Fotos de Alberto Rojas Maza


Era menor, lucía melena y en sus rodillas no había ni una sola cicatriz. Sergio Canales ha cambiado mucho desde que debutó en Primera hace poco más de una década, pero en su cabeza permanece la misma idea: disfrutar y seguir creciendo, exactamente lo que mucha gente pareció olvidar tras su irrupción salvaje.


Esta entrevista está extraída del interior del #Panenka89, un número que publicamos en noviembre de 2019 y que todavía puedes conseguir aquí.

 

Son las 12.00 del mediodía de un martes y el sol abrasa el césped del Benito Villamarín. Un estadio en silencio, qué maravilla. El contexto ideal para que Sergio Canales (Santander, 1991), elegante para la ocasión, se arremangue la camisa y alce la voz. A su manera, claro. El ’10’ del Real Betis nunca fue de gritos; ni de lamentos. Pero hoy es consciente de la influencia de sus palabras, del poder de su discurso. Hoy se sabe y se siente líder del equipo verdiblanco, un club en el que ha caído de pie.

La Champions. ¿Qué te sugiere?

Es una competición que todos queremos jugar. De hecho, luchamos y trabajamos cada día para poder estar ahí. Por cómo esta planteado, por la ilusión que genera en la afición, por el altísimo nivel individual, es el torneo de clubes más importante, el mejor.

Parece que los ‘grandes’ están cada vez más obsesionados con ganar la Liga de Campeones.

Es verdad. Yo lo percibo, sobre todo, con los fichajes. ‘Hay que fichar a este o al otro… para ganar la Champions‘. La Liga, como que se deja muchas veces en un segundo plano, cuando en realidad es el campeonato que marca tu año a nivel global, el año que has hecho de verdad. La Liga es el termómetro de la regularidad; todo lo contrario que la Champions, donde el nivel es tan alto que si no estás concentrado o tienes un partido malo, estás fuera.

En unos años estos clubes amenazan con montarse su propia Superliga europea. ¿Qué te parecería?

Se ha hablado durante muchos años pero yo lo veo muy complicado. La Liga, por ejemplo, tiene un nivel altísimo y no creo que sea algo bueno; al final, el aficionado español necesita a los dos grandes, a Barça y Madrid, porque hay seguidores de ambos clubes en todo el país. También creo que a estos dos conjuntos les da un plus importante, a nivel de popularidad, al que no sé si estarían dispuestos a renunciar.

¿Crees que los títulos están sobrevalorados?

A nivel de club no, por supuesto. Todos trabajan para conseguirlos o estar lo más cerca de levantarlos. A nivel de futbolista… Es diferente. Yo, por ejemplo, cuando cuelgue las botas, me voy a quedar con la experiencia, con todo lo que me ha enriquecido a nivel personal y profesional este deporte y con la gente que he conocido. Eso es lo primero. Obviamente, los títulos quedan para el recuerdo, pero no te van a generar esa misma ilusión. Cuando me retire ya te diré, pero para mí es más importante lo otro.

Olvidamos a menudo que ser futbolista profesional, vivir de este deporte, ya es un privilegio.

Sí, pero luego hay otra cosa. Los clubes se marcan objetivos que, de alguna forma, pueden considerarse títulos. Y cuando los consigues, se produce algo parecido. Clasificarse para jugar en Europa: si lo logramos será igual de importante que ganar un torneo. Los equipos tienen diferentes retos, y la experiencia y el recuerdo de afrontarlos es lo que acaba quedando. En la afición puedes dejar un recuerdo igual de potente.

¿Crees que en el mundo del fútbol estamos abusando demasiado de la palabra ‘fracaso’?

Desde luego. Yo hace tiempo que le he perdido el miedo. Mira, cuando empiezas tan joven y tienes experiencias tan pronto, bueno, siempre tienes ahí la cantinela del ‘se esperaba tanto de él y mira…’; pero llega un punto en el que es una palabra que ya no me genera nada de daño, todo lo contrario. Me pongo objetivos y voy a hacer todo lo posible para lograrlos. Algunos objetivos son más grandes y otros, más pequeños. Si no llego al grande, habré disfrutado de los pequeños, del camino…

Pero el fracaso vende.

Creo que también es cómo se utiliza la palabra. No todas las cosas que no salen bien en el fútbol son fracasos. De hecho, hay supuestos fracasos de los que se puede sacar algo positivo. Y utilizarlos para superar nuevas adversidades. Pep Guardiola, imagínate: ya no es lo que gana sino cómo lo gana. ¿Por qué poner el acento en aquello que no gana?

¿Fracasó Quique Setién en el Betis?

Para mí no. Estuvo dos temporadas: en la primera el equipo entró en Europa cuando ese era un reto más a largo plazo. Y en la segunda puede ser que durante dos o tres meses no estuviésemos a la altura ni al nivel esperados, pero el resto de la temporada competimos y dejamos muy buenas sensaciones. Es más: yo hablaba con compañeros de equipos rivales y decían que jugar contra nosotros era un suplicio. Y eso para nosotros, para la forma de trabajar… Jopé, es algo increíble, todo ese reconocimiento. Es de los mejores entrenadores que he tenido en mi carrera. Apostó por mí, me dio confianza y estoy convencido de que le quedan muchísimos trabajos por delante.

El aficionado neutral apadrinó a aquel Betis.

¡Es que yo tengo amigos que se hicieron del Betis! Y no solo porque estaba yo, claro. Por la forma de jugar, por lo que disfrutaban viendo nuestros partidos por la tele. Eso, de alguna forma, indica que ese equipo tuvo mucho mérito. Hicimos grandes partidos y encadenamos una buena racha; es verdad que de cara al gol no estuvimos del todo acertados y fallamos en esos últimos metros, y que todo esto nos acabó penalizando en la Liga y nos hizo caer en Europa. Pero para mí la temporada fue buena.

 

“Desde que tengo uso de razón, me enseñaron a tener el balón, a quererlo”

 

Ese Betis reabrió el debate del ‘cómo’, propiedad durante años de equipos como el Barcelona.

A ver, también por el estilo de la plantilla y el tipo de jugadores que había, nosotros creíamos que la mejor manera para ganar era hacerlo así: teniendo la pelota, ganando siempre la posesión, siendo protagonistas, metiendo al rival en su campo… Nos encajaba esta filosofía. Pero el ‘cómo’ es relativo. El Getafe entró en Europa porque el estilo de su plantilla se adaptaba perfectamente a la forma de jugar de Bordalás. Y no es ni mejor ni peor. Hay que saber qué plantilla tienes, de qué piezas dispones y qué estilo va a representar mejor esas características. Y encaminarte a ello. Nosotros nos sentíamos identificados con ese estilo y lo seguimos estando.

Eder Sarabia [segundo de Setién] nos dijo que había la voluntad de recuperar el fútbol de la infancia, de disfrutar con el juego, de tener la pelota. ¿Hasta qué punto el ‘cómo’ afecta a un jugador de tus características?

Desde que tengo uso de razón en esto del fútbol, a mí siempre me enseñaron a tener la pelota, a quererla; a crear ocasiones a través de la posesión, siempre. Ya no te hablo del Racing: en la liga de colegios mi equipo siempre era el más goleador, el que tenía más posesión… Siempre he tenido ese concepto de lo que es el fútbol. Por eso, si toco 80 balones durante un partido, será más fácil que me sienta más cómodo, más a gusto y pueda aportar más al equipo que si toco diez. Al final hay jugadores que defienden mejor de espaldas, están hechos para ir al remate, cada uno está hecho de una pasta y si tu equipo coincide de la manera que más te gusta pues es ideal.

Entonces, el Betis encarna ese ‘contexto’ ideal.

Sin duda, pero no solo en lo táctico. También la afición te genera esa confianza, ese entusiasmo, esa responsabilidad por hacer las cosas bien. Y luego a nivel físico he conseguido encontrarme en mi mejor momento. Me ha ayudado mucho tener tantos minutos, tanta continuidad, dejar de mirar de reojo a las lesiones, no tener ningún tipo de problema físico. Todo esto me ha dado más confianza en mi juego.

Escuchándote hablar sobre el fútbol que te gusta, ¿fueron Madrid y Valencia dos estancias productivas para tu desarrollo como futbolista?

Totalmente. Siempre intento quedarme con lo positivo. Estuve un año en el Madrid, sí. Lo fácil es pensar que, vale, no jugué nada… Pero si me paro a pensarlo bien: tenía 18 años, aprendí de los mejores jugadores del mundo, entrené con futbolistas de tanta calidad… Créeme que es una barbaridad, eso es algo que ya te hace crecer. A mí me hizo ser más inteligente en el campo. Guardo buenos recuerdos de ambas etapas.

No es fácil salir del Real Madrid sin que desde fuera se interprete como un paso atrás.

Pero es que tampoco he sido de pensar en lo que dejaba atrás. Es más, la única vez que sí me dije que tenía que resetear fue cuando me fui del Valencia [en un mercado invernal], porque ahí realmente sentí la necesidad de salir, por las dos lesiones de cruzados que había sufrido, porque me estaba costando muchísimo la segunda recuperación, volver a encontrar mi nivel… Allí sí que necesitaba coger aire. Veía que estaba encogido, y necesitaba soltarme otra vez. Y lo bien que me fue. Es importante detectar las necesidades en cada momento y yo supe que no podía dar mi máximo nivel en el Valencia.

¿Ahí ya identificas a la Real Sociedad como un refugio para volver a empezar?

Totalmente. De hecho, tuve varias ofertas. Pero aquella Real había entrado en Champions, contaba con jugadores muy buenos, la verdad es que crecí muchísimo, me encontré un vestuario que me hizo crecer también como persona, y cuando deje de ser futbolista me llevaré esos recuerdos como un tesoro. La Real tenía las cosas muy claras, una filosofía muy familiar, estuve muy a gusto, también el último año y medio me encontré genial, entramos en Europa y encadenamos años muy buenos.

Los millennials ya ven más YouTube que televisión. Y tú por edad estás dentro de esa franja. ¿Qué ‘consumes’ habitualmente?

Pues mira, últimamente veo cursos de fotografía, tutoriales para aprender a dominar la cámara. A mi familia y a mí nos gusta muchísimo viajar y, la verdad, me encantaría poder hacer mejores fotos.

¿Y no has buscado alguna vez compilaciones tuyas de cuando eras un chaval y jugabas en el Racing?

Antes sí. La verdad es que hace tiempo lo hacía. En momentos de bajón, sobre todo si estaba jugando mal o no encontraba mi nivel, me los ponía para motivarme y acordarme de lo que era capaz de hacer. De un tiempo a esta parte empecé a trabajar con un coach y por una serie de cosas ya no es algo que me hace falta, no lo necesito. No es que me hicieran bien o mal, simplemente ahora intento que no haya momentos de bajón. Para mí lo más importante en el fútbol es encontrar la continuidad, intentar estar bien, fuerte, arriba, y que un fallo no te haga daño. Eso que siempre se ha dicho: un balón perdido al principio del partido te mata lo que queda de choque. Evitar este tipo de cosas. Creo que trabajar la cabeza y la mentalidad en el deporte es muy, muy importante.

Circula un vídeo con tus dos goles al Sevilla que no está nada mal. La afición del Sánchez-Pizjuán te aplaudió al ser sustituido. Si llegan a saber dónde acabas, se lo hubieran pensado dos veces…

Es muy curioso porque llegué a ese partido en un momento muy bueno, me encontraba muy bien. Y sin embargo empecé fatal. Horroroso. Perdía todos los balones, chuté tres veces a puerta y los tres disparos se fueron al córner. Increíble, en serio. Me acuerdo que estaba en el campo y después de los primeros 15 minutos pensé: ‘Madre mía, ¿pero qué me pasa?’. De esto que das un pase y lo fallas, pero, de repente, en la primera que me quedo ante el portero… Recuerdo que había visto en YouTube un gol de un jugador del Udinese, Di Natale, creo que era él, que se quedaba solo y se la picaba al guardameta. Como tuve tanto tiempo para pensar, se me vino ese vídeo a la cabeza e hice lo mismo con Palop. Ahí sí que puedo decir que cambió mi vida futbolística.

Tu irrupción fue de todo menos gradual. ¿Se te exigió mucho demasiado pronto?

De cara al equipo, sobre todo. Hicimos una gran temporada hasta marzo. Llegamos a semis de la Copa del Rey, la verdad es que todo iba bien, pero al final de temporada sufrimos, luchamos hasta el final para no descender, y ahí sí que yo notaba que ‘buf, tengo que tirar de esto’. Ya se sabía que me iba al Madrid y, claro, estábamos en el alambre, necesitábamos una victoria y no llegaba, no llegaba… Allí sí que noté un poco esa presión. Pero realmente yo siempre que he salido a un campo lo he hecho para disfrutar, a darlo todo, y nunca pensando si nos jugábamos esto o lo otro. Cada partido, hasta los amistosos, intento dar el máximo y no pensar en el factor ambiental.

Bojan me dijo una vez que formar parte de un vestuario profesional y convivir con gente adulta le costó más que acostumbrarse a la fama.

Bueno, en el Racing, todo hay que decirlo, había un ambiente muy familiar. En ese sentido, yo estaba en mi casa, llevaba toda la vida jugando en las categorías inferiores, y más o menos conocía a todos y me conocían todos. En honor a la verdad, ahí dentro estaba Pedro Munitis, que cuando yo nací, él debutaba. Aprendí mucho de ellos y me ayudaron en todo. Pedro era un futbolista que se blindaba mucho, vivía en una burbuja, como profesional era un ’10’ y a mí me ayudó a crecer muchísimo.

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¿Hubo algo de todo aquel fenómeno que te abrumara especialmente?

Irme a Madrid fue complicado, no te lo voy a negar. De pasar a vivir en casa de tus padres, ir al colegio con tus amigos, de estar todas las tardes comiendo pipas en un banco a vivir solo en la capital… Hubo un boom muy grande y eso sí que lo noté. Me costó adaptarme pero, cuando lo hice, todo empezó a ir bien.

¿Cómo viviste como actor secundario aquella primera temporada de Mourinho en el Real Madrid?

Ese año el Madrid se enfrentaba al mejor Barça de la historia y, la verdad, eso era complicado. Pero es cierto que después de la derrota [5-0] en el Camp Nou, Mourinho dio una vuelta de tuerca al equipo y logró que todos los partidos posteriores fueran más igualados, que al menos el Barça no diera la sensación de tener tanta superioridad frente al Madrid. Parecía complicado ganarles, pero se pudo voltear la situación en la final de la Copa del Rey.

Con 28 años, ¿qué se te pasa por la cabeza cuando ves irrupciones bestiales de jugadores jóvenes? Ansu Fati, João Félix, Mbappé…

Pienso que los futbolistas están más preparados físicamente. Psicológicamente, no lo sé, pero, físicamente, entreno con jugadores del filial del Betis que los ves y… Van al choque, son fuertes, en el uno contra uno te cuestan, protegen bien, no les tiras. Yo en mi época recuerdo que se me hacían largos los partidos, que a veces no llegaba, era muy costoso.

 

“Me ponía vídeos míos con el Racing cuando estaba de bajón. Ahora ya no necesito hacerlo”

 

¿Qué consejo les darías?

Lo más importante es crecer, mejorar y tratar de evadirse un poco de todo lo que te rodea, centrarte en jugar a fútbol, que es lo que realmente importa. Aunque luego, también te digo, algunos de estos jugadores ya han demostrado estar de sobras preparados. Por ejemplo, a mí João Félix no me da la sensación de que sea un jugador joven, parece más maduro en el campo.

Cada vez se miden más parámetros en el fútbol. ¿Te gustan las estadísticas?

Yo soy muy de NBA. Me encanta. Es mi hobby favorito. Y lo primero que hago cada mañana al levantarme, cuando hay competiciones, es buscar las estadísticas de cada jugador. En el fútbol no estoy acostumbrado y se me hace un poco raro. Pero sí que es cierto que cada vez más a los futbolistas nos lo miden todo. Pases, kilómetros, porcentaje de acierto, velocidad… Estamos analizados al milímetro. Puede que todavía se me haga raro pero al final no dejan de ser datos objetivos. En base a eso, de alguna manera, se pueden trazar rendimientos. Aunque no sé hasta qué punto, al ser un deporte de once contra once, estos datos se pueden equiparar al de otras disciplinas.

¿Con tantos datos no corremos el riesgo de perder matices? El fútbol no es una ciencia exacta.

Ahí voy. Es que el fútbol no es un deporte tan individualista. En baloncesto si alguien hace un triple-doble probablemente sea la estrella. Pero alguien que marque un gol en un partido puede haber perdido 15 balones. Y a lo mejor, ojo, ese gol es el que ha ganado el partido. Es muy distinto, no creo que el fútbol se pueda entender solamente a través de la estadística.

Déjame probar con una. Has sido suplente casi un centenar de veces en tu carrera. ¿Han sido muchas?

No, la verdad es que no. Porque el año de la Real me acuerdo que después de mi tercera lesión de rodilla fui, aunque jugué la mayoría de partidos, el jugador número 12. La sensación que yo tengo es que he acumulado muchos ‘banquillos’ al volver de lesiones graves. He tenido tres de larga duración y durante la racha posterior siempre salía en la segunda parte. A nivel físico, eso también lo he notado y luego, claro, el año del Madrid me tocó también tocar bastante banquillo. Entonces, bueno, al final, es mucho o poco dependiendo de las circunstancias vividas.

¿Te sientes más fuerte ahora que con 18 años?

Sí, totalmente. He cambiado mucho. Como jugador, sobre todo. Ahora valoro más el trabajo que el partido. O sea, disfruto el partido porque a mí me encanta el fútbol. Pero disfruto del día a día, de trabajar, el pre partido, los ejercicios que me permiten saber que voy a estar al 100% durante 90 minutos. Le doy más valor al trabajo diario. Llegar dos horas antes, hacer gimnasio, es algo que me da mucha confianza y tranquilidad.

La disciplina, la musculatura, la alimentación… ¿Recuperarte de tres graves lesiones también te ha hecho valorar más lo que cuesta jugar?

Todo ha influido. En el Madrid es donde empecé a aprender a jugar poco y creo que es cuando hice el primer cambio de chip: si quieres estar aquí [señala arriba con la mano], tienes que pelearlo: cuidarte más, trabajar más. Luego, claro, también aprendí que para ser un buen profesional debía cuidar mi alimentación, sobre todo con mi historial de lesiones. Al final vas buscando personas de las que rodearte para fortalecer ese trabajo. Y estoy agradecido a todas ellas porque han sabido detectar muchos elementos de mejora.

Ahora que sacas el tema de la alimentación. Me cuentan que eres un friki de la nutrición.

Digamos que me gusta encontrar alimentos que puedan aportarme ciertos nutrientes. Cuando me puse por primera vez en manos de mi nutricionista, fui con dolores en la rodilla, me levantaba con dolor, jugaba con dolor continuamente, durante uno o dos años jugué con dolor, siempre, cada partido. Pues aunque yo ya comía bien, ella me recondujo. Y de repente cambió todo, me quité los dolores de encima, estuve mucho más cómodo y empecé a entrenar mejor.

En el juego también hay cambios evidentes. En la Real eras un acelerador de jugadas. En el Betis, además, tienes más responsabilidad en la construcción, sin perder ese desborde o esa llegada. ¿A qué achacas esta evolución?

Bueno, supongo que es porque soy un poco o bastante cabezón. Cuando empecé a trabajar con un coach, una de mis obsesiones era quitarme los dolores, eso era fundamental, pero también le dije que una de mis mayores frustraciones era… A ver, yo soy mediapunta, y esta posición siempre suele tener la etiqueta de jugador frío, que aparece y desaparece, de un partido sí y otro no. Y yo me quería quitar ese sambenito de jugador intermitente, para ser constante, regular, estar siempre en contacto con el balón, ayudar a mis compañeros. Es lo que me propuse. Y me ayudó mucho. Por eso ahora, muchas veces, durante el partido, estoy en el campo y me digo: ‘A ver, métete ya. Ya’.

Ser mediapunta en un fútbol que cada vez da menos cabida al mediapunta. Evolucionar o morir.

Me di cuenta de que tenía que aprender otras cosas: a tener más llegada, a desmarcarme… Y, bueno, intenté también inspirarme en compañeros. Uno de ellos es Juanmi. Me fijaba en el tipo de desmarque que hacía cuando a mí me tocaba jugar más en banda, al final, también, de lo que se trata es de no ser un jugador de una sola posición: poder hacerlo en un costado, de interior, en la base para sacar la pelota…

¿Esa polivalencia, crees que es la que te abrió las puertas de la absoluta hace unos meses?

Es cierto que un entrenador me dijo que si podía jugar en cuatro posiciones, mejor que en una. Y tiene razón porque quizá en tu posición ya juega el mejor del equipo, y si puedes jugar en otros sitios rindiendo al mismo nivel es algo que cualquier equipo o entrenador quiere tener. Y en eso me he aplicado.

Muchos de los jugadores con los que compites por un puesto en la selección también buscan tener un perfil más polivalente. Pienso en Fabián o Dani Ceballos, curiosamente dos exbéticos.

Lo cual habla muy bien de cómo trabaja el Betis, de su filosofía, de lo que es capaz de generar esta cantera. Sé la competencia que hay, yo voy a darlo todo para estar en la selección. Pero jamás pensaré que si no lo consigo es un fracaso. Es algo que también cambié de mi forma de entender el deporte y me ayudó a jugar más tranquilo: metiéndote tanta presión no te ayudas. No me siento en inferioridad con respecto al resto de jugadores. Considero que si todos estamos luchando por una plaza en una de las mejores selecciones del mundo es porque tenemos un nivel parecido.

 

“No me siento en inferioridad. Considero que si todos estamos luchando por una plaza en una de las mejores selecciones del mundo es porque tenemos un nivel parecido”

 

¿Te has sentido alguna vez el líder de un equipo?

Bueno, a ver… Soy una persona a la que le gusta llevarse bien con todos y dentro de un vestuario intento que haya siempre buen ambiente, que no haya grupos. En este sentido me gusta también asumir un poco el rol de graciosete. Y fuera, pues no te voy a engañar, ahora en el Betis sí siento una gran responsabilidad y siento que el equipo me necesita y que yo lo necesito a él. Sé, por ejemplo, que en los momentos malos es cuando más deberé aparecer.

¿Te sorprendió el fichaje de Nabil Fekir? ¿Qué sabías de él antes de su llegada?

Campeón del mundo, eso habla por sí solo. Aunque en honor a la verdad no había visto demasiados partidos del Lyon. Me habían hablado muy bien, se le veía un jugador diferente. Pero cuando lo ves entrenar y juegas a su lado… Yo esperaba mucho de él pero ves detalles de cómo trabaja en defensa, cómo recupera… No le quema el balón, es un jugador diferente que nunca se esconde. Un jugador por el que pagas una entrada.

Tienes cara de buen chaval. ¿Eso en el fútbol te ha traído más cosas buenas o malas?

No sé, para mí la persona es más importante que el futbolista. Y en ese sentido siempre he intentado ayudar a los compañeros.

Si el fútbol no se te hubiera dado bien, ¿quién sería hoy Sergio Canales?

Probablemente un fisioterapeuta, un nutricionista o un preparador físico, trabajaría en el deporte. Aunque de pequeño me gustaba mucho el periodismo.

¿En otra vida te gustaría ser negro y jugar al baloncesto como los ángeles?

Pues sí, para qué engañarte. ¡Y con el pelo a lo afro! Buah, soy increíblemente afortunado por tener la familia que tengo, ser de Santander, ganarme la vida como futbolista… Pero es que la NBA y el baloncesto me flipan muchísimo.

No he querido preguntarte por la espina de pes cado que tienes en tu rodilla izquierda. ¿La sueles tocar, mirar, no sé, le hablas?

La tercera lesión de rodilla fue para mí la más complicada. Tras la operación estábamos con unos colegas y decidimos que había que ponerle un toque de humor a esa cicatriz. Y me tatué una espina de pescado encima. Ahora siempre que la veo me hace gracia. De ninguna lesión me he guardado nada malo. Todas me han ayudado a crecer como futbolista y como persona.

¿Se puede vivir sin miedo?

Se debe vivir sin miedo.

¿Y desde que eres padre?

Bueno… Se hace un poco más difícil.