Acostumbrado a navegar por las primeras posiciones de la Ligue 1 en el último lustro, desde ese glorioso 2011, cuando ganó el título, el Lille había mantenido una línea muy positiva, quedando tercero, sexto, otra vez tercero, octavo y quinto. Después, la temporada 2016-17 fue mediocre, acabando en la undécima posición. En la siguiente apareció Christophe Galtier –fichó por el conjunto francés en diciembre de 2017-, cogiendo un equipo en descenso, deprimido, extremadamente joven y que no estaba habituado a corretear por la zona baja de la clasificación, y consiguió calmar las aguas en Hauts-de-France, salvando al equipo a falta de una jornada para el término de la liga con tres victorias consecutivas de infarto. Ahora, el exentrenador del Saint-Etienne lo ha convertido en una de las revelaciones de la temporada, llevándose una parte de los focos que suelen iluminar únicamente al PSG en la liga francesa.

Aquella resurrección le valió la confianza no solo de la directiva, sino del núcleo duro de la plantilla. El pasado verano llegaron diversos fichajes para equilibrar el equipo: desde veteranos como el central José Fonte, sin coste alguno, o Loïc Remy, hasta jóvenes talentos como Rafael Leao, también sin gastar ningún euro, procedente del Sporting de Lisboa. Estas incorporaciones, sumándose a los Pépé, Thiago Mendes y compañía, catapultaron al Lille hasta la segunda posición, siendo el único equipo que, si puede llamarse así, le aguantó el tipo durante un tramo de la temporada al PSG. Un auténtico éxito, considerando que el objetivo al inicio de temporada era quedar entre los diez primeros clasificados. Con el paso de las jornadas, como era de esperar teniendo en cuenta que el combustible que usan ambos equipos es diferente, los parisinos apretaron el acelerador para acabar imponiendo su ley.

En el caso de un conjunto con las características del Lille, las figuras que se encargan de la preparación, cuidado y recuperación física de la plantilla todavía adquieren más importancia en el rendimiento del grupo. De hecho, han sido una parte esencial para el éxito del equipo. En dos datos se resume todo: solo tres jugadores de la actual plantilla superan los 30 años, en cambio, 16 futbolistas tienen 23 años o menos. En este contexto, Eduardo Parra, preparador físico del Lille –especialista en la recuperación de lesiones y vinculado a todas las áreas del staff técnico-, ha sido clave en el rendimiento de los muchachos de Christophe Galtier.

Parra reconoce que tener la plantilla más joven de la liga, como todo, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. “La falta de experiencia en partidos grandes se compensa con una chispa en cuanto a velocidad, aceleración y dinamismo difícil de ver en una plantilla repleta de veteranos. Y como en nuestro modelo de juego hay muchas transiciones, se necesitan entrenamientos de velocidad”, reconoce el español, que ha completado su primera temporada en Lille después de más de una década en la élite.

El preparador físico del Lille arrancó su trayectoria en casa, en su Vigo natal, con el Celta (2007-2009). Después acompañó a su amigo Rafa Benítez en el Liverpool, en el último año del entrenador en Merseyside, y en el Inter de Milán, donde el técnico duró escasos meses en el cargo, pero Parra completó las temporadas 10-11 y 11-12. A ello le acompañó una corta escapada a Rusia, solo de unos meses, en el Anzhi Makachkala, que acabó en diciembre de 2013. Unos días después, se incorporaría a las filas del West Ham, donde estuvo un año y medio. Tras la aventura inglesa, una llamada de un viejo conocido le devolvería a España. Rafa Benítez llegó a Madrid y el gallego lo acompañó. De nuevo, el despido del técnico español no movió de su cargo a Parra, que formó parte del staff que celebró la undécima y duodécima Champions del Real Madrid (2015-2017). A finales de 2017, finalmente, haría las maletas hasta el norte de Francia para incorporarse a su actual equipo.

 

“La Ligue 1 es una competición muy intensa en la que trabajar con jugadores muy jóvenes te permite el reto de tratar de impulsarlos y mejorarlos, aunque estén solo unos meses o un par de años”

 

Un currículum con tantos kilómetros recorridos y tantos jugadores con los que ha trabajado coloca a Eduardo Parra como una de las voces más legitimadas para hablar con conocimiento directo de las diferencias que existen en cada país, en cada liga y en cada club. Partiendo de la base de que en cualquier liga y en cualquier país, a niveles tan altos de competición, el fútbol se trata de un deporte que requiere un rendimiento máximo, para el preparador físico gallego, “la Premier League se lleva la palma en cuanto a ritmo. Es un fútbol mucho más físico que los otros. Necesitas un punto de intensidad máximo del minuto uno al 90 y te obliga a luchar todos los balones, tanto aéreos como a ras de suelo”. De aquel año en el Liverpool, Eduardo Parra recuerda, fascinado, que el jugador que más le sorprendió fue Fernando Torres. “Verlo entrenar era un espectáculo. Cómo se desplazaba, la rapidez de sus movimientos, la explosividad. Es cierto que jugadores de cierta edad también derrochaban una garra inhumana, como Gerrard o Kuyt –era impresionante lo que corría ese hombre- pero me quedaría con Fernando Torres”.

“En España reina la mezcla técnica-táctica. Toda la metodología se adapta a la periodización táctica, como en Italia, que se caracteriza por tener un ritmo bastante menor”, destaca Parra sobre las diferentes maneras de trabajar en La Liga y la Serie A. Al hablar de la Ligue 1, su última aventura, describe la competición como un trampolín para muchos jóvenes talentos. Una gran cantidad de jugadores provenientes de África y Sudamérica en busca de un hueco en el fútbol europeo en el que poder destacar y que equipos de mayor entidad los reclamen y den un paso adelante definitivo para su carrera. “Es una mezcla entre la liga española y la inglesa. Una competición muy intensa en la que trabajar con jugadores muy jóvenes te permite el reto de tratar de impulsarlos y mejorarlos, aunque estén solo unos meses o un par de años”, apunta el preparador español sobre el perfil medio de jugadores en la plantilla del Lille y en la liga. Jugadores que ya impactaron, desde el primer momento, a Parra. “Si Nico Pépé destaca para el espectador a través de la televisión, imagínate cuando trabajas con él. Produce una cantidad de esprints altísima en pocos minutos. Además, evidentemente, tiene calidad técnica para definir, para crear jugadas de la nada. Rafa Leao es un chico de 19 años que tiene un talento físico imponente. Es un chaval grande con una zancada importante y también con capacidad para producir peligro constantemente. El lateral Zeki Celik también me ha sorprendido, como los mediocampistas Thiago Mendes y Zekaj”.

Pese a destacar, sobre todo, a los jóvenes talentos del Lille, Parra no se olvida de mencionar la implicación y el envidiable nivel físico de los veteranos de la plantilla, como son los casos de Loïc Remy y José Fonte. “No son esprinters como otros jugadores, pero los ves siempre en el gimnasio antes del entreno preparándose para estar al nivel de todos”, asegura, añadiendo que “este es el escenario ideal para un preparador físico. Trabajar con un grupo así da gusto. Todos tienen su programa indicado y también es mérito de ellos conseguir mantener este rendimiento físico sin descanso. Gracias a esta implicación se consiguen los éxitos también”.

Y de esa garra y preparación física necesaria para el éxito en el mundo del fútbol, Parra mantiene que “muchas de las primeras relaciones causa-efecto por derrotas o victorias son a nivel físico”. No consiste en soltar gritos ordenándole a los jugadores que den 20 vueltas al campo esprintando, sino que “cada ejercicio debe estar al servicio del modelo de juego que tiene el equipo, que lo físico se implique en lo táctico”. Nunca descubriremos realmente cuál es la ecuación del éxito eterno y matemático en este deporte, pero siempre habrá una parte del puzzle que podrá trabajarse hasta la saciedad para que no te quede el gusanillo de que algo más podrías hacer. Y ese el caso del rendimiento y sacrificio físico, el estar preparado para que el partido dure 120 minutos o los que sean. Que si pierdes ese partido sea porque, simplemente, eran mejores.