“El fútbol siempre ha sido mi gran pasión. Mi sueño. Siempre me ha encantado, desde pequeño. Vivíamos en un barrio de Santa Coloma de Gramenet y me pasaba el día jugando en la calle, hasta la hora de cenar. El fútbol era mi válvula de escape. Me sirvió para escapar de cosas. En el barrio siempre había mucha policía, y el fútbol era mi forma de huir de los problemas, y de intentar olvidarlos. Era y es como una medicina”, asiente el ariete hispanomarroquí Youssef Ezzejjari (1993), desandando el largo y sinuoso camino que este verano le ha conducido hasta Indonesia, hasta el Stadion Brawijaya, hogar del Persik Kediri. “Es increíble. El fútbol da muchas vueltas”, repite, feliz.

El camino arrancó en la escuela del Espanyol y haciendo escala en el fútbol base del Badalona y el Cornellà, coleccionando kilómetros y horas de coche junto a sus padres. “Llegaron de Marruecos con 20 años. Siempre han sido mis ejemplos, mis dos referentes”, admite. “La primera camiseta de fútbol que tuve fue una del Barça con el ‘8’ de Stoichkov que me regaló mi padre”, añade, regresando al feliz país de la infancia, reviviendo su admiración por Ronaldinho, Samuel Eto’o y Raúl Tamudo. Después pasó por el Manlleu, el Vilassar de Mar, salió por primera vez de casa para viajar a Inglaterra e incorporarse a la Nike Academy y jugó con el Terrassa y con la Guineueta, aunque la dura sensación de no poder romper el techo de Tercera División le hizo centrarse y concentrarse en los estudios. “Mis padres siempre me han insistido en que en el fútbol un día estás arriba y al siguiente estás abajo, y en que el fútbol tiene una duración muy corta. Tenemos una fecha de caducidad, y después del fútbol comienza una nueva vida y hay que estar preparado, así que, siguiendo el consejo de mis padres, decidí hacer una carrera y centrarme más en los estudios”, relata el ariete, gran amigo de Jordi Mboula desde que la vida y el fútbol unieron sus caminos en la Ametlla del Vallès. “Nos mudamos con mis padres a los 17 años. Con Jordi coincidimos y empezamos a hacernos amigos en el torneo de verano que se jugaba cada año en el pueblo”, recuerda. “Nunca nos dejaron jugar juntos”, lamenta, riendo.

 

“De pequeño, el fútbol era mi válvula de escape. Me sirvió para escapar de cosas. En el barrio siempre había mucha policía, y el fútbol era mi forma de huir de los problemas, y de intentar olvidarlos. Era y es como una medicina”

 

En 2019, una vez graduado en Sociología, pudo regresar a Tercera de la mano del humilde Oyonesa. “Ahí decidí apostarlo todo por el fútbol. Dejarlo todo, irme de casa para perseguir mi sueño, como cuando era un niño, y dedicarme al fútbol las 24 horas del día”, prosigue. “Y salió bien”, celebra Ezzejjari. Firmó una campaña sensacional, anotando 16 goles en los 22 partidos que pudo disputar hasta que el Coronavirus detuvo el mundo, y el año pasado saltó a la primera división andorrana, fichando por el modesto Carroi. En Andorra la Vella acabó de impulsar su potencia y confirmó su olfato goleador, con 19 tantos en 24 partidos. 15 de los 20 goles del equipo en la liga regular fueron obra de Ezzejjari, que marcó tres dianas más en la promoción por la permanencia, salvando al Carroi.

Sus grandes números despertaron el interés de la inmensa mayoría de equipos de la liga andorrana, de algunos conjuntos de Primera RFEF, e incluso de un histórico como el Recreativo de Huelva, hoy en Tercera RFEF, y de clubes de países como Bahrein o Filipinas, pero acabó decantándose por la propuesta indonesia. “Es un país de 270 millones de personas, y el fútbol se vive con mucha intensidad. Hay muchos, muchos aficionados. Siendo el tercer equipo con menos seguidores en Instagram, el Persik tiene más de 160.000, más que equipos como el Alavés, el Elche, el Rayo o Osasuna. El Bali United y el Arema tienen más de un millón, más que el Valencia, el Villarreal, el Athletic y la Real Sociedad, el Persebaya, casi dos, el Persija Jakarta, tres, y el Persib, cerca de cinco. Los estadios siempre están llenos, y los futbolistas tenemos mucha notoriedad y visibilidad, sobre todo los extranjeros. La gente es muy simpática y agradable y nos pide fotos todo el día: en el supermercado, en los restaurantes, incluso cuando fuimos a vacunarnos. Es una pasada. Es una pasada. Aquí el Coronavirus ha tenido un impacto enorme, pero ahora que ha empezado la liga el tema de portada ya no es tanto la pandemia”, añade. El catalán, recibido como una gran estrella y considerado uno de los jugadores franquicia del Persik Kediri, ya es ‘El Matador’, por su instinto de disparar rápido, sin pensar.

Con contrato hasta 2022, su objetivo inmediato es ayudar al Persik a hacer una buena temporada, y celebrar su primer gol cuanto antes. “El objetivo grupal es mantener la categoría, pero el Persik es un equipo muy ambicioso. El club ganó dos ligas a principios de los 2000, y quiere soñar con acabar lo más arribe posible”, prosigue el 99′ de un Persik Kediri que ha comenzado la Liga 1 con una victoria, contra el Pusamania Borneo, y con una derrota, contra el Bali United, líder y vencedor de la última liga que proclamó campeón (2019). La tabla la cierra el Persipura Jayapura, ganador de tres ligas y líder del palmarés desde que el campeonato se juega con el formato actual (2008).

“Estoy muy orgulloso y satisfecho de constatar que el trabajo y el sacrificio han valido la pena”, subraya el único jugador español en la Liga 1 indonesia, soñando con seguir creciendo de la mano del Persik. “Me gustaría inspirar a todos aquellos que han perdido la esperanza. Todo es posible con humildad, sacrificio y dedicación”, decía en El Periòdic d’Andorra a principios de año. “La vida no es un camino de rosas. Yo con 26 años estaba en Tercera División, pero seguí creyendo en mí, y motivándome buscando ejemplos de jugadores que han llegado a Primera tras muchos años en categorías inferiores. La clave es creer siempre en ti mismo. Confiar en ti mismo. Soñar. No perder nunca la esperanza”, enfatiza ahora desde Indonesia, con un valor de mercado de unos 200.000 euros en Transfermarkt. “El fútbol da muchas vueltas”, repite Youssef, feliz.

 


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