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El penalti que duró tres días

Valencia y Zaragoza protagonizaron en 1977 una tarde de fútbol que quedó para la historia. Una jornada de domingo que se prorrogó hasta 72 horas, con un colegiado en el epicentro de la polémica

penalti

La final de la Copa África entre Senegal y Marruecos fue totalmente surrealista. Entre la retirada del campo de los ‘leones de Teranga’ por la actuación arbitral y el desastroso penalti a lo panenka de Brahim (no todos tienen arte suficiente para tirarlo así), pasaron quince largos minutos. Lo que quizás no sabías es que, hace casi 50 años, sucedió algo similar en un partido de Primera División española; aunque aún más exagerado.

El 15 de mayo de 1977, Valencia y Zaragoza se enfrentaban en el Luis Casanova (actual Mestalla) en la penúltima jornada de liga. El conjunto ‘che’ se jugaba la clasificación a la Copa de la UEFA, y los maños la permanencia en la máxima categoría. A cargo del arbitraje: Antonio Sánchez Ríos. Aquel domingo por la tarde iba viento en popa para los locales: el Valencia se había adelantado con un tanto de penalti de Mario Alberto Kempes en el primer cuarto de hora. Aunque la cosa se iría torciendo.

En el transcurso del encuentro, el colegiado obvió dos polémicas acciones en el área del Zaragoza que podrían haber sido saldadas con un nuevo penalti para los valencianistas. El ambiente se comenzaba a caldear. Pero la guinda del pastel llegó a pocos minutos del pitido final: Carrete, lateral del Valencia, derribó a Juanjo, extremo de los visitantes, en el área. Una acción sumamente dudosa en la que al colegiado sevillano no se le ocurrió otra idea que señalar pena máxima.

 

Los aficionados del Valencia, indignados con el colegiado, provocaron una lluvia de almohadillas sobre el césped para impedir el lanzamiento del penalti. Llegó a caer incluso alguna silla

 

Así se detonó la bomba que hizo saltar la normalidad por los aires: los aficionados del Valencia, enfadados por la decisión, provocaron una lluvia de almohadillas (las que se utilizaban entonces para los asientos) sobre el césped para impedir el lanzamiento del penalti. Llegó a caer incluso alguna silla, y un grupo de valencianistas saltó al terreno de juego con intención de agredir al colegiado andaluz. Tuvo que intervenir la policía, y Sánchez Ríos salió escopeteado hacia el vestuario. Lo que no sabía es que allí iba a toparse con un hincha que había conseguido  escaparse de las fuerzas del orden y, como afirma la crónica del partido de Las Provincias, lo abofeteó ante la indignación por su arbitraje.

El partido se suspendió, y la Federación se reunió aquella misma noche para discutir acerca de lo acontecido en el Luis Casanova. Se tomó, entonces, una decisión: los minutos restantes de partido tendrían lugar el siguiente miércoles 18 de mayo a las 18.00h, pero no en el mismo estadio, sino en el Santiago Bernabéu y a puerta cerrada. José Antonio Balsa Ron sería el designado para arbitrarlo, con Sánchez Ríos inhabilitado.

Aquellos hechos pasarían a la historia en lo que es, probablemente, el partido oficial más corto que ha visto el feudo madridista: alrededor de seis minutos más el añadido. Al no poder asistir al encuentro, los aficionados de Valencia y Zaragoza tuvieron que conformarse con verlo a través de la retransmisión de Televisión Española.

 

Así fue la historia de un penalti que duró tres días, implicó a dos árbitros y dos estadios, y que terminó por no significar nada en materia competitiva

 

Aunque a la anécdota aún se le debían sumar más detalles. Resulta que Pasieguito, entrenador del Valencia, indicó al guardameta ‘che’ Pereira dónde tiraba los penaltis Pepe González, sabiendo que iba a ser él quien lo ejecutara aquella tarde. La información le había llegado a través de un topo zaragocista. Pero Pasieguito, con buen olfato, cambió de opinión a última hora acerca de a dónde debía lanzarse el portero gallego.

Así se reanudó el surrealista partido. Pepe González lanzó el penalti y… Pereira lo paró. Pero ojo, Balsa Ron lo mandó repetir por haberse adelantado antes de que González golpease el balón. Habían pasado casi tres días enteros para aquel momento, y hubo que volver a echar atrás la acción. Manda narices. A la segunda fue la vencida: el delantero del cuadro maño no perdonó su otra bala y puso el 1-1.

No se movió más el marcador, y lo más paradójico es que el reparto de puntos dejó a un Valencia sin premio europeo y a un Zaragoza que certificaba su descenso. Así fue la historia de un penalti que duró tres días, implicó a dos árbitros y dos estadios, y que terminó por no significar nada en materia competitiva.