Miradas

Laia Ballesté, la llamada de un verano inolvidable

La vida de Laia Ballesté no parece haber cambiado mucho tras vivir quizá uno de los veranos más especiales de su carrera como futbolista. Se levanta a las siete, entrena por la mañana y luego sesión de vídeo para preparar el inicio de liga. Aunque hoy ha aceptado nuestra propuesta. En la Ciudad Deportiva Dani Jarque nos recibe para hablar sobre la Eurocopa y la nueva temporada que encara en este segundo año con el Espanyol. Su nombre es cada vez más conocido. Muchos medios se hicieron eco de su doble nacionalidad y de la convocatoria de última hora con la selección suiza. Incluso The New York Times le dedicó un artículo donde su madre, la señora Sciora, hablaba sobre aquella llamada de Pia Sundhage y sobre cómo fue su llegada a L’Ampolla (Tarragona), donde Laia empezaría años más tarde su historia.

Sin embargo, Laia reconoce que esto de ser mediática no le gusta. Que incluso durante el torneo se sintió saturada y con la necesidad de quitarse el móvil. Le prometo que no vamos a tardar mucho, aunque desde el primer momento se muestra dispuesta y se nota que estamos en su casa. Porque, más allá de esa promesa a su abuela y a su madre, sus mayores apoyos desde que comenzó a patear el balón, llegar a Suiza desde luego ha sido un sueño. Y es que, de verlas por televisión, ha acabado compartiendo vestuario con ellas: Ramona Bachmann, Crnogorcevic, Viola Calligaris y ahora una joven Sydney Schertenleib, con la que Laia me ayuda con su pronunciación. Pero da igual, porque Laia no ha tenido ni que subirse a la nube para disfrutar de la experiencia. Porque, aunque le preguntemos por la Laia de hoy, nos responde de la misma forma la Laia de ayer.

¿Qué se siente al salir a calentar delante de 34.000 personas?

Se me puso la piel de gallina. Impresionaba una barbaridad. Ya solo con el recorrido en bus antes de llegar al estadio. Ni dentro de la selección pensaban que habría tanta afición. De hecho, al día siguiente de la eliminación ante España, teníamos planeado desayunar juntas y luego ya cada una irse a sus cosas. Sin embargo, nos dijeron que todavía no podíamos, que los fans pedían darnos una despedida e incluso, bajo la lluvia, nos reunieron en una plaza repleta de gente. Fue increíble, porque, a pesar de la derrota, nos agradecieron todo lo que habíamos dado.

Entonces, ha sido un verano intenso. Pocas vacaciones habrás tenido…

Tampoco es que me guste tener muchas, me gusta entrenar, pero sí, desde que acabé la temporada con el Espanyol no paré. Fue terminar y empezar el preeuropeo antes de que se diera la lista definitiva.

¿Porque a ti te llaman a última hora por la lesión de Luana Bühler, cierto?

Yo ya estaba entrenando con ellas, y Luana también, lo que pasa es que había ciertas dudas porque tenía problemas físicos. Es entonces cuando Pia me avisa y me dice que esté preparada, que no me marche muy lejos. Que si surge la posibilidad no tarde en llegar a la concentración y no vaya a última hora. Aunque bueno, al final fue así, porque llegué el 2 de julio, precisamente el último día antes de dar la lista definitiva de 23 jugadoras.

¿Dónde estabas en ese momento?

Me encontraba en casa con mis padres, en L’Ampolla. Primero recibo el contacto de Pia que me dice que existe la posibilidad, pero que no lo sabré hasta el día siguiente. Al final ese mismo día me llama y me dice que llegue lo antes posible. Podríamos decir que esa semana empezaba mis vacaciones, aunque tenía la sensación de que debía estar preparada porque en cualquier momento tendría que marcharme.

¿Y realmente te lo esperabas?

Sabía que tenía la posibilidad. Ella me lo había dicho: que no me marchara lejos y que me cuidara. Coger a una central medio lesionada era una opción arriesgada, y bien, supongo que la vida también tiene una cuestión de suerte.

No era tu primera vez. Ya habías estado en una convocatoria anterior. ¿Cómo fue ese momento?

Recuerdo ver en casa de mi abuela partidos de fútbol alemán. A Ramona Bachmann la había visto por la tele, y de repente me encontraba a su lado. O a Alisha Lehmann, una jugadora a quien se ha catalogado mucho, y de repente ver que me llevo muy bien con ella. Me encontré un grupo muy bueno, la verdad.

Fotografías de Gorka Urresola.

Y de esa primera convocatoria, ¿eras consciente de dónde ibas? ¿Conocías bien a la selección?

Las seguía bastante. En el pasado Mundial desde luego que las vi, y con algunas me había enfrentado en liga. Viola, Ana-Maria… pero claro, en ese mundo no me había visto nunca. Es muy diferente. Y también es verdad que a alguna jugadora no la controlas tanto, pero yo me veía y pensaba: “Ostras, yo las conozco y ellas no saben ni quién soy”. Aunque, como te digo, desde el primer momento me ayudaron a sentirme muy cómoda.

¿No te hicieron ninguna novatada?

La verdad es que no, los suizos son bastante correctos. Eso se nota. Incluso una de las preparadoras físicas me lo comentó. Que yo podría aportar algo diferente en cuanto a ambiente y mentalidad.

Cuando comparas vestuarios…

Es que no tiene nada que ver. Cuando nos veo aquí en el Espanyol, pienso que estamos como una cabra. Aunque también te digo, cuando había que motivarse, nos motivábamos. De hecho, había una canción alemana que sonaba a modo de ritual, y en esos momentos lo notaba como un instante liberador.

No jugarás ningún partido durante la Eurocopa. ¿Sentiste frustración por no haber podido saltar al campo?

En ningún momento he sentido frustración. Siento que mi rol ha aportado muchas cosas. Hay un momento en el partido contra Islandia en el que íbamos 0-0 y necesitábamos ganar si queríamos clasificar. No recuerdo bien qué dije, pero sí que solté algo para motivar a mis compañeras, y luego, la segunda entrenadora me reconoció que en ese instante estuve muy acertada. En ese sentido lo agradezco. Que también valoren esa parte. Que yo no estaba allí para hacer bulto.

 

“Cuando acabábamos los partidos con Suiza y dábamos la vuelta al campo para aplaudir a la afición, vi un cartel con mi nombre que pedía mi camiseta. Me pareció súper random

 

¿Cómo ha sido tu relación con Pia?

La relación con ella y su staff ha sido muy buena. Pia es un icono. Ya no solo para los entrenadores, también como jugadora, ha luchado mucho por los derechos del fútbol femenino.

Poca gente sabía que tenías la doble nacionalidad. ¿Cómo llegas entonces a Suiza?

Sí, es que, aparte de la gente de mi pueblo, nadie sabía que tenía pasaporte suizo. Eso llega en un momento en el que le digo a mi representante que se ponga en contacto con la federación y les haga saber que soy seleccionable, que tengo doble nacionalidad, que si necesitan jugadores pueden contar conmigo. Al final también veía a las jugadoras que iban y pensaba: ¿por qué no?

¿Y la afición te conocía?

Pues eso me sorprendió. Cuando acabábamos los partidos y dábamos la vuelta al campo para aplaudir a la afición, vi un cartel con mi nombre que pedía mi camiseta. Me pareció súper random.

¿Cómo os comunicáis en el vestuario?

En Suiza se habla principalmente un dialecto del alemán, pero en el vestuario también se habla francés, por la parte francesa del país, alemán e inglés. Aunque el idioma de la selección es el inglés, más que nada por Pia. Entre nosotras ya depende de con quién hables. En mi caso, con Ana-Maria y Viola también hablo castellano, y hasta con Sydney, que a veces me pregunta cómo se dicen las cosas en catalán. Es muy divertido escucharla.

Fotografías de Gorka Urresola.

¿Hablas el alemán?

Alguna cosa he acabado entendiendo, aunque yo no lo hablo. Mi familia materna viene de la parte francesa, de Neuchâtel, así que en casa hablamos francés.

Y ahora, después de las vacaciones, que dices que no te gustan, has vuelto por fin a la realidad.

Vengo de estar en una burbuja. Un hotel solo para nosotras, siempre con las mismas personas… Volver aquí ha sido muy distinto. Más cercano. Más normal.

¿Te han recibido de otra manera tus compañeras?

No lo he sentido por ellas, y espero que ellas no hayan sentido que yo he cambiado. Sigo siendo Laia Ballesté, la misma jugadora que se marchó. Simplemente he recibido el premio de ir a una Eurocopa. No me creo ni mejor ni peor que antes. Obviamente, ellas estaban felices, me preguntaban mucho cómo lo estaba viviendo. En todo momento sentí su cariño.

¿Y cómo te has visto durante la pretemporada?

Los primeros días me sentí frustrada. Me costaba, pero tanto Carol Miranda [directora deportiva] como Sara me han acompañado. Que si necesitaba dos días libres, que los pidiera. Ellas querían que estuviera bien para poder entrenar al máximo. También con mi psicólogo he ido haciendo trabajo para limpiar cosas de la temporada pasada y también del verano, y poco a poco me estoy volviendo a sentir cómoda. Sobre todo por el cambio de estar en la selección, donde las exigencias son unas, y volver aquí, donde son otras muy distintas.

Estuviste en el estadio el primer partido de liga del masculino. Debió ser increíble vivir la remontada.

Disfruté mucho. Yo no soy muy de tener un sentimiento de pertenencia con algún equipo, pero con el Espanyol cuando puedo aprovecho para ir al estadio. Además, lo que hace el masculino se refleja mucho con lo que nos pide Sara. Es un espejo para nosotras. Y mira, el otro día, remontada y para casa. [Risas] 

 

“Sigo siendo Laia Ballesté, la misma jugadora que se marchó. Simplemente he recibido el premio de ir a una Eurocopa. No me creo ni mejor ni peor que antes”

 

Tu bagaje es amplio en el fútbol profesional. Te fuiste muy joven de casa. Ahora, con los años, ¿sientes que en algún momento te has planteado lo que estabas haciendo?

No he llegado a este punto, pero sí que soy una persona a la que le gusta tener la vida controlada, en el sentido de la estabilidad, y ahora el hecho de estar en casa me da una tranquilidad que de algún modo se proyecta en mi rendimiento.

Y ya que hablamos de tus años en el fútbol, ¿crees que el crecimiento de la Selección se ha visto reflejado en el desarrollo de las competiciones nacionales?

En la liga española todavía quedan cosas por mejorar. No por el tema de los salarios, sino por las estructuras. Es verdad que las jugadoras poco podemos hacer en eso, son los clubes quienes se lo deben plantear. A ver qué inversión están dispuestos a hacer. Ellos mismos dicen que no es rentable mantener a un equipo femenino, pero me gustaría saber hasta qué punto es cierto. Creo que no hemos aprovechado el boom de ganar un Mundial. Sí, ganamos, pero ¿y qué? Siento que muchas cosas siguen igual. Obviamente ha habido cambios. Por ejemplo, la obligación de jugar en campos de césped natural. Pero hay clubes que no se lo pueden permitir. Queremos que todo sea profesional, pero muchos equipos no tienen estructuras bien organizadas para aguantar una liga de primera división. La liga tiene que progresar, y los clubes tienen que hacer esfuerzos para poder mejorar.

Volviendo a la Eurocopa. ¿Seguiste el torneo en general o preferías desconectar?

En el hotel teníamos un espacio para jugar a teqball, ping-pong, dardos, y una pantalla con sofás. Allí veíamos los partidos. Cenábamos, que en Suiza se cena temprano, y luego unas cuantas nos juntábamos. Lo seguimos bastante. Incluso fui a ver el Bélgica–España, que jugaron allí donde estábamos alojadas.

Cuéntame qué tal el partido contra España. ¿Te sentiste extraña viendo cómo tus rivales hablaban el mismo idioma que tú?

Recuerdo ciertas acciones donde ellas comentaban los problemas que estaban teniendo contra nosotras y las soluciones que encontraban. Al entenderlo, me acercaba al tercer entrenador y le decía: “Mira, quieren hacer esto, esto y esto”. Digamos que intenté ser el topillo.

¿La final cómo la viste?

La vi ya aquí, y la verdad es que me sorprendió. Con la calidad que tienen muchas jugadoras inglesas, no lucieron, y además hicieron que España se adaptara a su propuesta. Se me hizo un poco pesada hasta que llegaron los penaltis, que bueno, son una lotería.

¿Alguna curiosidad del torneo?

No sabría qué decirte. Lo que más me sorprendió fue ese momento en el que nuestros aficionados nos pidieron reunirnos con ellos después de ser eliminadas y ver que estaban orgullosos de lo que habíamos hecho. Después de eso, espero que las niñas suizas vean que tienen salida si quieren ser futbolistas.

Fotografías de Gorka Urresola.
Advertisement
PUBLICIDAD
Gorka Urresola

Entradas recientes

Tu estadio, tu casa

Qué suerte tener cerca un estadio al que llegar paseando y del que luego regresar,…

4 días hace

#Panenka160: Especial Estadios

Ya está aquí nuestro clásico número veraniego. Este año, Especial Estadios. Los templos, los hogares.…

6 días hace

Real Politik FC #22 | España es campeona, Netanyahu con Argentina y la final de 2030

Ya está aquí un nuevo episodio de Real Politik FC. El último especial sobre la…

6 días hace

Pau Cubarsí, el hijo del carpintero

Qué sentido tiene el destino. Qué sentido tiene el fútbol. Qué sentido tiene Pau Cubarsí,…

7 días hace

¿Recuperará España el título mundial frente a Argentina este fin de semana?

La Roja llega a esta final como actual campeona de Europa, con el objetivo de…

1 semana hace

Brazalete Negro #48 | Ascenso y caída del Gallego Ríos Seoane (II)

Este es el segundo capítulo de un hombre que hundió al mismo club que había…

1 semana hace