“Un extranjero salva a Italia en su debut”. Así resumía en marzo el diario Clarín la polémica que desató la convocatoria de dos jugadores nacidos lejos de Italia con la selección azzurra. Aquel titular, también evitaba todo opción a réplica, dejando entre leer que por poco autóctono que sea un gol, sabe igual de bien en una clasificación para la Eurocopa. Aquel extranjero que salvó a Italia contra Bulgaria era Éder Citadin Martins, nacido en Brasil hace 28 años y uno de los principales atacantes de la Sampdoria. Éder debutaba esa noche enfundado en la zamarra de un país que le ha convertido en profesional y anotaba un primer gol que sirvió para prolonga la historia de la selección italiana, que no pierde un partido de clasificación desde 2006.

El jugador, que se encuentra sin duda en la mejor etapa de su carrera, no llegó a Italia precisamente por la puerta grande. La nacionalidad italiana de su bisabuelo trajo a Éder y a su familia a la península Apenina cuando el chico tenía 17 años

“Il gol è dedicato a chi non mi voleva qui”, así, con un italiano perfecto –no sin el característico acento cantarín portugués– dedicaba ese tanto a los antagonistas de su participación con el conjunto nacional. Pensaba especialmente en personajes como Andrea Mandorlini, entrenador del Hellas Verona, que espetó en su día: “trabajamos para formar y lanzar a los jóvenes de aquí y luego llaman a otros”. Pero sobre todo pensaba en Roberto Mancini, firme y público opositor a la convocatoria de “oriundos” –así es como llaman a alguien que no ha nacido en el país pero que hace valer los orígenes de sus progenitores–. Poca más repercusión hubieran tenido las palabras del técnico interista si no fuera porque, meses después y durante el mercado de verano, pelearía por ficharle. Así, Eder se colocó en primera línea de los medios italianos durante unos meses. ¿Qué tenía de especial ese chico de origen brasileño de la Sampdoria, que acabó séptima en la tabla? Para evitar una posible salida del chico y ponerle a la vez algo más de picante al asunto, tuvo que aparecer en escena Massimo Ferrero, uno de los presidentes más controvertidos de toda la Serie A.

El productor cinematográfico, con su habilidad particular para captar talentos que enganchan al espectador, blindó a su futbolista, se aferró a él y lo ha convertido en el principal protagonista de la trama. Ante la ausencia de Manolo Giabbadini, referencia en el ataque la temporada pasada y jugando ahora para el Nápoles, Éder Martins ‘chupa cámara’; hasta tal punto que se ha erigido como el máximo goleador de la Serie A. El extremo ha marcado cinco goles en cuatro jornadas de liga, registros a la altura de Cristiano Ronaldo y solo superado por Aubameyang y Müller.

El jugador, que se encuentra sin duda en la mejor etapa de su carrera, no llegó a Italia precisamente por la puerta grande. La nacionalidad italiana de su bisabuelo trajo a Éder y a su familia a la península Apenina cuando el chico tenía 17 años. Aterrizó en el filial del Empoli y empezó a escalar categorías del Calcio. La última mudanza fue a Génova en enero de 2012, cuando la Sampdoria aun militaba en la Serie B. Su trayectoria, al fin y al cabo, comparte con Italia tantos lazos como las de sus compañeros de selección. Aunque este tema nunca ha parecido importar demasiado a Massimo Ferrero, que enloquecerá aún más si su Sampdoria acaba la liga tan bien como la ha empezado, y mucho menos a Antonio Conte, que anda muy escaso de gol autóctono. Las estadísticas no engañan, y la última hornada de goleadores se estancó en los Luca Toni, Del Piero o Inzaghi. Balotelli no siempre está por la labor y la esperanza de encontrar en Insigne o Immobile un nuevo icono nacional se ha ido apagando paulatinamente. Aunque la liga no ha hecho más que empezar, Éder sabe que su presencia en la próxima Eurocopa dependerá de si es capaz o no de mantener estos registros. Si lo hace, tendremos la oportunidad de ver un nuevo brasileño defendiendo una camiseta poco verdeamarelha.