partido en el barrio amagué a patear y el arquero salió corriendo de la portería. Entré con la pelota andando”. La fama que se ganó en su niñez en el barrio de Montevideo años después se trasladó ante jugadores de élite, en su rostro se reflejaba el mismo terror. Hacerle una falta a Recoba a treinta metros de la portería era regalarle un penalti y los córners tenían casi el mismo efecto.

Venecia y Recoba jamás se volvieron a cruzar, ambos vivieron un idilio que todavía guardan sus hinchas en la mente. ‘El Chino’ ganó títulos, siguió dando muestras de su talento pero es posible que sus meses entre góndolas y canales sean en los que jugó al más alto nivel. Venecia fue testigo de un talento que a veces hacía dudar de su humanidad.