El Inter de Milán hacía 45 años que no era campeón de Europa. Pero la llegada de José Mourinho cambió el club de arriba abajo. Con 36 años y convertido, por méritos propios, el capitán del equipo, Javier Zanetti culminó la mejor temporada de su carrera. En el terreno de juego ya no era el lateral izquierdo con recorrido del pasado -en esa posición comenzó a jugar el rumano Chivu-, pues pasó a actuar como interior diestro, compartiendo once con tres compatriotas más, uno por posición: el central Walter Samuel; el medio Cambiasso, y el delantero Diego Milito, estrella de un equipo en el que el sacrificio era innegociable.

El Inter de Mourinho ya reinaba entonces en Italia. Desde aquellas dos Serie A que se le desposeyó a la Juventus por el escándalo del ‘Calciopoli’ -la primera declarada sin campeón y la segunda para el Inter-, los ‘Nerazzurri‘ se convirtieron en los grandes dominadores del campeonato italiano. Venían de ganar los cuatro últimos títulos, sumándose a ellos un par de copas italianas, en 2004 y 2005. Aplastaban todo lo que veían a su paso por el país transalpino. Pero ahora tocaba expandir su superioridad por todo el continente. Y así lo hicieron en el curso 2009-10. Tras ganar la Serie A con dos puntos más que la Roma, con Zanetti jugando todos los partidos excepto uno, y conquistar la Coppa ante el mismo rival en la final, de nuevo con el capitán saltándose un único encuentro, la Champions League era el siguiente objetivo.

 

“No hubo mayor privilegio que levantar aquella Champions como capitán y el día que cumplía 700 partidos con el club”

 

Su camino hasta la final no fue sencillo. Se tuvieron que enfrentar en cuatro ocasiones al que, por entonces, era el mejor equipo del mundo: el Barcelona de Pep Guardiola. En la fase de grupos el Inter pasó como segundo, por detrás de los azulgranas, y en octavos se enfrentó a un siempre complicado Chelsea, al que batieron por 2-1 y un 0-1. Después llegó el CSKA, con doble victoria por la mínima de los lombardos. Las semifinales, ante el Barcelona de nuevo. La ida, en el Giuseppe Meazza, se puso cuesta arriba con un gol de Pedro en el primer tiempo, pero Sneijder, Maicon y Diego Milito le dieron la vuelta al electrónico. La segunda manga de la eliminatoria fue un ejercicio de resistencia, fe y solidez defensiva por parte de los italianos, que hicieron bueno el 3-1 de los primeros 90 minutos tras perder por solo un gol, logrado por Gerard Piqué en los minutos postreros del juego. El Inter estaba en la final. El Bayern era el último escollo, el último peldaño que subir para que Javier Zanetti, que jugó absolutamente todos los segundos de aquella competición, levantase a los cielos de Madrid la ‘Orejona’ en un partido con mucho simbolismo para el gran capitán.

El destino quiso que la final de la Champions coincidiera con el partido número 700 de Zanetti con la camiseta del club de su vida. “No hubo mayor privilegio que levantar aquella copa como capitán y el día que cumplía 700 partidos con el club”, explicó. Aquella temporada fue histórica para los ‘Nerazzurri’: Coppa, Serie A y Champions. Hacían historia al convertirse en el primer equipo italiano en lograr un triplete. Y, de paso, se unían a un selecto grupo de clubes que lograron esta difícil empresa. Hasta entonces, en el fútbol masculino solo Celtic, Ajax, PSV, Manchester United y Barcelona lo habían conseguido. El Inter se sumaba al club.

Aquella fue la temporada más laureada para el Inter y para su capitán. Pero Zanetti, uno de esos futbolistas que trascienden más allá de las camisetas que visten por su nobleza, su hacer y su profesionalidad, valora otros aspectos. “Es fácil ser recordado por los títulos, yo quiero que me recuerden por ser un jugador leal”, explicó en su día a Panenka. Si aquel 2010 no fue 100% redondo para Zanetti, por cierto, fue por culpa de Diego Armando Maradona, quien de forma inexplicable prescindió de sus servicios para la convocatoria del Mundial de Sudáfrica. Tras la Copa del Mundo, Javier Zanetti regresaría otra vez a la ‘Albiceleste’.


Fotografía de Imago.