“En nuestro vocabulario, el término Corea se transformó: pasó de ser un término puramente geográfico a un sinónimo de derrota”, escribió Pietro Cabras en Corriere dello Sport en 2012. Habían pasado 48 años, hoy 58, pero aquella dolorosa e inesperada derrota italiana ante Corea del Norte seguía doliendo. El 20 de julio de 1966, justo el día después de esa debacle, José L. Lasplazas decía en Mundo Deportivo: “Este Mundial quedará en la historia del máximo torneo futbolístico como la competición que habrá registrado las más inesperadas sorpresas”. “Fue, este partido, la demostración plena de que nada vale ni puede valer la ciencia por si sola, si no se pone a su servicio todo el corazón y todo el anhelo de luchar contra lo que todos tienen por imposible. Desde luego, los norcoreanos han dado una magnífica lección de voluntad y de fe. Los jugadores de la squadra azzurra, los mejores pagados del mundo, los que gozan de una mayor publicidad y de una devoción casi mítica de sus aficionados, no han sabido encontrar suficientes resortes espirituales para deshacerse de un once que, si llegó a Inglaterra envuelto en el velo del misterio, ha acabado imponiéndose por sus propias ansias de superación”, aseguró Lasplazas, glosando el hito de los norcoreanos: “bisoños, pero entusiastas y combativos”.

Pero antes de medirse a Italia, Corea del Norte tuvo que superar la fase de grupos. Y no fue fácil, ya que cayó encuadrada en un grupo complicado: con la Unión Soviética, campeona de Europa en 1960 y subcampeona en 1964, Chile, tercero en el Mundial de 1962, e Italia, por ese entonces empatada a dos títulos mundiales con Uruguay y Brasil. La selección norcoreana, tan exótica como hermética, debutaba en un Mundial. Y llegó a Inglaterra con un equipo de militares y repleto de nombres anónimos, casi amateur. Ninguno de sus 22 jugadores competía más allá de las fronteras del país, aunque era algo común en el fútbol de la época. De las 16 selecciones participantes, solo tres tenían jugadores en el extranjero: España (Luis Suárez y Joaquín Peiró, del Inter, y Luis del Sol, de la Juventus), Alemania Federal y Francia.

Corea del Norte se estrenó con una clara derrota ante la URSS de Lev Yashin (3-0), en un partido arbitrado por el español Juanito Gardeazábal. Según la crónica de Mundo Deportivo: “Los orientales han practicado un fútbol atractivo que ha gustado a los aficionados. No han sido, sin embargo, rivales de consideración para los rusos”. “Los espectadores aplaudían a los coreanos, mientras que lanzaban abucheos contra los rusos cada vez que infligían el reglamento”, proseguía el texto. Los norcoreanos cayeron, pero el público de Middlesbrough quedó enamorado de su ambición, de su estilo ofensivo. En la segunda jornada el equipo empató con Chile, con un tanto salvador en el 88′. Las gradas lo celebraron: un inglés incluso saltó al campo para felicitar a los norcoreanos. Y se marchó detenido por la policía.

El 19 de julio las selecciones norcoreana e italiana se citaron en Middlesbrough, sede de los tres partidos de la fase de grupos de los asiáticos, con un billete para los cuartos de final en juego. Los europeos partían como indiscutibles favoritos, porque les bastaba el empate, ya que sumaban un punto más que Corea del Norte tras superar a Chile y perder contra la URSS, y, sobre todo, por historia y por apellidos. Contaban con Gianni Rivera, Sandro Mazzola y Giacinto Facchetti, entre otros grandes nombres del fútbol italiano. Dos años más tarde ganarían la Eurocopa. Y cuatro años más tarde acabarían segundos en el Mundial. Pero el triunfo fue para los norcoreanos. Vencieron con un tanto de Pak Doo-Ik en el minuto 42: “un contraataque rápido, una llegada por el callejón del ‘8’ y un tiro cruzado a la derecha de Albertosi, raso y duro, al que el portero no llega. Para entonces Italia ya jugaba con diez, por lesión de Bulgarelli,  el capitán”, escribió Alfredo Relaño en 366 historias del fútbol mundial que deberías saber. La hemeroteca dice que tras aquel triunfo, Pak, cabo en el ejército norcoreano, fue ascendido a sargento. Nunca fue dentista, como se dijo en Europa. “Después de la guerra de Corea trabajé como obrero en una imprenta. Mientras, empecé a jugar al fútbol. En 1957 fui llamado para el equipo de Pyongyang y me hice profesional. Tenía 20 años. Ya en 1959 me eligieron para la selección”, contó en el documental The Game of Their Lives (2002). Después del Mundial dejó el ejército y el fútbol y empezó a trabajar como profesor de gimnasia.

 

Para Pak y compañía, ‘Inglaterra’ pasó de ser un término geográfico lejano a un sinónimo de alegría

 

“El segundo tiempo es un frontón. Italia va y va y no encuentra el gol. Los defensas coreanos ganan siempre el último balón por centímetros, o el remate se va por poco, o Lee Chang-Myung, un gato en la portería, salva lo imposible. Bajito, elástico, es la pesadilla italiana. El resultado final resulta increíble: 0-1”, dijo Relaño. “Fue la primera verdadera gran sorpresa de un Mundial, la primera victoria del tercer mundo futbolístico sobre el primero”, añadió. Fue la primera victoria asiática en un Mundial. Y fue la primera vez que una selección asiática accedió a la fase eliminatoria de un Mundial. Y fue, de hecho, el mejor resultado del fútbol asiático en un Mundial hasta que Corea del Sur alcanzó las semifinales en 2002, precisamente tras eliminar a Italia en octavos. En Middlesbrough muchos ingleses celebraron el triunfo de Corea del Norte contra Italia. “En medio de apoteósicos aplausos, Corea ha vencido a Italia”, testimonió la crónica de Mundo Deportivo. “Jugábamos en casa. Los ingleses nos habían adoptado”, afirmó Pak en el documental The Game of Their Lives (2002). Aprendí que el fútbol no solo va de ganar. Aprendí que el fútbol puede mejorar relaciones diplomáticas. Y promover la paz”, aseguró Pak, atacante, cuando regresó a la ciudad de Middlesbrough, muchos años después, para grabar el citado documental.

La pronta eliminación de Italia indignó al país. Los tifosi recibieron a sus jugadores con tomatazos en Génova. Incluso se acusó a los asiáticos de aprovechar su parecido físico a los ojos occidentales para cambiar los once jugadores en el descanso. De hecho, Relaño recordó que Gardeazábal, árbitro del primer duelo norcoreano, “hizo una broma a la que hoy se le verían tintes racista: ‘No sé si es que cambian a los once en el descanso, ¡como todos parecen iguales!'”.

Corea del Norte, por su parte, accedió a la fase eliminatoria como segunda de grupo, solo por detrás de la Unión Soviética. “Corea, que no tenía reserva preparada, es hospedada por una orden religiosa para seguir en la competición”, apuntó Relaño. “En las noches, ver la capilla con la imagen iluminada de Jesús crucificado nos daba miedo y no podíamos dormir bien. Era la primera vez que veíamos una imagen así”, recordó Pak Doo-Ik en el documental. Ya en cuartos de final, el sueño norcoreano se cruzó con Portugal en el feudo del Everton, en Goodison Park. Les acompañaron 3.000 ingleses de Middlesbrough. La previa de Mundo Deportivo contaba: En Liverpool, junto a cuyos muelles crecieron poco a poco esas melenas de los beatles que han acabado por envolver al mundo en la pelusera de la extravagancia, pululan esos mosquitos llegados del Extremo Oriente, los simpáticos coreanitos, que revolotearon sobre los gigantescos italianos para picarles mortalmente una sola vez con su gol centelleante”. El mismo diario también recogía unas palabras de un integrante del cuerpo técnico luso, Manuel da Luz Alfonso: “No veo razón para menospreciar el juego de los coreanos. Según mis referencias se trata de un equipo con buena técnica y excelente preparación física. No cabe por tanto confianza ante ellos”.

Y no se equivocaba, porque del 23 de julio los norcoreanos empezaron sometiendo a los portugueses. Los asiáticos, “persistentes y pequeños” y “escurridizos como las anguilas marinas”, “de rostros imberbes”, según la crónica de Mundo Deportivo, marcaron en el 1′, en el 22′ y en el 25′ y dieron un paso de gigante hacia la final. La crónica de La Vanguardia remarcó: “La gran sorpresa del torneo estuvieron a punto de darla los coreanos. Marcarle nada menos que tres goles en el primer tiempo a Portugal no es empresa que esté al alcance de cualquiera, y ellos, con su velocidad y también, es hora de que se les reconozca, buen juego, marearon a la defensa lusitana, que a lo mejor consideraba iba a jugar un partido con toda tranquilidad y poco trabajo”. Pero de repente despertó Eusébio, máximo goleador de aquel Mundial. De sus nueve goles con el balón Slazenger Challenge 4-Star, cuatro fueron ante Corea: en el 27′, en el 43′, en el 56′ y en el 59′. José Augusto redondeó la victoria europea en el minuto 79 y sentenció a los asiáticos. Corea del Norte cayó eliminada, pero con el orgullo intacto. Para Pak y compañía, Inglaterra pasó de ser un término geográfico lejano a un sinónimo de alegría.

 


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Fotografía de Getty Images.