Ged Clarke tituló su libro ‘Newcastle United, 50 años de dolor’. Fan magpie declarado, periodista y escritor inglés, necesitó explicar lo inexplicable. A través de sus páginas, el año 2006, compartió una agonía prolongada en busca de una respuesta a la pregunta que tiñe la costa nordeste inglesa desde hace tantos años, demasiados. Dylan Younger, también periodista y escritor, publicó al mismo tiempo otro volumen. Lo llamó ‘Newcastle’s Cult Heroes’. En él, destaca las 20 figuras más importantes de la historia de ‘las urracas’ y envuelve el relato bajo un interrogante tan punzante como necesitado de réplica: “¿debe un jugador ganar trofeos para ser considerado un verdadero héroe?” 

El Newcastle, cuya afición ha sido reconocida en varias ocasiones como una de las más fieles de la Premier League y destacó por llenar su estadio por encima de la mayoría de equipos de primera cuando militaba en la Championship, tampoco sabe a quien acusar. Aún menos cuando se ha dejado de sumar días a esos 60 años de hambruna de títulos para verse restando jornadas antes de evitar el descenso.  Con todo, el Newcastle sigue considerándose un club de hombres grandes; implicados directivos, valientes entrenadores, fabulosos jugadores… Todos ellos con los mismos títulos en sus vitrinas: cero. Aunque puede ser que, al fin, sea precisamente esto lo que les hace grandes.

El Newcastle sigue considerándose un club de hombres grandes; implicados directivos, valientes entrenadores, fabulosos jugadores… Todos ellos con los mismos títulos en sus vitrinas: cero

Tanto Ged Clark como Dylan Younger recuerdan aún a Milburn. Todo el mundo recuerda a Jackie Milburn en el nordeste inglés. Deificado en Tyneside en los años 50, su leyenda como goleador aun domina el club, el cual se hizo suyo a base de goles, velocidad, liderazgo… y títulos. Por eso es recordado como el último símbolo de una gran era. Aquella en la que se ganaba. Después de aquello, ningún trofeo más. Solo aquel ‘oasis’ de 1969 en el que el capitán Bobby Moncour levantó una Copa de Ferias. Desde entonces, nada más, solo vueltas y más vueltas a teorías que pretenden explicar la longeva crisis del club. Durante un tiempo sonó la cantinela de la falta de liderazgo y ambición, luego se apuntó a la pobre dirección, al sentido común y la falta de estabilidad. Se llegó a culpar a una prensa demasiado crítica e incluso a la impaciencia de un público que exigía resultados. Se habló hasta de una maldición ancestral. Sea como fuere, la historia reciente del Newcastle se explica a través de hombres ‘grandes’, comprometidos, desvividos, que nunca celebraron un título de blanco y negro. Estos son solo algunos ejemplos.

PETER BEARDSLEY

A pesar de que dedicó sus mejores años a otros clubes como Liverpool y Everton, Beardsley nunca escondió su amor por los héroes de la infancia; las urracas. Dedicando a sus colores los primeros años de su carrera, participando en el ascenso a primera división junto a Kevin Keegan, que apuraba los últimos partidos como jugador, y logrando una renta goleadora inconmensurable, pronto escribió un capítulo más en la historia del ‘club de los grandes jugadores que se marcharon sin títulos’. Tuvo que ser en Liverpool donde un maduro Beardsley sembró los únicos trofeos a nivel de club de su vida.

ALAN SHEARER

Llegó al Newcastle en 1996, poco después de levantar una Premier League con el Blackburn Rovers. Con la hazaña en el bolsillo y el poder adquisitivo del nuevo equipo, su Newcaslte natal, quién no hubiera imaginado que en Tyneside le esperaba un futuro mucho mejor. Pero lo cierto es que esa liga con los rovers fue el único título de su carrera, la de un hombre que batió el récord anotador de Jackie Milburn, superó los 200 goles y renunció a firmar por el Manchester United a cambio de poco más que retirarse en el club de su vida. En blanco. Por supuesto, fue despedido con un merecido homenaje en St James’ Park por sus diez años de fidelidad al club, al cual acabó dedicándole también sus primeros pasos como entrenador.

JOE HARVEY

Conocido como ‘Mr Newcastle’. Primero como jugador y después como entrenador, no puede entenderse la historia del club sin su figura. Vistió de corto en la época dorada de los 50, pero su palmarés como entrenador nunca llegará a hacer justicia a la grandeza de sus actos, el entrenador que más tiempo ha estado sentado en el banquillo de St James’. Cierto es que a su cargo los geordies levantaron el último y único título de los últimos 60 años (la Copa de Ferias del 1969), pero de eso ya nadie se acordaba cuando en 1974 el Liverpool humilló a las urracas en la Final de la FA Cup. Sensato como pocos, él siempre se arrepintió de no haber traído un título nacional a casa.

KEVIN KEEGAN

Cuando en 1992 el dos veces Balón de Oro se estrenó como entrenador, finalizó la temporada ascendiendo al equipo a la entonces la Premiership. Toda una declaración de intenciones. Fue tal el estilo del que supo empapar al conjunto y la pasión de qué dotó el siguiente lustro al equipo de Tyneside, que en poco tiempo había colocado al Newcastle al nivel del Man United, el Liverpool o el Arsenal. Pero hay algo que Keegan nunca pudo superar; quedarse a las puertas de la liga del 1995-96 –título que ‘regaló’ al United en las últimas jornadas–. Así, en enero del curso siguiente abandonó el club por sorpresa de todos alegando que “había llevado al Newcastle todo lo lejos que había podido”. El cambio había sido evidente, pero no obtuvo a cambio ni un solo título. En St James’s Park, la resignación solo se hacía más evidente.

Un capítulo aparte merecen los directivos. Responsables y señalados, han sido sin duda los que más han cargado con el peso de una de las sequías más insólita de las islas. John Hall, por ejemplo, causó una revolución en las arcas del club a principios de los 90. Fue quien confió el banquillo a Keegan y su regeneración, quien blindó a Alan Shearer y Les Ferdinand en sus filas. Pero su apuesta miraba mucho más allá del fútbol y la participación en Europa del mejor Newcastle de los últimos tiempos. Hall pretendía hacer impulsar un club plurideportivo, el ‘més que un club’ inglés. Desgraciadamente, la salud obligó al mandatario a ceder la presidencia sin haber ganado absolutamente nada.

Y así han ido pasando los años y como Hall, Keegan, Harvey, Shearer o Beardsley, e incluso como los fans y escritores Clarke y Younger, son muchos los que forman la extensa lista de los que nunca celebraron un título vestidos de blanco y negro. Es algo más de una generación entera la que nunca ha visto ganar al Newcastle, que le cuesta recordarlo en Europa y cuya única preocupación a siete jornadas del final de liga es la de sellar una difícil salvación. Sin duda, el reto de Rafa Benítez es casi tan considerable como el polvo que acumulan las vitrinas de St James’ Park.