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El fútbol es de los jugadores

¿Cuánto de insignificante tiene el planteamiento del entrenador para explicar un resultado, en relación al talento y al estado de los futbolistas?

BARCELONA, SPAIN - AUGUST 24: Pep Guardiola, Manager of Manchester City and Xavi, Head coach of FC Barcelona embrace prior to the friendly match between FC Barcelona and Manchester City at Camp Nou on August 24, 2022 in Barcelona, Spain. (Photo by David Ramos/Getty Images)
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En el sanedrín del Pájaro blanco andábamos a vueltas con lo de siempre. Escuchar y hablar sobre fútbol, como de costumbre. Que si los laterales por dentro ha sido una idea genial, clave de la victoria. Que si Xavi asegura que el Barça no ganó porque el plan pasaba por encontrar al “tercer hombre interior”. Y claro que sí, convenimos, no encontrarlo fue el motivo del fracaso. Luego, a solas, yo seguí enredado, pensando en lo de siempre. Que hoy juegan Klopp contra Conte. El uno contra el otro, aunque sea fútbol y no ajedrez, aunque ellos colgasen las botas hace más de dos décadas.

En esas andaba, digo, cuando entre la casualidad y la fortuna acabé por charlar en privado con Óscar Cano. “Olvídate de todo eso, Javi. Desde que el fútbol es fútbol, la única fórmula del ganar la tienen los buenos futbolistas. Lo demás es literatura”, me aseveró. Para quien no lo sepa, Óscar Cano es entrenador profesional y es la clase de persona que consigue ascender un equipo hundido al fútbol profesional y cuando se refiere a la gesta nunca habla del ‘yo’, sino siempre del ‘ellos’. Óscar Cano también escribe libros sobre fútbol y es capaz de contradecir en público teorías que él mismo asentó en libros tiempo atrás. Alguien que cambia de parecer y no le cuesta reconocerlo.

Con esto trato de decir que Óscar Cano es un tipo tan preparado como de fiar. Por ello, cuando me dijo que me olvidara del big data, de los triángulos y los cuadrados, “de toda explicación del juego que no pase por los jugadores”, puse oído. Pero dado que, aun con todo, Óscar Cano no es Dios, como dicho sea de paso tampoco lo es Guardiola o cualquier otro referente monoteísta, por lo que su camino no es perfecto y su palabra intachable (Salmo 18:30), me vi impelido a contrastar su visión sobre el juego.

Con ese objetivo me encerré en la habitación-de-leer-maestros-del-fútbol. Allí descubrí que Cruyff, el creador del juego posicional, ganador de la primera Copa de Europa barcelonista, dijo en 1990 que “las tácticas y los planteamientos son tonterías: hay que tener mejores jugadores que el rival”. A propósito de ello, Óscar me recordó que “cuando las victorias llevaron a Cruyff a creer que las cosas sucedían por él y no por los jugadores, desprendiéndose de Laudrup y compañía para jugar con Escáich y Sánchez Jara, el Barça pasó años en blanco”. Una afirmación, pensé, cuyo fondo coincide con la que cierto día le escuché precisamente a Rexach. Sobre un desempeño de su Barça, el técnico catalán ironizó con haber planteado “el partido perfecto. Pero los tres goles los metió Rivaldo. Entiéndeme, si no tienes a Rivaldo, no ganas. El entrenador que no entienda eso, no es buen entrenador”.

 

Bautizamos aquel conjunto como ‘Pep Team’ y escribimos ríos de tinta sobre el método que permite al Barça jugar así, siendo accesorio que lo desarrollasen futbolistas de excepción

 

No obstante, seguí buceando en los archivos y también conocí que Menotti, el precursor del achique de espacios, ganador del primer Mundial para Argentina, afirmó que “todo el misterio del juego está en los futbolistas”. En ese momento recordé cuando, en una charla tiempo atrás, el declarado menottista Cappa me contó que el secreto de aquel exitoso Real Madrid que compartió con Valdano, equipo sucesor al Barça de Cruyff y Rexach en el campeonato de Liga, estaba en ser “un equipo basado en los grandes jugadores, siendo la táctica secundaria”. Así como que “al año siguiente, el equipo necesitaba renovarse con nuevos buenos futbolistas, pero no se pudo”. Por eso se convirtió en un desastre.

Empujado por esas afirmaciones sobre el juego explicado por los jugadores, reparé en varios nombres dados en su época a grandes equipos de la historia: el Real Madrid de la ‘Quinta del Buitre’, el ‘Dream Team’, el ‘Súper Dépor’, los ‘Galácticos’… Todos refieren a los futbolistas o al equipo, no al entrenador o a su libreta. Entonces, para 2009, el Barça hizo triplete. Guardiola dirigía un equipo que jugaba de maravilla. Y el de Santpedor pronto aclaró algo: “El mérito es que tengo muy buenos jugadores. El fútbol es de ellos. El mérito es haber sido escogido. No hay que darle tanta importancia al entrenador”.

Guardiola fue certero. Sin embargo, nosotros preferimos ignorar sus más profundas palabras, bautizamos aquel conjunto como ‘Pep Team’ y escribimos ríos de tinta sobre el método que permite al Barça jugar así, siendo accesorio que lo desarrollasen Xavi, Iniesta y otra serie de futbolistas de excepción. Decidimos entonces que las victorias guardaban una genealogía que empezaba en Cruyff y culminaba en su discípulo predilecto, siendo secundario, si en el origen, el verdadero dominio barcelonista llegó desde la unión de Koeman, Laudrup, Stoichkov o el propio Guardiola sobre el campo.

El juego de posición y otras cosas del estilo

A propósito de ello, existe un manual llamado El juego de posición del F.C. Barcelona, publicado en 2012, inmediato a aquel equipo que coronaría el histórico ‘sextete’. Su autor es, exacto, Óscar Cano, quien me aclara que “el Barça tiene una idea, eso es incuestionable. Pero el Barça no forma jugadores por su modelo. El ADN es Pedri, que no ha entrenado una sola sesión en la Masia”. Antes de asegurarme, en relación al grupo liderado por Guardiola, que “en el famoso 2-6 del Bernabéu yo no vi ningún patrón de juego, solo jugadores bailando”.

 

Como nervio central todos acuden a los futbolistas, no al estudio analítico o a la táctica. Por ello, en última instancia, el resto de argumentos quedan en entredicho como vía explicativa

 

En la última década, da la sensación de que los espectadores seguimos confundiéndonos los unos a los otros, mientras que la mayoría de protagonistas parece tenerlo claro. Hay muchos casos recientes, como el de los neerlandeses Koeman y Ten Hag, quienes solicitaron mejores fichajes para cumplir las exigencias de su Barça y su United, respectivamente. También de Xavi, que buscar la razón del juego en los futbolistas es lo que ha hecho al pedir media Europa para su plantilla, aunque tras un resultado insignificante culpe al fallido tercer hombre. Y por ello Laporta, persona realista donde las haya, ha vendido medio club para atender sus peticiones, a fin de evitar tener que despedir, más pronto que tarde, al elegido por la parroquia culé para salvaguardar el milagroso estilo.

Cualquiera del mundillo puede creer que esta vez se perdió por un concepto no ejecutado y el partido siguiente se empató por aquel otro. Incluso algún entrenador “enfermo de ego” puede pensarlo, según Cano. Sin embargo, a la hora de la verdad, hasta los profesionales con discurso más conceptualista apelan a los jugadores como el ateo que, a punto de expirar, reza buscando el milagro divino.

Ancelotti, el alineador

Tratando de disipar la bruma de una vez y para siempre, volví a requerir la mirada de Óscar Cano. Le pregunté qué papel juegan verdaderamente futbolistas y entrenador. “Nosotros somos importantes, hasta el punto de que tenemos que saber seleccionar a los jugadores adecuados. La diferencia está en la capacidad que tengas para la captación y, luego, en facilitar sus relaciones en el campo. Es así como surgirán, siempre desde ellos, las conexiones de alta calidad que llevan a ganar los partidos. Conseguir detectar a los mejores y complementarios futbolistas es la genialidad táctica, no decirles que reciban con el pie alejado. Juntar a los grandes jugadores, Javi, el resto son lugares comunes, palabras vacías que no explican la realidad del juego. El resto es postureo”.

Me despedí así de Óscar, quien antes de cerrar, sentenció: “Me dicen que Ancelotti no es un entrenador moderno porque sus equipos no muestran patrones reconocibles, que solo es un alineador. Yo digo que me presenten a un buen alineador, ya que me haré millonario con el diez por ciento de su sueldo”. Acto seguido, un culé pasional como yo encendió el televisor y se puso a disfrutar de un partido del Real Madrid, que alineaba a Modric, Kroos, Benzema y Vinicius. Un Madrid, permitido por Ancelotti, cuyos futbolistas bailaron sobre el escenario del Santiago Bernabéu. Un Madrid que naturalmente ganó.

 


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Fotografía de Getty Images.