Pasaban los años, pasaban las temporadas y las noticias aún no llegaban. Los que le veían cada fin de semana en la Ciutat Esportiva Joan Gamper, primero, y en el Mini Estadi, más tarde, no comprenderían lo sucedido en el último lustro si hubieran vivido en un mundo paralelo durante este tiempo. ¿Qué ha pasado con ese rubito que las tenía todas para erigirse como el líder del Barça del futuro? ¿Donde está ese chico? Pues estaba en la ciudad de los Beatles, en el bando azul de la ciudad. Alternando la butaca del banquillo con la de la grada de Goodison Park, gozando de algún minuto suelto por el verde, seguramente preguntándose también qué había pasado con el Gerard que lo petaba en las inferiores del Barcelona.

Desde que su nombre empezó a aparecer en el planeta fútbol, a Gerard Deulofeu se le ha puesto la clásica y repetida etiqueta de diamante en bruto, uno de esos que necesita tiempo, horas y dedicación para ser la perla que se le espera. Aunque espera es lo que nunca ha habido allá por donde ha estado el de Riudarenes. Antes de dar el salto definitivo al primer equipo del Barcelona, se le envió al Everton para que se curtiera en la exigente Premier League, donde la irregularidad se instaló en su juego, capaz de hacer mil maravillas en un partido y deambular perdido por el campo al día siguiente. A su vuelta a la Ciudad Condal, no convenció a Luis Enrique en la pretemporada e hizo las maletas, ahora rumbo a Sevilla, donde fue perdiendo la confianza de Unai Emery a medida que avanzaba el curso. Otra vez en Barcelona al acabar la temporada, reencontrándose con un Luis Enrique que no contaba con él, puso punto y final a su etapa como azulgrana y se enfundó la camiseta del Everton de nuevo. Tras un primer año entrando habitualmente en los planes de Robert Martínez, la llegada de Ronald Koeman al banquillo de los ‘toffees’ truncó su progresión y se vio obligado a buscar un nuevo hogar en el que poder disfrutar de los minutos que le privaba el entrenador holandés. En invierno el Milan llamó a la puerta. Con 22 años y aún muchos kilómetros por recorrer, el tiempo empieza a transformarse en una contrarreloj en busca de un sitio en el que asentarse. La necesidad de encontrarlo apresuraba a Gerard y quizá un grande en horas bajas era la mejor opción. Un lugar que le exigía competir desde el primer momento, donde una racha de buenos resultados le diera moral y el ánimo suficiente para continuar trabajando y creciendo. Y eso es exactamente lo que ha encontrado.

Cuatro ratitos han sido suficientes para meterse a la afición del Milan en el bolsillo. Gerard Deulofeu ha respondido a la confianza de Vincenzo Montella, que ya le ha definido como “un talento infinito”

Cuatro ratitos han sido suficientes para meterse a la afición del Milan en el bolsillo. Gerard Deulofeu ha respondido a la confianza de Vincenzo Montella, que ya le ha definido como “un talento infinito”, y de los tifosi rossoneri haciendo lo que mejor sabe. Regateando, regateando y regateando. Sin miedo a equivocarse, con desparpajo y con el ansia de reivindicarse ante los que no creyeron en él. En San Siro actúa como un puñal por la banda o por el centro, donde ya le ha probado el técnico italiano, acompañado de Carlos Bacca y de su amigo Suso en el ataque milanista. Parece que en sus primeros días por Milán hasta ha resuelto una de esas malas manías que todos tenemos, de las que los futbolistas tampoco quedan exentos e incluso, de vez en cuando, quedan remarcadas por el entrenador de turno de cara al público por si a alguien no le había quedado del todo claro. En San Siro da la sensación de que le ha encontrado el gusto a eso de ayudar a defender, puede que ya no le sea tan aburrida la gran tara que se le señalaba desde que su nombre empezó a despuntar por encima del resto en La Masía y que tanto se insistió en corregir, pero que tan poco éxito tuvo.

Pese a la vorágine de malos resultados con la que se encontró en su aterrizaje en el club lombardo, con tres derrotas consecutivas en la Serie A y la eliminación de la Coppa Italia, el Milan empieza a dar síntomas de resurrección, coincidiendo casualmente (o no) con el asentamiento de Deulofeu en el once titular. Ante el Bologna fue, de largo, el jugador más destacado del partido y cuando se cumplían ya casi los 90 minutos reglamentarios, con el marcador aún por estrenar, se inventó una jugada mágica, de las que firmaría su ídolo Ronaldinho con ese estilo ‘Fifa Street’ que le caracterizaba. Dribló a todos los defensas que le salieron al paso desde el córner, emulando lo que tantas veces repetía cerca de la cal del Mini Estadi, para asistir a Mario Pasalic en el 0-1 definitivo. Esa era la carta de presentación en Milan de un Gerard Deulofeu que once días después volvería a ser decisivo para darle otros tres puntos a su nuevo club en el encuentro liguero contra la Fiorentina firmando el 2-1 en su estreno goleador como futbolista del Milan.

Quizá aún sea pronto para dar un pronóstico sobre la irrupción de Gerard Deulofeu en el calcio y en el Milan, pero poco ha necesitado para convertirse en uno de los preferidos de la afición y del entrenador. Una conexión que no se vio en el Camp Nou, que tampoco apareció en su etapa en Nervión y que se llegó a cuentagotas en su paso por Goodison Park. En Milán ha encontrado lo que llevaba tiempo pidiendo, la oportunidad de sentirse pieza fundamental del equipo, la sensación de tener galones y de poder jugársela en cada una de las veces que el balón llega a sus pies, sin el temor del qué dirán si falla un uno contra uno o si el defensa le gana la partida.

Ha llegado a un Milan que quiere volver a ser el campeón de las siete Copas de Europa y no un equipo que se pasea por los estadios de Italia como si nunca hubiera sido lo que realmente fue hasta no hace tanto. El rojo y el negro milaneses que en su día vistieron los Baresi, Maldini, Gullit o van Basten, necesita recuperar sensaciones de antaño y volver a ser el todopoderoso Milan que asustaba por el calcio y por Europa. Tanto el club como el jugador se han encontrado en un punto parecido en el camino, en ese momento de decir basta y coger el toro por los cuernos después de tantas desilusiones en estos últimos años. Deulofeu necesitaba reencontrarse con el Gerard que volvía loco a cualquier defensa que saliera por su paso y el Milan también buscaba reencontrarse consigo mismo. Puede que juntos alcancen sus objetivos, uno ser el futbolista que se esperaba desde pequeño y el otro ser el club que siempre fue.