Lunes, con todo lo malo que tiene el primer día de la semana. Vuelves al ruedo, dejas atrás las risas y adoptas esa cara de circunstancia, intentando parecer una persona seria y cabal. Te mentalizas que el ayer ya no vuelve más. ¿O sí? Este lunes no es una jornada cualquiera en Rosario, como si un día en la ciudad santafesina fuera una oda a la rutina. Hoy no.

Te levantas, encaras el despertador de la mejor manera, una ducha y pones a calentar la pava. Enciendes la radio y preparas el mate. Comerciales hablando de cómodos plazos a pagar en cuotas y reflexionas sobre la jornada electoral del día anterior hasta cierto punto. Hastiado de los discursos y las promesas, de los debates electorales y de las múltiples conversaciones que ya inicialmente apuntaban a un no acuerdo con gente conocida. Nadie te va a convencer porque tú ya tienes tu propia opinión y nadie te va a hacer dudar a estas horas.

El primer mate amargo, haces un repaso mental del día que se viene. No hay resaca futbolística al igual que no hubo resaca dominical. Ayer no se jugó al fútbol, igual que tampoco se vendía alcohol en la víspera a las elecciones presidenciales de Argentina. Pero uno sabe que hecha la ley, hecha la trampa. No te privaste de esas cervezas ni tampoco de las conversaciones sobre el fútbol. Igual éstas no tuvieron trascendencia en los medios, pero eso no pone en duda el acalorado debate sobre el campeonato ni la Copa Libertadores.

Imagen de Julián Valiente.

La foto del ’10’ con la rojinegra preside tu estudio, una camiseta bien noventera, de un negro rampante y un rojo estridente, de los colores de antes. De esos que, a pesar del televisor viejo, desde la calle se diferenciaban bien si afinabas la mirada a través de la puerta de un bar. Una Adidas que te costaba media vida, con el sponsor Yamaha frontal cosido con unas claras letras blancas. No, hoy no es cualquier día. El Diego y Rosario, otra vez.

Son muchos los que vuelven a casa cuando pisan el Coloso del Parque Independencia por enésima vez. Pero el retorno del más grande adquiere una dimensión mitológica en el universo rojinegro. El grupo de Whatsapp está que arde, te las has arreglado para salir antes del trabajo y juntarte con la banda. Es casi una extensión del fin de semana, como una fecha patria, no es un lunes de color ceniza.

Queda muy lejana esa tarde de septiembre de 1993 cuando Maradona pisó la cancha como jugador de Newell’s Old Boys por primera vez. Recuerdos lejanos pero latentes en cada tribuna, mural y bandera. Llegas a la conclusión de que fue un amor de verano. Eso es, el breve paso de Diego Armando Maradona en Newell’s puede catalogarse como tal, más por el ‘y si…’ que por el ‘ya te digo’. El contexto es diferente, Maradona es el técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata, ha supuesto su vuelta al fútbol nacional y parece una peregrinación del astro por las canchas argentinas. Pero el escenario es el mismo, las caras en el vallado y las banderas rojinegras siguen expresando eso que uno siente. ‘Hoy como siempre’ reza una en la platea. ¿Y cómo no? No iba a ser de otra forma.

 

Fue un día de 1993 que a Diego Maradona le dijeron que plata no había, pero que se iba a sentir como en casa si firmaba. Él no se olvidó jamás. “Yo elegí a Newells. Y no me equivoqué”

 

Es una escena kafkiana, el entrenador del rival tiene una tribuna con su nombre en tu cancha. Y no una cualquiera, la popular del Estadio Marcelo Bielsa lleva el nombre de Diego Armando Maradona. Él sale al balcón del hotel donde se aloja con su equipo, la masa alienta y grita con los trapos y las banderas rojinegras. El Diego salta y baila, como Kevin Costner observado por el lobo. Parece evocar el día de su presentación en un entrenamiento con todo vendido, como cuando saltó ante Emelec en un amistoso en su primera función como leproso. Llevaba en el corazón la inscripción personalizada con el nombre de sus dos hijas, Dalma y Gianinna. Apenas cinco partidos oficiales, debutando en la Doble Visera de Independiente. La eternidad por eso.

El mañana es otro día, te vas a la cancha como todos los domingos. Quien vuelve es la persona capaz de vender como choripanes camisetas de hace más de 25 años. Y a un día de su cumpleaños, porque la navidad maradoniana, así como su iglesia, tienen origen en Rosario. Ya lo dijo Jorge Valdano, “ser rosarino es una forma exagerada de ser argentino”. De semejante efeméride escribió el canalla Roberto Fontanarossa: “Yo duermo hasta el mediodía normalmente. Dos veces me despertó mi mujer antes de las 11 de la mañana. Una fue para decirme que habíamos invadido las Islas Malvinas. Y la otra para contarme que Maradona había firmado para Newell’s. No sé qué fue peor”.

Fue un día de 1993 que a Diego Maradona le dijeron que plata no había, pero que se iba a sentir como en casa si firmaba. Él no se olvidó jamás. “Yo elegí a Newells. Y no me equivoqué”.

 


Imagen de portada: Eric Bovetti.