Alrededor de una mesa están sentados peruanos provenientes de distintos rincones del país. Llevan minutos conversando sobre la vacancia. Tatiana culpa al presidente; Ramiro, al congreso. También hablan de economía. Elvira defiende a Estados Unidos, Carlitos dice “fuera los yanquis”. Un impulso sinfónico resuena en la televisión. Los cuatro estudiantes corren hacia el centro de la sala y, como si se tratase de un pelotón inerme, llevan las manos a los pechos adolescentes. Sus rostros son de distintos colores, pero las estrofas que cantan y gritan son las mismas que honran a su selección.

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Un partido clave en el ascenso de Perú en las eliminatorias para Rusia 2018 fue aquella victoria por 4-1 en Asunción. Una noche que persiste en la memoria colectiva, una noche que ayudó a creer, una noche que no se me olvida. Con ese antecedente, Perú volvió a Paraguay intentando robar tres puntos de cara a Qatar 2022.

Perú aventajó con una volea de André Carrillo, más eficiente que nunca. Ante la ausencia del mejor futbolista peruano en los últimos años en la selección, Paolo Guerrero, el combinado nacional depende cada vez más de sus mediocampistas que de sus propios delanteros. De hecho, en los encuentros por eliminatorias sudamericanas, si no fue Guerrero quien anotó, hay que remitirse hasta marzo del 2016 cuando otro delantero centro como Raúl Ruidíaz marcó contra Venezuela en Lima. Tal vez por eso se pretenda ubicar y habilitar delanteros de raíces peruanas en el mundo. Si es en beneficio de la selección, ¿cuál es el problema?

Al grano: Perú empató a dos en Asunción con un par de dianas de Carrillo. Carlos Zambrano debió ser expulsado, aunque por obra y gracia del árbitro Néstor Pitana, el defensor peruano tan solo vio la amarilla. En las calles del distrito de San Martín de Porres donde aprendí a jugar fútbol, si levantas el codo de la manera con que Zambrano golpeó al paraguayo Miguel Almirón significa algo: formen un círculo que aquí dos hombres se van a los puños, señores.

Cuando Pitana desistió en expulsarlo, favoreciendo a Perú, nadie se acordó de su nacionalidad argentina, nadie se acordó de aquella noche de junio de 1978 en el Gigante de Arroyito. Zambrano pagaría después lo que debía. El pasado no perdona, diría Ruben Blades.

En la historia de las eliminatorias, Perú jamás pudo ganarle a Brasil. Sin embargo, en esta última fecha, se creyó que se le pudo vencer por primera vez. En dos ocasiones, los peruanos estuvieron arriba en el marcador, y como no es sorpresa ya, los goles vinieron de los pies de dos mediocampistas: Carrillo, de otra volea bonita, y Renato Tapia, auxiliado por un desvío en Rodrigo Caio, central que reemplazó al lesionado Marquinhos. En un equipo con más estrellas que un firmamento, en la ‘Verde-Amarela‘ formaron Thiago Silva, Casemiro, Firmino y Neymar. Sobre todo Neymar. Bendito seas, Neymar.

 

En la historia de las eliminatorias, Perú jamás pudo ganarle a Brasil. Sin embargo, en esta última fecha, se creyó que se le pudo vencer por primera vez. En dos ocasiones, los peruanos estuvieron arriba en el marcador

 

Para la primera paridad, Neymar se dejó caer ante un cuestionable tímido jalón de camiseta. De esos que se ven los domingos en la calle o los lunes en la escuela. El penal lo cobró él mismo con esos pasitos tan característicos. A la red. 1-1. Para el 2-2, Richarlison la empujó debajo del arco. Probablemente, el gol más fácil en su carrera.

Ahora bien, a los 79 minutos, Neymar intentó hacerse del balón mientras corría en dirección al primer palo. Un centro buscaba su pie derecho. Para su suerte, Zambrano le seguía de cerca. El peruano trató de anticipar, de manera que su movimiento forzó a Neymar a caer, o más bien, dejarse caer. La decisión del árbitro Julio Bascuñán fue inmediata. Como en el primer penal, para esta determinación el uniformado no recurrió a la pantalla del VAR, ubicada a un lado del campo.

En ese momento, recordé a Roberto Fontanarrosa y un fragmento de La Columna Tecnológica: Fútbol y Ciencia. Aquel cuento que habla de una central computarizada de control desde donde se dirigía un encuentro. Fontanarrosa, además de un extraordinario escritor, fue también un visionario. “En cuanto detecta una infracción, oprime un botón y un silbato estridente se escucha a unos cien metros más allá, en todo el estadio. Si la jugada no ha sido clara o si la infracción es dudosa, el colegiado cuenta con otro valioso recurso para calmar y convencer, en forma palmaria, al bando que se considera perjudicado: con otro simple botón desplegará sobre las dos inmensas pantallas electrónicas colocadas en ambas cabeceras del estadio, la escena repetida, con detención de imagen y ampliación de los ángulos necesarios para refrendar con sólidas razones de la penalidad adoptada”.

Al grano: el penal lo cobró Neymar con esos pasitos tan característicos. A la red. 3-2. Cerca de los minutos finales, Zambrano condujo el balón hacia el borde del campo con Richarlison respirándole en la nuca. Al querer proteger su posición, Zambrano levantó el codo, al igual que contra Paraguay, impactando al brasileño. El pasado no perdona, diría Ruben Blades. Neymar que no solo es talentoso para el arte del gol, sino para la actuación, exigió la penalidad con exageración. El uniformado esta vez sí consultó con la pantalla del VAR. Volví a pensar en Fontanarrosa. Roja. Luego llegó el 4-2, pero qué importa el cuarto. Bendito seas Neymar.

Como los pitazos de Bascuñán no fueron favorables para Perú, no faltó quien se acordó de su nacionalidad chilena y la batalla de Arica, no faltó quien se acordó de la noche de octubre de 1997 en el Estadio Nacional de Santiago.

Es comprensible el enojo hacia su actuación, porque tanto en el fútbol como en el amor, cuando se arrebata la ilusión, duele. Y mucho. Es incomprensible, por otro lado, creer que el origen chileno del árbitro haya influenciado en el resultado. Lo único cierto: un punto para Perú en dos fechas.

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El pisco se acabó. Tatiana va por su abrigo que cuelga del perchero cerca a la puerta del apartamento. Ramiro dice, “jugamos como nunca, perdimos como siempre”. Elvira toma un sorbido del poco alcohol que quedaba en su vaso de plástico y menciona sarcásticamente, ¿sabían que hay una sola cosa que los gringos no pueden hacer?”. Se miran los unos a los otros en silencio y Elvira prosigue, “jugar fútbol”. Se ríe sola. A continuación, se despiden y alguien advierte que mañana hay un ensayo pendiente en la clase de literatura. Antes de cerrar la puerta, Tatiana pregunta a Carlitos, quien se quedará solo en la derrota, ¿cuándo vuelve a jugar la selección?”.

 


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Fotografía de Getty Images.