Cuando hablamos de lo que necesita una selección para proclamarse campeona de Europa o del mundo nos olvidamos de lo más evidente: en realidad sólo tiene que ganar siete partidos en un mes en concreto y ante ciertos rivales. Ni más, ni menos.

Es obvio que esto le quita romanticismo, glamour y grandeza a un honor que se prolongará durante cuatro años y que todos recordaremos toda la vida, pero de cara a analizar lo que puede ser España en la próxima Eurocopa el concepto del timing es muy importante. ¿Cómo llegan los futbolistas? ¿Cómo ha sido su temporada en sus clubes? ¿Les han afectado los fichajes? ¿Cómo está desarrollándose el talento joven una vez irrumpe en la élite? A nueves meses de arrancar la Eurocopa 2020 y a tres años de hacer lo propio el Mundial 2022 conviene abrir este debate en clave España.

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Sobre todo porque, al menos en las últimas temporadas, los movimientos de los tres clubes que vienen concentrando el talento nacional no han ayudado precisamente a llevar a cabo el proceso de transición que necesitaba llevar a cabo la Selección.

La Masía dejó de producir talento y el FC Barcelona comenzó a sustituir sus piezas nacionales por otras internacionales. En la apuesta por Rakitic o Arthur y no por otro tipo de futbolista, desde Koke a Ceballos pasando por Parejo, la Selección se vio afectada. ¿O acaso alguien duda que Parejo no hubiese sido titular en el pasado Mundial de haber llegado cuando lo demandó Valverde para iniciar su proyecto?

Quien sí comenzó a apostar por fichar todo lo nacional que destacaba fue un Real Madrid que venía de perder dicho posicionamiento. Primero fue Isco, luego Asensio y Vallejo, y más tarde Ceballos. Pero ninguno ha terminado de romper el techo de cristal y ninguno, al menos por ahora, se ha erigido en el relevo de los Xavi, Xabi, Iniesta, Silva y compañía, que es a lo que apuntaban cuando se iban proclamando campeones de Europa Sub-19 y Sub-21 prácticamente cada verano.

 

Los clubes tienen que vigilar sus intereses. La Selección va siempre a remolque. Pero dicho esto es evidente que el desarrollo de los futbolistas que debían reformular el juego de España no ha sido el correcto

 

En el caso del Atlético de Madrid ha tenido más que ver la cuestión estilística. Aunque de la mano de Diego Pablo Simeone tanto Koke como Saúl Ñíguez sean mejores futbolistas ahora que hace unos años, acumulando experiencia y un callo competitivo a prueba de balas, lo cierto es que su evolución no ha ido en consonancia a lo que, seguramente, espera y necesita la Selección de sus centrocampistas. Ellos sí han jugado, ellos sí han crecido, pero lo han hecho en otra dirección.

Con esto ni mucho menos quiero culpar a los clubes de los problemas de juego que ha tenido la Selección en los últimos grandes torneos. Los clubes únicamente tienen que vigilar sus intereses. Guste o no guste, la Selección va aparte y siempre a remolque. Pero dicho esto es evidente que el desarrollo de los futbolistas que debían reformular el juego de la Selección no ha sido el correcto, y por eso ahora mismo en el once titular de España hay más dudas que certezas.

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Sin embargo, lo ocurrido en los últimos meses abre una puerta a la esperanza. Por un lado, el proyecto de Marcelino en Valencia ha permitido que el club ‘che’ vuelva a aportar una cantidad importante de futbolistas como ya hiciera en 2008 con Marchena, Raúl Albiol, David Silva y David Villa, cuando fue el equipo con más jugadores en la convocatoria. Obviamente es inviable que José Luis Gayà, Dani Parejo y Rodrigo Moreno tengan el impacto en la Selección que tuvieron sobre todo los dos últimos, pero la clave está en su brutal importancia en un equipo que debe aspirar a ser un problema para cualquier conjunto europeo. El año pasado ya lo fue. Y Dani Parejo fue el mejor centrocampista de la temporada. De haber habido Eurocopa o Mundial en ese momento, Parejo le hubiese dado mucho a la Selección.

Algo parecido se puede decir, a título individual y concreto, de hombres como Mikel Oyarzabal en la Real Sociedad, de Denis Suárez o Iago Aspas en el Celta o incluso de Mario Hermoso en el Atlético de Madrid y de Pablo Sarabia en el PSG.

Sí, todos estos jugadores ahora parecen pequeños. Son nombres que hoy no suenan a campeones de Europa en 2020, ¿verdad? Estamos de acuerdo. Pero hagamos un ejercicio de abstracción honesta. Situémonos en mayo de 2008. ¿Alguien veía a Carlos Marchena siendo todo un seguro de vida en la Eurocopa? ¿Quién de vosotros pensaba que Marcos Senna, que fue titular porque Koeman sentó a David Albelda, iba a controlar el tempo de aquellos partidos como si jugase con cadetes? ¿Y Cazorla qué? ¿Alguien le veía para tanto? Pero esperad, esperad: ¿Y Dani Guiza? ¿Quién veía a Dani Guiza siendo un recurso tan útil en el final de los partidos? Nadie, ahora mismo realmente nadie, porque por desgracia el único que lo vio ya no está entre nosotros.

Porque por no ver, ciertamente, no veíamos ni lo que sería Xavi Hernández. Un jugador del que todos dudamos aunque ninguno lo admitamos ahora. Un jugador al que le cambió la vida y la carrera ese verano 2008. Un jugador que por supuesto tenía eso dentro. Pero había que liberarlo. Y vaya que sí se liberó.

En muchos de estos nombres ya dados está la posibilidad de reforzar una base de jugadores que, eso sí, todavía no existe. España 2008 llevaba a cuestas la experiencia de 2006, algo con lo que ciertamente no va a contar España 2020. Xavi ya tenía un recorrido. Ya había perdido. Como lo habían hecho otros tantos futbolistas. Pero, dicho esto y volviendo a lo que ha pasado en los últimos meses, el mercado de fichajes 2019 ha sido tremendamente favorable para los intereses de la Selección a partir de tres movimientos concretos: la consolidación de Fabián en Nápoles, la cesión de Dani Ceballos al Arsenal y el fichaje de Rodri Hernández por el Manchester City.

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A día de hoy da la sensación de que en el medio plazo España llegará hasta donde puedan llegar ellos. Y lo cierto es que estos tres escenarios deben ser tremendamente positivos para, primero, el desarrollo de su talento y, segundo, pero no menos importante, llegar con la flechita para arriba al próximo 12 de junio.

Sin Hamsik, Fabián es capitán general de un Nápoles que está dibujando un 2-3-4-1 en ataque posicional y que no tiene más brújula que la suya. Él es uno de los proyectos de centrocampistas con más potencial del momento. Un two way player además, con lo que lo necesita la Selección. Y Carlo Ancelotti y este Nápoles parecen el quién y el dónde indicados para desarrollarlo.

 

El mercado de fichajes 2019 ha sido favorable para los intereses de la Selección a partir de tres movimientos: la consolidación de Fabián en Nápoles, la cesión de Dani Ceballos al Arsenal y el fichaje de Rodri por el City

 

Algo muy parecido a lo que pasa con Rodri Hernández. España en la posición de mediocentro tiene a un talento desaprovechado. Porque la Selección viene haciéndole la vida imposible a un Busquets que, en dichos escenarios, parece transparente. Por eso la oportunidad de ver a Rodri Hernández bajo la batuta del mayor desarrollador de talentos del fútbol contemporáneo es mayúscula. Para relevar a Busquets o para acompañarlo como ya hiciera el propio Sergio con Xabi Alonso, es igual, la cuestión es que si Rodri está a la altura, el City y Pep le van a llevar a otra dimensión.

Y por último, Dani Ceballos. El Emirates tardó un día en rendirse a un talento diferente que simple y llanamente necesita quince partidos seguidos para demostrar por qué está capacitado para jugar en absolutamente cualquier equipo. Porque sí, hasta los mejores necesitan quince partidos seguidos. En el Arsenal, en el Real Madrid, en el Barcelona o en la Selección. Y este año en la Premier League lo va a tener con dos extras añadidos en clave Selección: ya sabemos que es complementario con Fabián Ruiz y Emery le necesita no para filtrar detalles, sino para escribir el guion del partido.

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No hay duda de que la Selección española plantea muchas dudas. Es evidente que ya se ha generado un clima de desconfianza que no va a favorecer de primeras al juego de la selección. Y también es cierto que España parte en desventaja respecto a muchas selecciones. No hay mucho lugar, a día de hoy, para el optimismo. Es lógico.

Pero alejémonos del misticismo y la grandilocuencia: para proclamarte campeón de Europa en realidad sólo tienes que ganar siete partidos en un mes en concreto. Y España tiene la suficiente materia prima para reescribir su propia historia si llega a la cita con varios jugadores en racha y la moneda sale cara como en su día ante Italia.

Porque nada cambia tanto como ganar. Y porque en cierta medida la gran diferencia entre varios de los campeones de 2008 y los aspirantes al título en 2020 que hoy inician una nueva etapa con Robert Moreno es que lo primeros nos obligaron a mirarles de otro modo tras aquel gol histórico de Fernando Torres.

Pero tenedlo en cuenta: allá por septiembre de 2007, sólo un Sabio los veía así.