En junio, Brendan Rodgers recogía el premio de mejor entrenador de la Premier League, Luis Suárez hacía lo propio como máximo goleador y mejor jugador del campeonato, las imágenes de Steven Gerrard llorando tras escapársele el título emocionaban a medio mundo y Roy Hodgson hacía pública su lista de convocados para el Mundial, dejando claro que el presente y futuro inmediato del combinado nacional pasaba por futbolistas curtidos en Merseyside. Todo eran reconocimientos para un equipo que, después de muchos años de ostracismo, se dio el gustazo de estar peleando otra vez por el cetro inglés hasta el último suspiro. Muy pocos meses después, el fenómeno se ha diluido en un crisol. Muchos parecen ya solo ver escombros donde hace no mucho crecían flores. Y lo peor es que la mayoría de restos que han quedado tras la debacle de este comienzo de curso, más que ser concebidos como destellos para la esperanza, son vistos como recuerdos que tarde o temprano pasarán a mejor vida. ¿Quién pudo imaginarle tan corta vida al mejor Liverpool del último lustro?

[quote]Es como si su actitud e intensidad se hubieran evaporado con el calor del verano. Actitud e intensidad. Intangibles que no deberían depender de quién juega o deja de jugar[/quote]Durante la temporada 2013/2014, el Liverpool, un histórico que llevaba demasiado tiempo alejado de la cúspide británica, se convirtió momentáneamente en el segundo club del corazón de muchos. Un equipo que practicaba buen fútbol, con un ilustre como Gerrard que, tras tantos palos encajados, merecía un buen broche final a su carrera y con una afición que se mantenía inquebrantable, de manual. Un equipo con el que era fácil conectar emocionalmente, vamos, y al que solo el vértigo que le entró en momentos puntuales le privó de volverse a coronar como campeón en Inglaterra 24 años después.

Solo han pasado cinco meses desde aquello, pero la situación ha dado un vuelco de 180º. Hoy se nos hace casi imposible ser empáticos con el Liverpool de Brendan Rodgers. Los nefastos resultados, el paso atrás que han dado sus mejores jugadores o la colosal confusión en la que anda metido su técnico (autor de alineaciones muy criticadas), han roto el vínculo. Vale, sí, es verdad. No tuvieron otra que vender a Suárez este verano y nada puede hacerse ante la oleada de lesiones que ha inundado la enfermería de Anfield Road. Pero cualquier argumento es insuficiente si el problema parece ser, principalmente, que los ‘reds’ han perdido esa esencia que les convirtió el curso pasado en una especie de candidato insurrecto a la tiranía de la Premier League. Es como si esa actitud e intensidad que tanto les caracterizaron se hubieran evaporado con el calor del verano. Actitud e intensidad. Intangibles que no deberían depender de quién juega o deja de jugar.

EL PESO DE LA ESTADÍSTICA

Los números pueden llegar a ser mucho más crueles que las palabras. La estadística no es interpretable: o es o no es. Y ante este aspecto incluso aquellos aficionados que siguen defendiendo al equipo ‘red’ no ven otra salida posible que no sea la de dar su brazo a torcer. Los malos datos registrados por los de Rodgers tras este primer tercio de la temporada dejan al conjunto desnudo ante la crítica. El primero de ellos ya es lo suficientemente severo como para que al menos se tambalee alguno de los viejos pilares de Anfield Road: el Liverpool no firmaba un peor inicio de Premier League (ahora mismo es 12º) desde 1992. A ello hay que sumarle las no mejores prestaciones mostradas hasta el momento en la Copa de Europa, a la que ansiaban volver. Queda solo un partido, y tras pinchar ante los tres rivales del grupo, su clasificación para octavos está en el alambre.

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Si hilamos más fino, los dígitos todavía se vuelven más abrumadores. Los ‘reds’, en liga, acumulan diez puntos y nueve goles a favor menos que hace un año. En el plano defensivo lideran muy a su pesar la clasificación de goles recibidos por errores propios, con un total de 16. Mignolet se pasa los partidos atormentado, Skrtel sigue siendo más efectivo en el área contraria que en la propia, Lovren es como si se hubiese dejado la solidez en el Sant Mary’s Stadium y a los españoles Manquillo y Moreno de momento la tormenta les viene grande. Con Flanagan en el dique seco, de Johnson y Touré tampoco hay noticia. En el medio, el matrimonio Gerrard-Henderson, antaño vanagloriado, pasa por sus momentos más bajos, como si la convivencia les estuviera pasando factura. La única nota positiva la firman Coutinho, el apaga-fuegos estéril de turno, y últimamente Lallana, que ha tardado en despertar. Mientras tanto llora Sterling, por magia y condiciones el mejor del plantel, la ausencia del lesionado Sturridge, su aliado predilecto.

En la fracción ofensiva del esquema, las prestaciones no es que sean más esperanzadoras. Todo lo contrario. Pese a invertir más de 40 millones en atacantes este verano, del cómputo total de goles que ha marcado el Liverpool esta temporada en liga (15), solo dos corren a cuenta de sus delanteros. Marcó Daniel en la jornada inaugural –unos minutos antes de caer lesionado gravemente- y el otro se lo adjudicó recientemente Lambert, que sigue jugando con más corazón que otra cosa. Balotelli, por cierto, aún no se ha estrenado (solo ha logrado un tanto, pero fue en Champions League). Curioso lo que está dejando de sí la nueva aventura de Super Mario. Por una vez en su vida, acumula más titulares deportivos que extradeportivos. Pero no es que no siga con su tónica habitual cuando está fuera de los terrenos de juego -Ferraris despampanantes, piques con aficionados y escapadas nocturnas para ahogar las penas de la derrota, de todo un poco- sino porque en las Islas nadie logra resolver porqué Brendan le sigue metiendo en el once titular pese a su calamitoso rendimiento.

Tantos síntomas negativos no podían traer nada bueno. El colapso ‘red’ es tal, tanto en el plano doméstico como en el europeo, que algunos fogosos ya han abierto el cajón de las vergüenzas. Que si hay crisis de confianza en el vestuario. Que si Gerrard se está ganando un descansillo. Que si Suárez era mucho Suárez. Que si el nombre de este serbio nuevo que nos han traído no sabemos ni como se pronuncia. Que si a Rodgers la quema la silla… Dudas, dudas y más dudas. Demasiadas dudas acumuladas como para pensar que esto solo es un bache transitorio.