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Jock Stein, la leyenda del Celtic que inspiró a Ferguson

Lisboa, 1967. Un club escocés frente a un gigante italiano. En medio del ruido y la incredulidad, Jock Stein, entrenador del Celtic, se dispone a cumplir su misión

Celtic

25 de mayo de 1967. No era un día cualquiera. El fútbol europeo contenía la respiración, sin imaginar que un equipo escocés estaba a punto de demostrar que, sobre el césped, incluso los sueños más inverosímiles pueden cumplirse. Antes de la llegada de Jock Stein a su banquillo, el Celtic llevaba más de una década sin conquistar la liga, mientras Rangers y otros clubes nacionales dominaban el campeonato doméstico. Y en Europa nadie lo consideraba un candidato. La historia estaba en contra, pero Stein decidió reescribirla. 

En el Estadio Nacional de Lisboa, el Celtic de Glasgow se enfrentaba en la final de la Copa de Europa al Inter de Milán de Helenio Herrera, un coloso construido sobre defensas férreas y transiciones letales. Herrera había perfeccionado el catenaccio: una línea defensiva rígida caracterizada por el marcaje al hombre y por los contraataques explosivos. Los italianos eran un muro que pocos podían atravesar. Nadie daba un céntimo por los escoceses. Todos dudaban, menos Jock Stein. “No miren los nombres, miren el corazón”; esta frase que se le ha asociado al técnico como reflejo de su filosofía antes de los partidos importantes. Y no es que su equipo fuera una banda de desconocidos, en sus filas contaba con jugadores de gran calidad. Jimmy Johnstone, Billy McNeill, Tommy Gemmell o Stevie Chalmers, entre otros. Stein sabía a la perfección que no tenía superhéroes en su equipo, pero es que sinceramente tampoco los necesitaba: dirigía a un equipo con talento, pero sobre todo con hambre, rasgo más que suficiente para desafiar a cualquier gigante.

 

Stein sabía a la perfección que no tenía superhéroes en su equipo, pero tampoco los necesitaba: dirigía a un conjunto con talento, pero sobre todo con hambre

 

A diferencia del entrenador argentino, la propuesta de Stein era un manifiesto de fútbol valiente y organizado. Una pauta diametralmente opuesta a la del Inter. Su Celtic se movía como un reloj suizo, pero tenía alma de rebelde: Jimmy Johnstone y Stevie Chalmers desbordaban las bandas, McNeill lideraba la defensa con una inteligencia y anticipación adelantadas a su época, y Tommy Gemmell se incorporaba al ataque como si de un extremo más se tratase. Stein combinaba rigor táctico con libertad creativa, una dualidad que desconcertaba a los intérpretes del catenaccio: los escoceses ocupaban espacios, intercambiaban posiciones y atacaban en masa, dejando al Inter, que nunca había visto tal ritmo y atrevimiento en un oponente, completamente desarmado. 

El silbato final del colegiado en Lisboa confirmó la sorpresa: 2-1 para el Celtic. Stevie Chalmers había marcado el gol decisivo, mientras Tommy Gemmell ya había hecho historia al ser el primer lateral en anotar en una final de Copa de Europa. El estadio estalló en un rugido que retumbó por todo Portugal, y el Inter de Herrera se quedó perplejo ante la audacia y coordinación de los escoceses. Los ‘Lisbon Lions’ habían escrito su nombre en la historia convirtiéndose en el primer equipo británico en levantar la ‘orejona’. 

En un segundo plano, un joven Alex Ferguson, que acabaría siendo ayudante de su admirado Stein en la selección escocesa,  analizaba cada decisión de Stein con la atención de un pupilo que está ante su maestro. En aquel cuerpo técnico, Ferguson aprendió algo más que lecciones tácticas: interiorizó la importancia de la gestión de los egos, entendió cómo se debía leer el juego y cómo se podía construir un equipo desde la mentalidad colectiva. Como él mismo recordaría años después, Stein le enseñó a “respetar a cada jugador como persona y a construir un equipo más allá del talento individual”, una filosofía que marcaría toda su carrera.

 

Como el propio Ferguson recordaría años después, Stein le enseñó “a respetar a cada jugador como persona y a construir un equipo más allá del talento individual”

 

Esa capacidad para combinar disciplina con libertad, rigor con creatividad, también marcaría el libreto de Sir Alex con el que se convirtió en una leyenda de los banquillos; el Manchester United de Ferguson sería envidiado, entre otras cosas, por su adaptabilidad, su capacidad de reaccionar ante las adversidades y por la gestión impecable de uno los vestuarios más complejos del mundo. 

Además, Stein le dejó otra enseñanza clave: la preparación mental. Observando en primera persona cómo motivaba a los jugadores, Ferguson entendió que todo triunfo empieza en la mente. No hay victoria sin confianza. Cada sesión de entrenamiento, cada charla en el vestuario, cada gesto de confianza transmitido por Stein era parte de un método que años después Sir Alex adoptaría para moldear a varias generaciones de futbolistas en Old Trafford.

Lisboa no sólo consolidó a Stein como leyenda —tras conquistar nueve ligas escocesas consecutivas, seis Copas de Escocia, cinco Copas de la Liga y, por supuesto, la histórica Copa de Europa de 1967—; también plantó la semilla del Ferguson que dominaría el fútbol inglés durante más de dos décadas.

 


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Fotografía de portada de Getty Images.