Los años han suavizado su gesto: ahora incluso sonríe en las fotos. Pero antes, cuando imponía su figura de mariscal ruso por los campos de España, su mirada era gélida, como si guardara dentro un secreto insondable, incapaz de escapar ni por un segundo de su naturaleza eslava. Viktor Savelyevich Onopko había nacido en lo que hoy es Ucrania y entonces era simplemente la URSS: criado en pleno comunismo, pasó por el Shakhtar antes de destacar en el Spartak de Moscú.

Cuenta la leyenda que llegó a España porque Tony Bruins, ayudante de Cruyff en el Barça, se lo recomendó a Eugenio Prieto, presidente del Oviedo. “Es el mejor central de Europa”, le dijo. Prieto, lacónico, respondió con soltura. “Si es así, ¿por qué no lo ficháis vosotros?”. Y fue entonces cuando intervino Cruyff para soltar una de las suyas. “Con ese aspecto de encofrador, no podría jugar en el Barça”. Pero el consejo cuajó y Onopko acabó en el Oviedo en diciembre de 1995: fue probablemente el fichaje más difícil de la historia del club asturiano, que tuvo que recurrir a la FIFA porque el Atlético de Madrid se interpuso en las negociaciones. Los dos presidentes, Prieto y Jesús Gil, no eran Heidi ni Bambi, y apuraron sus posturas al máximo hasta que un fallo de la FIFA dio la razón al Oviedo. En su presentación, Onopko reconoció que le habían descrito Oviedo como “un pueblo minero y viejo” para convencerle de irse al Atlético. Esa misma tarde, los dirigentes del Oviedo le pasearon por la ciudad como si fuese un jefe de Estado: hubo incluso un abrigo de visón de regalo para su esposa Natalia, y un directivo del club le pidió encarecidamente que se olvidase de vivir en Gijón, cerca de su amigo Lediakhov.

Así empezó su inolvidable etapa en el Oviedo, siete años en los que demostró ser un central imponente y un centrocampista de recorrido, versátil y competitivo, frío en apariencia pero cálido en el cuerpo a cuerpo. Se enamoró de Oviedo y Oviedo se enamoró de él: su mujer fundó una academia de gimnasia rítmica y su hija Eugenia, nacida en Moscú cuatro meses antes de su llegada a España, forma parte del equipo nacional español. Ambas viven en Asturias mientras Onopko continúa ligado al fútbol: es el segundo entrenador del CSKA de Moscú pero de vez en cuando aún se deja caer por El Requexón para desprenderse un poco de su ADN ruso y reconocer que el camino hasta las instalaciones del club sigue igual, “con los mismos perros y burros que en mi época”.