Escarbando en la interminable galería de proezas de Lionel Messi, uno puede encontrar una de muy especial. Sucedió la noche del 10 de abril de 2013 en un partido en el que, curiosamente, Leo ni fue titular, ni marcó, ni asistió. De hecho, solo tuvo que estar, como dice el proverbio popular, en el momento justo y el lugar adecuado.

No era un partido cualquiera. El Barça estaba virtualmente eliminado de la Champions League a manos del PSG, que ganaba 0-1 con gol de Pastore, justo cuando corría el minuto 62, momento en el que Tito Vilanova dio entrada al crack argentino. En aquel instante se produjo el primero de los desvaríos de la noche: toda una hinchada entregándose alocadamente a un futbolista lesionado. ¿Increible?

Si no fuera porque se trataba de Messi, hubiera parecido una falta de respeto al resto de los futbolistas presentes, a cada cual más sano que un roble. Sin embargo, fiarlo todo a Leo, por cojo que anduviera, no fue para nada un acto de insensatez teniendo en cuenta su papel decisivo en el devenir del encuentro. Lo que pareció ser una quimera global terminó por ser un llamamiento absolutamente razonable, una visión, una especie de delirio controlado.

 


“No quedaba más remedio que recurrir a Messi, incluso a la pata coja, roto como tenía el bíceps de la pierna derecha, intimidador como es el mejor jugador del mundo con una sola pierna” Ramon Besa [El País, 10 de abril de 2013]


 

El segundo desvarío vino dado por la asustadiza reacción de los jugadores rivales a la entrada del argentino, quién sembró por completo el pánico en todos y cada uno de ellos. Los espectadores del Camp Nou estaban asistiendo a algo prácticamente inédito: el altísimo grado de influencia que un sólo futbolista podía tener en un partido sin siquiera haber tocado el balón. ¿Una locura?

Sólo Messi es capaz de normalizar según qué situaciones inimaginables en una eliminatoria de Champions. El marcador no había alcanzado el minuto 63 y los jugadores de Carlo Ancelotti ya habían reculado diez metros su posición en el campo. Asombraba la pusilanimidad y el estado casi paranormal de algunos futbolistas de la talla de Thiago Silva o Marco Verratti en un momento tan determinante del torneo.

Pero Leo no solamente hizo enfermar a los jugadores del PSG, sino que abrió un nuevo paradigma en el mundo del fútbol: el desarrollo efectivo de un jugador lesionado en plena competición (tercer desvarío). Ciertamente, la inteligencia espacio-temporal es una de las virtudes sobre las que se construye el genio de Messi, la misma que le concedió el lujo de poder participar de un partido incluso padeciendo una lesión muscular en su bíceps femoral derecho.

Consciente de sus limitaciones físicas, el ’10’ moldeó la situación del partido encaminándola hacia su propio beneficio, ubicándose constantemente muy cerca del balón, en la zona central, allí donde gozaba de más oportunidades para permanecer conectado a la jugada. Aquello fue la prueba definitiva de que la calculadora de Messi sabe siempre cuánto, cómo y por qué desplazarse con el fin de ser resolutiva. Y todavía quedaba lo mejor…

 


“Leo demostró que incluso lesionado es el mejor del mundo. El rosarino se zafó de Motta y Verratti en la zona de tres cuartos y metió un pase preciso al interior del área para que Villa dejara de cara ante la llegada de Pedro” Toni Juanmartí [Sport, 10 de abril de 2013]


 

Aquella noche solo faltaba que la calculadora cambiase el ‘modo lesión’ por el desparpajo absoluto. El cuarto y último desvarío no tiene explicación alguna: cómo un futbolista, renqueante de su pierna derecha, es capaz de sortear a dos adversarios encarrilando la jugada del gol de su equipo.

Como por arte de magia, Leo pasó de la contención a su mejor versión, dejando atrás a Motta y Verratti con dos regates fabulosos al borde del área. La jugada acabó en gol de Pedro, el del empate, el que necesitaba el Barça para pasar a semifinales. Éxtasis. El público, que ya lo vislumbraba de antemano, aplaudía con la satisfacción de haberse consumado su presagio. ¿Milagro?

No si se está en el momento justo y el lugar adecuado.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía de Getty Images.