La primera manga de las semifinales de esta Champions League estuvo a la altura de lo que exige la mejor competición de clubes del planeta. Cuatro equipos de estilos y orígenes dispares honraron a la Copa de Europa en Londres y Barcelona. A cada revés, a cada gol encajado o a cada susto en el cuerpo, Tottenham, Ajax, Barcelona y Liverpool siempre quisieron responder sacando lo mejor de sí mismos para no perderle la cara al partido y a la eliminatoria. “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”, repetía Nelson Mandela. Y eso fue exactamente lo que hicieron los semifinalistas de la Champions, no venirse abajo cuando el rival más los estaba martirizando. Así, Ajax y Barça consiguieron fantásticos resultados para la vuelta; y Tottenham y Liverpool, por su parte, no dejaron de luchar para seguir vivos en la pugna por la ‘Orejona’. Solo queda hora y media para que lo underground se entremezcle con la realeza europea el próximo 1 de junio en Madrid.

 

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“Les hemos quitado el balón un grupo de amigos y chavales jóvenes que se han dejado todo para llegar hasta aquí”, dijo Iago Aspas tras caer eliminado en Old Trafford, a las puertas de la final de la Europa League, hace un par de años. Palabras que, más allá de lo que el destino les depare a partir del próximo miércoles, podrían salir perfectamente de la boca de cualquiera de los futbolistas que componen la plantilla ‘ajacied’. Porque este Ajax, desenfadado, atrevido y valiente como pocos, ya difícilmente caerá en el olvido de los amantes del fútbol después de conquistar las mejores plazas del Viejo Continente.

 

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A veces hay personas que no impactan de primeras. Engañan, juegan con el silencio, viven detrás de los focos esperando el momento perfecto para pasar al primer plano. Y al principio de esta historia, cuando el liderazgo de De Ligt, la sutileza de De Jong, la electricidad de Neres y Ziyech y la determinación de Tadic cobraron mayor relevancia, Donny van de Beek encajaba como anillo al dedo con este perfil. Sus pintas no son las del mediapunta clásico. Su estilo, tampoco. Es un todoterreno que ha adaptado su juego a esa posición. Aparece por todas partes, corre, juega sencillo y, además, todo lo que hace, lo hace bien. Hoy, después de acercar un poco más a su equipo a la final del Metropolitano, Van de Beek ya no engaña a nadie.

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Barça y Liverpool cogieron el mando de la tele, apretaron el botón de las dos flechitas apuntando a la derecha y multiplicaron la velocidad del encuentro hasta ritmos prácticamente sobrehumanos. Salah y Alba trucaron sus motos para ver cuál era más potente, Robertson galopó por la línea de banda cual galgo desatado, Sergi Roberto, polivalente, visitó las dos áreas una y otra vez. Y así todos, hasta el noventa y pico, cuando Björn Kuipers, el colegiado, les indicó que su extraordinaria función había acabado y, que si lo deseaban podían parar de correr. De la exhibición y persistencia del Liverpool a la resistencia inquebrantable del Barcelona, pasando por Jürgen Klopp y Ernesto Valverde reinventando sus pizarras. Lo del Camp Nou fue una oda al fútbol en mayúsculas. Y a todo eso, por si fuera poco, hay que sumarle a Leo Messi paseándose por su templo. Para flipar.

 

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Otro que corrió fue Arturo Vidal. Aunque quizá él merezca una mención aparte, porque lo de correr es algo que se le queda un poco corto. Mientras estilos, filosofías, choques contraculturales y demás apologías se debaten lejos del césped, el ‘Rey’ disfruta enjaulado en ese rectángulo. Atropella, cae, roba, juega, lucha y se desvive por la victoria como nadie. En cualquier partido, en cualquier escenario, en cualquier competición. Tipos como el chileno, mejor verlos vestidos con la camiseta de tu equipo.