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Hugo Ekitike: el nombre que ya corea Anfield

Nacido en Reims en junio de 2002, hijo de madre francesa y padre camerunés, Hugo Ekitike dio sus primeros pasos en el modesto Cormontreuil FC galo antes de ingresar, con 11 años, en la academia del Stade de Reims. Allí creció un delantero de morfología inusual y paciencia infinita. Desde el principio llamaba la atención: demasiado alto para su edad, con una zancada poco común, pero también con una serenidad sorprendente dentro del área. Sus entrenadores lo fueron ascendiendo cada curso en las categorías inferiores, convencidos de que aquel físico extraño, a la larga, podía convertirse en una virtud.

En 2020, con apenas 17 años, firmó su primer contrato profesional y poco después dio el salto: debutó con el Stade de Reims en Ligue 1 frente al Lorient. En enero de 2021 aceptó un desafío insólito: una cesión al Vejle Boldklub danés. Allí, entre el frío, los viajes interminables y un fútbol físico que no perdonaba debilidades, marcó tres goles en once partidos y regresó con la certeza de que su lugar estaba en la élite.

El despertar definitivo llegó en la Ligue 1 2021-22. Recién llegado de Dinamarca, salió del banquillo contra el Nantes y en pocos minutos firmó un doblete. No se detuvo ahí: cerró la temporada con 10 goles en 26 partidos, cifras de veterano para un chico de 19 años. Inglaterra ya había posado sus ojos en él. La primera oferta llegó del Newcastle en enero de 2022, pero Ekitike prefirió esperar.

 

Desde el principio llamaba la atención: demasiado alto para su edad, con una zancada poco común, pero también con una serenidad sorprendente dentro del área

 

El siguiente capítulo lo escribió París. El PSG lo reclutó en 2022, primero a préstamo y después en propiedad, como si quisiera guardar para sí la promesa de Reims. Pero el Parque de los Príncipes no es lugar para aprender a caminar. Bajo el resplandor de Messi, Neymar y Mbappé, Ekitike apenas tuvo voz. Su carrera quedó en suspenso, como si aquel salto desmesurado hubiera llegado demasiado pronto.

La redención apareció en Alemania. En febrero de 2024 aterrizó en el Eintracht Frankfurt, al principio como cedido y después como fichaje definitivo por 16,5 millones de euros. Lejos de los focos parisinos, encontró lo que más necesitaba: tiempo, confianza y un club dispuesto a ponerlo en el centro de la escena. En la Bundesliga 24-25 firmó 15 goles en 33 partidos, fue incluido en el Equipo del Año y recuperó la alegría de jugar, esa que París le había negado.

La llamada definitiva ha llegado este mismo verano. El 23 de julio de 2025, el Liverpool apostó fuerte: 95 millones de euros —80 fijos y 15 variables—, convirtiéndolo en uno de los fichajes más caros de su historia. Ha firmado hasta 2031, rechazando propuestas de Newcastle y Manchester United. Para muchos, la cifra que pagó el equipo era una carga. Para Ekitike, simplemente una nueva meta que superar.

 

Hoy, cada vez que pisa Anfield, transmite la sensación de que siempre ha estado ahí. Su zancada larga, la calma en el área, la manera de imponerse entre los centrales. No parece un recién llegado

 

Y la respuesta no se ha hecho esperar. El 10 de agosto, en la Community Shield frente al City, entró desde el banquillo y marcó a los cuatro minutos. Cinco días más tarde, en su debut en la Premier contra el Bournemouth, anotó un gol y repartió una asistencia en la victoria por 4-2. En la jornada siguiente volvió a marcar. Tres partidos oficiales, tres goles y una asistencia: la carta de presentación perfecta.

Hoy, cada vez que pisa Anfield, transmite la sensación de que siempre ha estado ahí. Su zancada larga, la calma en el área, la manera de imponerse entre los centrales. No parece un recién llegado, sino un delantero hecho para el Liverpool.

Y hace unos días llegó la confirmación definitiva: Didier Deschamps lo ha convocado por primera vez con la selección francesa, tras la baja de Rayan Cherki.

Su historia recuerda que no hay carreras lineales en el fútbol. Que se puede fracasar en París, renacer en Frankfurt y conquistar Anfield en una misma vida. Ekitike no juega para convencer a nadie: juega porque, al fin, ha encontrado su lugar.

 


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Fotografía de portada de Getty Images.

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