El 12 de mayo será una fecha marcada en rojo para siempre en el calendario de los aficionados del Hamburgo. Ese día el reloj del Volksparkstadion paró el cronómetro. 54 años, 261 horas y 36 minutos después, el Hamburgo dejó de ser el único club del fútbol alemán que no conocía lo que es descender a la segunda división. Desde que se fundara la Bundesliga en 1963, Alemania siempre había disfrutado de los Rothosen en la élite y cuando el balón eche a rodar en el Bayern-Hoffenheim, el partido inaugural de la 55ª edición de la Bundesliga, será, quizá, cuando los más viejos aficionados recuerden los éxitos de un club que, pese a no destacar por unas vitrinas rebosantes, guarda su grandeza en luchar siempre contra los mejores contrincantes del país.

Algunos, si es que quedan, echarán la vista a tiempos anteriores a la creación de la Bundesliga, cuando en los años 20 el Hamburgo alzó tres campeonatos nacionales. El primero de ellos acabó declinándolo por instancia de la Federación de Fútbol de Alemania (DFB) ante la imposibilidad de terminar el encuentro de vuelta de la final contra el Nuremberg. Después, vendrían sus dos primeros títulos ligueros, ya reconocidos en su palmarés, en 1923 y 1928. Pese a que los éxitos nacionales parezcan escasos, el Hamburgo fue el club dominante del norte de Alemania antes de que el nazismo, con tal de darle un impulso al deporte germano, rediseñara la organización del fútbol en su país con la entrada de las Gauligas, fraccionando los territorios en 16 grupos. Hasta 1933, los campeones y subcampeones regionales, divididos en siete grupos, se medían en una fase final para conocer al campeón alemán y en el Campeonato del Norte nadie podía con aquel Hamburgo que sumó diez títulos regionales entre 1921 y 1933.

Otros no tan mayores recordarán la segunda época grande del club, entre 1947 y 1963. En aquel periodo, del mismo modo que sucedió en los años 20, no había equipo capaz de superar al Hamburgo en la Oberliga Nord -tercera reestructuración del campeonato alemán, con tres grupos-, y el Hamburgo solo falló en su cita con las finales para ser campeón de Alemania en una de las 16 ediciones disputadas en aquel periodo, aunque en aquel periodo solo pudo consagrarse una vez, en la temporada 1959/60, como el mejor equipo de todo el territorio teutón.

 

Ernst Happel le dio un vuelco al estilo, trajo a nuevos jugadores y le dio un soplo de aire fresco a un club decaído

 

Después, llegaría la tercera etapa triunfal del club a finales de los años 70 y principios de los 80. Fue una etapa en la que diversos entrenadores dirigieron al equipo, pero cada uno supo sacar el potencial a sus jugadores de un estilo u otro. Primero, con Kuno Klötzer al frente, el Hamburgo levantó su primer trofeo internacional al derrotar al Anderlecht en la final de la Recopa de Europa de 1977 por 2-0. En ese mismo verano llegarían al club dos figuras sin las que no se entenderían los éxitos posteriores: el técnico Branko Zebec, que remarcó aún más si cabe la imagen de equipo trabajador y consistente que ya lucía el Hamburgo de la mano de Klötzer; y Kevin Keegan, leyenda del fútbol inglés que en su periodo en Alemania fue galardonado en dos ocasiones como el Balón de Oro europeo. Con ellos, y junto a figuras como Félix Magath, Horst Hrubesch o Manfred Kaltz, el Hamburgo volvió a reinar en Alemania. Tras un primer curso decepcionante, en la 1978-79, el Dinosaurio -así se le conoce al club en el país- se consagraba de nuevo como mejor equipo de Alemania tras casi dos décadas de espera.

Al año siguiente, con el mismo bloque que había dominado Alemania, el Hamburgo se plantó en su primera final de Copa de Europa después de superar al Vejle BK en octavos, al Hajduk Split en cuartos y después de una remontada histórica al Real Madrid por 5-1. En el encuentro definitivo esperaba el Nottingham Forest de Brian Clough, vigente campeón de la competición, que volvería a levantar la ‘orejona’ gracias a un solitario gol de John Robertson. La derrota y los diversos cambios en el banquillo y en la plantilla -Zebec y Keegan, entre otros, abandonaron el club- destrozaron moralmente al equipo, pero en 1981 llegaría un ganador por excelencia para retomar el vuelo: Ernst Happel. El austríaco le dio un vuelco al estilo, trajo a nuevos jugadores y le dio un soplo de aire fresco a un club decaído. Tras una primera temporada un tanto irregular, el Hamburgo volvió a salir campeón de la Bundesliga en 1982. Lo que le valdría para disputar de nuevo la Copa de Europa al curso siguiente, en el que también repitieron como campeones de liga.

 

Desde aquel doblete histórico, los éxitos en casa del Hamburgo empezaron a brillar por su ausencia

 

Eliminaron a Dinamo de Berlín, Olympiacos, Dinamo de Kiev y Real Sociedad para plantarse en su segunda final de la Copa de Europa ante la impotente Juventus liderada desde el banquillo del legendario Giovani Trapattoni. Con Michel Platini, Zbigniew Boniek y algunos de los futbolistas que llevaron a Italia a sumar su tercera Copa del Mundo solo un año antes, como Dino Zoff, Paolo Rossi o Claudio Gentile. Un equipazo en mayúsculas. Por su parte, el Hamburgo contaba con Magath, Bistrup, Stein o Milewski, entre otros. A priori, un equipo inferior que el transalpino, pero sobre el césped los alemanes solo necesitaron nueve minutos para demostrar su potencial. Un potente disparo de Félix Magath, ídolo sempiterno de la afición alemana, puso el 1-0 en el marcador. A partir de ahí, y aún con 80 minutos por delante, el Hamburgo supo mantener el control del juego en todo momento y si surgía algún despiste, ahí estaba el guardameta Stein para remendar los errores. El encuentro llegó a su fin y el gol de Magath fue suficiente para que elHamburgo alzara al cielo de Atenas su primera Copa de Europa. Lo que no esperaban, ni propios ni extraños, era que aquel título cerraría una etapa triunfal, la última del ‘Dinosaurio’ de la Bundesliga.

Desde aquel doblete histórico, los éxitos en casa del Hamburgo empezaron a brillar por su ausencia. Apenas dos Copas Intertoto y una Copa de la Liga agrandaron el palmarés del club tras la marcha de Ernst Happel del banquillo del antiguo Volksparkstadion en 1987. Ahora, sumergidos en el peor momento de la historia de la entidad, arranca una nueva temporada con la ilusión de regresar a la Bundesliga, un lugar que el Hamburgo conoce mejor que nadie.