Cristian Gérard Alfaro Gonzáles llegó a Indonesia hace una década. Nacido en Uruguay y con una discreta trayectoria en el fútbol charrúa, se ha convertido en un ídolo de masas en el país asiático, donde llegó a jugar para la selección nacional y protagonizar tantos goles como escándalos.

Desde los lomos del volcán Bromo hasta la ciudad costera de Ketapang, en la isla de Java, hay 230 kilómetros de carretera. De carretera indonesia. Lo que significa un solo carril por donde llegan a circular tres o cuatro coches, camiones o autobuses en distintas direcciones. Las bicicletas, motos y otros vehículos precarios ocupan los arcenes de la carretera mientras tienes una constante inseguridad y sensación de que vas a colisionar con el vehículo de delante. Gracias a la pericia y el buen hacer del conductor esto no sucede. Al volante va Tono, que mientras esquiva carros y furgonetas nos explica que su hijo se llama Raúl. Es en honor al ‘7’ del Real Madrid, que el día del nacimiento –en 2004– anotó dos goles en un partido de Champions en el Olímpico de Roma. Solo es un ejemplo de lo que provoca el fútbol en el cuarto estado más poblado del mundo donde los deportes nacionales son el bádminton y el Pencak Silat –una variante del kárate–.

Los niños se quitan el impoluto uniforme del colegio para enfundarse la elástica –en la mayoría de casos rudas imitaciones– del Chelsea, lucir con orgullo el escudo de la Juventus o señalarse el nombre de Rooney al marcar un gol de un partidillo improvisado. Cualquier terreno vale. La calle o la playa, y todo sirve como porteria. Unos bidones o unos troncos.

A todas estas camisetas de los grandes clubes europeos hay que sumarle otra. De color rojo, con el ‘9’ a la espalda y Garudá –una águila gigante– en el pecho. Es la camiseta de la selección nacional de Indonesia. Lo curioso del caso es que de entre 237 millones de habitantes que tiene el país, el icono futbolístico de toda la nación haya nacido en Montevideo (Uruguay), a más de 15.000 kilómetros de Jakarta, capital indonesia.

Cristian Gérard Alfaro Gonzáles (30/08/75), más conocido como ‘El Loco’ Gonzales, ha desatado la euforia y no ha dejado indiferente a nadie desde su llegada al país del sureste asiático. El jugador de 37 años aterrizó en el año 2003 tras un paso sin éxito por distintos clubes uruguayos. Durante sus siete años como futbolista en Sudamérica solo se pueden rescatar dos tristes goles en 48 apariciones y el hecho de haber compartido vestuario con Álvaro Recoba en la selección sub-20 celeste.

Goles, Islam y agresiones

Casado con Eva Nurida Siregar, una indonesia musulmana, Cristian recibió una oferta para ir a jugar al PSM Makassar, club de la segunda división indonesia. Desde entonces su rendimiento y popularidad se han disparado a ritmo de gol: 237 goles en 308 encuentros repartidos entre segunda división, primera y distintas copas locales. Estos tantos le han permitido recoger hasta cinco premios individuales que le reconocen como el máximo goleador de la Liga (2005, 2006, 2008 y 2009) o de la Copa (2010). Su buen rendimiento y su conversión al Islam hicieron que Mustafa Habibi -su nombre musulmán- debutase con el combinado nacional el 21 de noviembre de 2010. Si la admiración ya era total antes del debut, el delantero uruguayo se metió a todo el país en el bolsillo anotando dos goles ante Timor Oriental el día de su estreno.

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Pero la popularidad de Gonzáles va más allá de sus mareantes números como goleador y su apodo no es por casualidad. El Loco se ha visto implicado en una polémica tras otra y su carrera futbolística se puede calificar fácilmente de problemática. En los diez años que lleva en Indonesia, Cristian Gonzáles ha recibido cinco castigos por parte del Comité de competición debido a su violento comportamiento hacia contrarios o árbitros. Se trata de sanciones de hasta incluso 12 meses de inhabilidad que El Loco nunca ha llegado a cumplir gracias a la protección especial que recibe de Nurdin Halid, presidente de la PSSI (Asociación de fútbol de Indonesia). Entre sus fechorías se encuentran: Una agresión al entrenador rival castigada con un año de sanción, un cabezazo al más puro estilo Zidane en las finales de 2006, un escupitajo al arbitro en 2007, una pelea digna de un combate de boxeo con un defensa contrario en los octavos de final de la liga de 2007 y otra agresión castigada con un año de sanción en 2008. Lo cierto es que Cristian Gonzáles nunca cumplió los tres partidos de sanción por escupir al colegiado o agredir al rival y cuando tuvo que estar un año inhabilitado, a los seis meses fichó por otro equipo y fue indultado por su amigo y protector Nurdin Halid.

Ya no entra en las convocatoria de la Selección pero sí que ha encontrado un nuevo club que ha requerido sus servicios. Ya saben a lo que se exponen: goles y patadas por igual. Sus agresiones a los defensores rivales son continuas, pero el presidente de la Federación sigue haciendo la vista gorda. Así que tenemos Loco para rato. A sus 37 años se sigue hinchando a marcar goles, los defensas recibiendo agresiones, los niños llevando sus camisetas, las gorras con su nombre vendiéndose como churros en todos los mercados callejeros e Indonesia sin ningún éxito futbolístico que llevarse a la boca. Es la locura que desata ‘El Loco’.