Pudo ser uno de los más grandes futbolistas de la historia del fútbol inglés pero acabó bebiéndose su talento con el último trago de una pinta de cerveza tibia. Frank Worthington fue el George Best del Leicester, el Jamie Vardy de la era de las patillas anchas, uno más en esa lista de entrañables delanteros locos que nutrieron el balompié británico en la década de los 70.


“George Best se llevó toda la fama pero si os leéis mi autobiografía, descubriréis cómo convencí a una mujer sueca y a su hija para que nos montáramos un trío. Aquellos fueron grandes años”. Éste es Frank Worthington, nacido el 23 de septiembre de 1948 en Halifax. Su padre había sido futbolista profesional. Sus hermanos mayores, también; incluso su madre había jugado a fútbol. Por narices, Frank tenía que dedicarse a patear balones.

Tras haberse formado en las adoquinadas calles de su barriada, Worthington inició su carrera fubolística en 1966 en el Huddersfield Town, un club modesto pero con el honor de haber sido el primero en conquistar tres veces seguidas, de 1923 a 1926, la liga inglesa. Tras seis temporadas, alrededor de 170 partidos y 40 goles, Frank empezó a llamar la atención de los grandes del fútbol británico. El que más decididamente apostó por él fue el Liverpool, que llegó a ofrecer 150.000 libras. El traspaso se fue al traste cuando Worthington tuvo que pasar la revisión médica y se le descubrió que tenía… ¡la presión demasiado alta! Determinado a incorporar al futbolista a su plantilla, el legendario entrenador de los ‘reds’, Bill Shankly, pidió a su club que corriera con los gastos de unas breves vacaciones de Worthington en Mallorca. Shankly estaba convencido de que unos días de relax se traducirían en una presión más baja. Pobre viejo Bill. Lejos de descansar, Worthington se pegó un festín de alcohol y mujeres durante su estancia en las Baleares. Cuando regresó a Liverpool, los niveles de presión de la segunda revisión eran más altos que los de la primera. Se esfumaba el sueño de jugar en Anfield. Pero ese desengaño daría paso a los mejores años de Frank como futbolista.

Aun siendo descartado por el Liverpool, a Worthington no le faltaban pretendientes y el que más insistió para ficharle fue el Leicester City, donde acabaría convirtiéndose en leyenda con el apodo de ‘Elvis’. Frank pasó cinco campañas en Filbert Street, jugando 210 partidos en los que marcó 72 goles. “Era magnífico, pero hacía lo que le daba la gana”, recordaría su excompañero Alan Birchenall. “Había días en los que aún no había sonado el pitido final y ya estaba en el parking, firmando autógrafos o pidiéndole el teléfono a alguna mujer”. Sus buenas actuaciones con el Leicester le abrieron las puertas de la selección inglesa, aunque ya había tenido alguna fugaz experiencia con el combinado nacional. Durante su último año en el Huddersfield Town, Alf Ramsey le citó para unirse a la selección sub-23. Frank se presentó en el aeropuerto de Heathrow calzando unas llamativas botas vaqueras y vistiendo una camisa de seda lila y una americana de terciopelo de color lima. No le volvieron a llamar. Algo parecido le sucedió con la absoluta entrenada por el ogro Don Revie. Frank tan solo jugó ocho partidos con Inglaterra en los que marcó dos goles. Él dice que si no le llamaron más no fue por temas futbolísticos sino por su personalidad. “Revie odiaba a los rebeldes”.

El verano de 1977 Frank Worthington hizo las maletas y dejó Leicester rumbo a Bolton para jugar con los Wanderers. Vistió la camiseta de los ‘trotters‘ durante dos temporadas, la segunda de ellas conquistando el trofeo al máximo goleador de la liga inglesa con 24 tantos. El secreto de su acierto cara a portería podría encontrarse en lo que reveló en una entrevista a The Guardian. “Lo admito”, confesó. “En el pasado solía darle fuerte a la bebida, pero ahora me tomo las cosas con más calma. Antes salía las siete noches de la semana. Actualmente, de las siete me quedo una en casa”. A partir de ese momento inició un declive que le llevó a peregrinar por infinidad de equipos, tanto de Estados Unidos como de Inglaterra. En el Chelsea vivió su última gran noche. “Había venido a vernos jugar la actriz Raquel Welch. Se fijó en mí y, tras el partido, me preguntó si quería que nos viéramos más tarde en una discoteca. Caballero como soy, acudí a la cita”. Worthington se retiró con 43 años ejerciendo de jugador-entrenador del club de su ciudad, el Halifax Town. Zurda prodigiosa, su talento hubiera merecido una trayectoria más laureada; él, como otros de su especie, prefirió vivir a su manera. “Tal vez si hubiera fichado por el Liverpool el cielo hubiera sido el límite, pero poner excusas es de cobardes. Siempre he sido consciente y responsable de mis actos”.