La despedida del ‘Kun’ fue un palo. Uno de los gordos. No hay peor despedida que la inesperada. Dejar el fútbol cuando solo pensabas en el siguiente partido es algo así como cortar con tu pareja cuando todavía la quieres. Porque deseas seguir, pero no puedes. En cambio, si crees que ya lo has hecho todo, si has marcado todo lo que tenías que marcar, si has levantado todas las copas que has podido, es mucho más fácil. Lo asumes como si acabaras con una relación que no había por dónde cogerla. Duele, claro, pero no tanto.

Quizá por aquello de no saber lo que tenemos hasta que lo perdemos, las despedidas nos ayudan a ubicar en el lugar que le corresponde a aquello que dejamos atrás. Con el ‘Kun’, con sus lágrimas al confirmar que no volverá a jugar al fútbol, sucedió exactamente esto. Al conocerse su futuro, el mundo balompédico, su mundo, le rindió un homenaje para ensalzarlo como lo que es: uno de los mejores delanteros de la última década, quizá también de este siglo y tampoco sería una locura decir que es de lo mejorcito que ha visto un césped en toda su vida delante de una portería. Porteros que habían sufrido sus goles, defensas castigados por sus regates, centrocampistas que nunca le robaron un balón, delanteros que soñaron ser astutos como él, todos, absolutamente todos, compañeros y rivales, inundaron las redes para felicitar una carrera envidiable. Un reconocimiento justo para un tipo que no paró de marcar goles en cualquier rincón del planeta. De inicio a fin. De Avellaneda a Barcelona. En Madrid y en Mánchester. Dónde fuera, este goleador insaciable que de pequeño se ganó el apodo de ‘Kun’ por su adicción y semejanza a un dibujo animado nipón de nombre Kum Kum, se hartó a meter el balón entre los tres palos y batir récords. 

 

Porteros que habían sufrido sus goles, defensas castigados por sus regates, centrocampistas que nunca le robaron un balón, delanteros que soñaron ser astutos como él, todos inundaron las redes para felicitar una carrera envidiable

 

Su documento de identidad no llegaba ni a los 16 años cuando debutó en el fútbol argentino con Independiente. Nunca ha habido nadie que lo haya hecho tan joven como él, que superó en este registro a Maradona. Fue el gran estandarte del Atlético pre-Cholo, conquistando con los ‘Colchoneros’ la Europa League, el primer paso para convertir al club en potencia mundial. Se fue a Mánchester y escogió el sky blue en tiempo donde lo lógico, lo normal, era escoger el red si te ibas al noroeste inglés. Esa elección cambió la historia. Como también lo hizo aquel gol al QPR, con el consiguiente, e imborrable, “I swear you’ll never see anything like this ever again!” gritado por Martin Tyler, mientras el argentino marcaba uno de sus 257 goles con un City que a partir de entonces se permitió mirar a los ojos a su vecino mancuniano. Unas cifras, por cierto, que nadie había logrado antes ni en Maine Road ni en el Etihad. En esos años en Inglaterra, aquella cantidad ingente de goles le valió para superar a Thierry Henry, nada mal, como máximo goleador extranjero en la historia de la Premier League. También fue el tipo que más hat-tricks marcó, el que anotó más goles en un mismo partido y el cuarto futbolista con más tantos en la competición, solo por detrás de Alan Shearer, Wayne Rooney y Andy Cole. Y con Argentina, por si todo lo demás sabe aún a poco, el verano pasado sumó la Copa América a dos Mundiales sub-20 y un oro en los Juegos, cerrando la cuenta goleadora en 41 goles, pisando los talones a Gabriel Batista y su inseparable Leo Messi.

La despedida llega pronto, mucho antes de lo que el propio Agüero hubiera deseado, sin apenas haber podido disfrutar de su última aventura en Barcelona. Pero en el poco tiempo que estuvo en el club, en apenas cinco ratos, demostró que lo suyo siempre fue el gol. Porque probablemente no haya mejor despedida para alguien que lleva toda su vida marcando goles que decir adiós a tu íntimo amigo, el gol, en un partido que cualquiera quisiera jugar. “Me voy con el último gol que le hice al Madrid, je. ¿No está mal hacerle el último gol al Madrid, no?”, dejó caer, con su habitual chispa, el día que anunciaba que lo dejaba. Y la verdad es que no está nada mal. Un gol a la altura de su carrera. Quizá no haya mejor manera de despedirse.

 


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Fotografía de Imago.