Arrigo Sacchi llegó al Milan en 1987 para poner todo patas arriba. En la Serie A de la época no interesaba demasiado lo que ocurriera con la pelota. El resultadismo imperante y el catenaccio copaban todo el espectro futbolístico italiano. Acumular hombres por detrás de la pelota, ganar duelos en defensa y despejar lo más lejos posible, era el pan de cada día. La llegada del técnico al banquillo ‘rossonero‘ lo cambió todo. Usó las armas defensivas de su equipo para extenderse en ataque y abrir un abanico de posibilidades nunca visto hasta entonces. Fue una auténtica revolución, sostenida por un pilar que seguía inamovible en el centro de la zaga milanista desde 1978: Franco Baresi.

Sus rivales seguramente agacharían la cabeza y le hablarían de usted cuando pasaban por su lado en el césped. Encarnaba a la perfección la figura de la palabra ‘capitán’. Si la buscas en el diccionario, es probable que te aparezca la foto de Baresi. Lo era desde que tenía 22 años. Su compromiso inquebrantable con el Milan, llegando incluso a jugar en dos ocasiones en la Serie B, lo convirtió en el referente de un equipo que, hasta la llegada de Sacchi, había estado en horas bajas. El técnico lo elevó a otro nivel e hizo que aspirase a cotas hasta entonces inimaginables. Rozando ya la treintena, fue ahí cuando pudo conseguir todos los títulos posibles con el club lombardo. En la temporada 88-89, levantó su primera Copa de Europa como capitán, la tercera del Milan. Un logro difícil de repetir si nos remitimos a los antecedentes en la competición. O no.

 

Se plantaron en la final de Viena el 23 de mayo de 1990 y vencieron por 1-0 al Benfica. El capitán levantaba así su segunda ‘orejona’ de forma consecutiva. No sería la última

 

La campaña 89-90 se abrió con los milanistas como grandes favoritos para pelear por todo. Venían de arrasar en Europa y, para colmo, contaban con los tres mejores jugadores de la época. A pesar de ser defensa, Baresi acabó segundo en la lucha por el Balón de Oro de 1989. Solo Marco van Basten, máximo goleador de la Copa de Europa, evitó que se lo llevara el italiano. El tercer puesto fue para Frank Rijkaard, completando así un podio histórico que ratificaba el dominio de un conjunto fabricado minuciosamente para llegar al éxito. Las cosas en el fútbol italiano no marcharon como se preveían. Quedaron segundos a tan solo dos puntos del Nápoles, que se llevó el Scudetto. En la Coppa, después de eliminar en semis al conjunto partenopeo, cayeron en la final ante la Juventus. Dos varapalos consecutivos que no evitaron el reconocimiento unánime a la figura de Baresi, elegido mejor jugador del año en Italia.

“¡Milan!”, gritaba el capitán con voz imponente desde el centro de la zaga. Acto seguido, comenzaban a encadenarse una serie de movimientos perfectamente entrelazados que hacían imposible sobrevivir al equipo rival. Baresi era el encargado de ordenar el famoso pressing de Sacchi. Una estrategia que ahogaba a los adversarios, acorralándolos y maniatándolos hasta que acababan cayendo ante una avalancha de fútbol total. Fue así como volvieron a conquistar Europa. Para ello, tuvieron que dejar en el camino a equipos como el Real Madrid de la ‘Quinta del Buitre’. En el Bernabéu, aguantaron el 2-0 de la ida con la famosa jugada del fuera de juego. Aquel día, los blancos quedaron en posición antirreglamentaria hasta en 24 ocasiones. Baresi lideraba una línea defensiva que se movía como un acordeón. El PSV y el Bayern también sucumbieron ante el torrente de fútbol ‘rossonero‘. Se plantaron en la final de Viena el 23 de mayo de 1990 y vencieron por 1-0 al Benfica. El capitán levantaba así su segunda ‘orejona’ de forma consecutiva. No sería la última.