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Davide Astori en la eternidad

Florencia es arte. Un lugar dulce, que evoca pasión. Pero también es Davide Astori, un símbolo que siempre será eterno en el Artemio Franchi. Ya han pasado siete años del fallecimiento del zaguero. Su recuerdo sigue brillando

Davide Astori

Llegamos al mercado de Santo Spirito, donde cada domingo turistas y locales se funden en un solo ser. Ella, empeñada en encontrar unos pendientes que había visto semanas atrás. Yo, ingenuo, algo que me llevara a esa Fiorentina de los años noventa. O si no a la de principios de siglo. Una bufanda, una camiseta… Daba igual, porque cualquier época viola se convierte en mítica en mi memoria. Disfrutábamos perdidos entre libros, cámaras antiguas, bisutería, ropa a la que no le gusta que la llamen vintage, pero ni rastro del escudo con la flor de lis. Tampoco de sus pendientes. Pero, de repente, algo llamó mi atención. Era una camiseta que brillaba escondida debajo de unos trapos viejos. En ella, un número ’13’ junto a una inscripción: “Scuola Calcio Davide Astori”. Fue un instante donde el mundo se detuvo. Sentí que lo había encontrado. Davide Astori, aquel futbolista que nos perdimos. Aquel futbolista que Florencia no ha dejado de honrar desde su inesperado fallecimiento en 2018 a los 31 años.

Andar con miedo a caerse. Desde luego que Stendhal no se equivocaba. Florencia. Sus calles estrechas. Un puente inimitable. Maravillosos atardeceres. Y, por supuesto, el espectacular Duomo que preside la ciudad. Cuántas cosas bonitas en un solo lugar. Y es que, si en una semana uno puede enamorarse, ¿qué sentirán quienes la pueden disfrutar día a día? Cuando lo rutinario se torna bello, dulce y apacible. Porque Florencia es arte. Un lugar dulce, que evoca a la pasión. Pero también es fútbol. Y no hace falta estar mucho tiempo para darse cuenta de ello. En cualquier rincón, una bufanda viola, una bandera con la flor de lis o una camiseta con el ‘9’ de Batistuta.

 

Apenas fueron dos temporadas y media en la Fiorentina, pero suficientes para llenar de pasión el Artemio Franchi. Por su rendimiento, su profesionalidad y su carácter fuera del campo. Astori se ganó el brazalete y se convirtió en un ejemplo de capitanía

 

No era mi primera vez en la ciudad, pero aquella semana fue única. Una semana en la que huir de la vorágine de la inmediatez, en la que sentir la libertad, y en la que enamorarse. Empaparse de Florencia. Repetir por sus calles y sentirlas como únicas. Pero aquella camiseta me hizo parar. Hacía referencia a la escuela de fútbol de San Pellegrino, rebautizada en honor al central bergamasco. Hoy hubiese cumplido 38 años, recordé. Quién sabe si todavía en la ciudad, pero seguro que, como un hincha más. Apenas fueron dos temporadas y media en el club, pero suficientes para llenar de pasión el Artemio Franchi. Por su rendimiento, su profesionalidad y su carácter fuera del campo. Se ganó el brazalete y se convirtió en un ejemplo de capitanía. Dichosa sea la vida.

Decidí dejarla allí. Sería un pecado ponerle precio. Aún más, alejar aquel recuerdo del lugar al que pertenece. Y aunque un hallazgo como ese no te cambie la vida, algo te hace reflexionar. Quizá sobre la vida, sobre el éxito, sobre el amor. Quién sabe. Pero mientras seguíamos buscando aquellos pendientes, el retirado dorsal ’13’ ya no salía de mi cabeza. Fue un instante donde se juntaron el inicio y el desdichado final de su historia. Del rincón en el que empezó a patear sus primeros balones al altar en el que se convirtió en estrella.

Davide Astori

Y siete años hace que Florencia se despidió de él. Siete años desde que el Artemio Franchi lloró su partida. Así como en el Cagliari, donde pasó seis temporadas de su carrera, y en todo el fútbol italiano. Porque Florencia es arte. Un lugar dulce, que evoca pasión. Pero también es Davide Astori, un símbolo que siempre será eterno. “El Capitano per sempre”. Así le recuerdan. Y hasta suena poético, porque en Florencia el tiempo es otro. A pesar de la cantidad de turistas que llenamos la ciudad, sus rincones no pierden la esencia. La misma que emocionó a Stendhal. La misma con la que Davide Astori sigue brillando allá donde esté.

 


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Fotografía de portada de Getty Images.