Sudar es una elección personal cuando lo tienes todo. Para Leo Campana, casi un capricho. Heredero de una de las mayores fortunas de Ecuador, el delantero del Wolverhampton ha convivido siempre con el éxito. Nació entre algodones y entre ellos podría seguir estando, pero optó por la incomodidad del barro en las medias y el hielo en los tobillos. Su padre Pablo fue ministro de Comercio Exterior e Inversiones en Ecuador, su abuela Isabel una acaudalada e influyente empresaria y su abuelo Isidro un presidente histórico del Barcelona de Guayaquil, el que da nombre a su estadio. Leonardo Campana Romero (2000) era el típico proyecto de ‘niño bien’ al que puedes imaginarte matriculado en alguna doble licenciatura con ADE, pero quiso continuar el legado de su bisabuelo Gabriel, un reconocido ‘9’ al que apodaban ‘Matador’. Aunque todavía no haya debutado oficialmente con el Wolverhampton, equipo que le fichó a principios de año, se espera mucho del joven ariete. Cuando le firmó Jorge Mendes dijo haberse “enamorado” del guayaquileño. En declaraciones a Efe admitió que veía en él al “João Félix de Sudamérica”.

El año pasado fue bastante especial para el adolescente Campana, que terminó el curso habiéndose graduado dos veces. Lo hizo con nota en el Sudamericano sub-20 y más tarde, justo al término del torneo, en el colegio donde estudiaba Bachiller. En el examen sobre el verde sacó matrícula de honor: fue el mejor jugador de la competición, el máximo goleador con seis tantos y salió campeón con Ecuador. Gracias a ese éxito acaparador, su nombre comenzaba a asociarse con el de grandes clubes del continente europeo. Este trofeo de la ‘Mini Tri’ le procuró un sitio al equipo en el Mundial sub-20, donde lograron un histórico tercer puesto, también con Leonardo en la delantera. Real Madrid, Juventus, Milan, Inter… Todos parecían estar interesados en los servicios del atacante.

“Es zurdo, pero maneja las dos piernas tranquilamente. Se perfila muy bien, técnicamente es bueno y tiene gol. Además, es muy dedicado con el entrenamiento y tiene muy claras sus metas”, comentaba su ex preparador Tyrone Plaza en unas declaraciones para La Hora. “Como persona es un excelente chico, muy humilde, se lleva bien con todos y por eso se le hace fácil adaptarse al resto del grupo”, añadía el técnico asistente de Toreros FC. No debió ser fácil para Leo Campana cargar con el estigma de ser ‘hijo de’, de jugar en un estadio con el nombre de su abuelo, pero superó estas y otras vicisitudes hasta convertirse en lo que es hoy: la referencia de la ‘Generación de Oro’ del fútbol ecuatoriano. “No sufrí bullying porque demostré cuál era mi juego y que no era un recomendado (enchufado), explicó en una entrevista para Extra.

No parece, de todas maneras, que el hype de Leo Campana nos deje con el tiempo el esqueleto de un futbolista mediocre. Uno de los delanteros ecuatorianos más importantes de la historia, Iván Kaviedes, hablaba así de él en un vídeo publicado en redes sociales: “Muchos nos comparan pero él no va a ser como yo, seguro que no, va a ser mejor. Lo he visto jugar, sé de sus movimientos, sé como define… Es un jugador que va a dar muchas alegrías al fútbol ecuatoriano”. Federico Pena, que fue su representante hasta octubre del año pasado, quiso venderlo en Efe diciendo que le veía “una mezcla de cualidades de Zlatan Ibrahimovic y Thierry Henry”.

Por lo pronto, Nuno le dijo que lo veía demasiado ‘blandito’ para jugar en la Premier. Le pidió que perdiera grasa y ganase 6 kilos de masa muscular, según confirmó su padre por Instagram, y el ecuatoriano cumplió. Campana se puso las pilas y ahora tiene una planta de futbolista que tira para atrás; parece estar experimentando una evolución física muy parecida a la de su paisano Antonio Valencia cuando fichó por el Wigan. También el ‘Tren Amazónico’ necesitó moldear su cuerpo a la exigencia cuando llegó a la Pérfida Albion. Como Leo, pagó el peaje con el banquillo durante un tiempo.

El carácter competitivo de Campana ha de venir escrito en negritas en su código genético. Su padre Pablo fue uno de los mejores tenistas de Sudamérica en los años 90 hasta que, con 24 años, dejó el deporte para dedicarse a su familia y a los negocios. De él heredó gran parte de la pasión que tiene por la competición. Campana ‘Sénior’ entrenó con Andre Agassi cuando vivía en EEUU, participó en una Copa Davis y en los JJOO de Atlanta en la modalidad de dobles. Con 22 años alguien le aconsejó: “Tienes que ser el más grande. Trabaja fuerte y lo lograrás”. Aunque sea una frase gastada, no demasiado ocurrente, al joven Pablo se la dijo Mohamed Alí, y desde entonces se convirtió en una suerte de leitmotiv para él. Lo que vino después: casi todo éxito y riquezas. La afición ecuatoriana espera, por el bien de la selección, que el hijo exhiba en el campo la mitad del hambre que ha demostrado tener el padre en el ámbito empresarial.

Ese afán de superación heredado ha de servirle en Inglaterra para amedrentar a los defensores rivales. A decir verdad, Leo sigue siendo un pipiolo que, en algo parecido a un Erasmus, está pasando el lógico tiempo de adaptación que otros tantos ya se tomaron en su tránsito al fútbol europeo. Él mismo reconoció que Nuno Espirito Santo, su entrenador, le había pedido algo de “paciencia”. Este año, y en el puesto de ‘9’, Campana ha tenido siempre por delante a Diogo Jota y Raúl Jiménez, dos de los mejores atacantes de la competición. Con lo apretada que estuvo la Premier hasta el último momento, Nuno no estaba para experimentar con chavales recién llegados a las West Midlands.

El genial rendimiento de Raúl Jiménez en la temporada 19-20 puede precipitar su salida a un club con aspiraciones mayores, especialmente después de que los ‘Wolves’ se quedaran fuera de Europa en la última jornada. De todas maneras, la hipotética marcha del mexicano no tiene por qué significar un incremento en las oportunidades de Leo Campana. El técnico portugués lo ve algo verde todavía y buscaría un sustituto de rendimiento inmediato para hacer olvidar a Jiménez. Consciente del tremendo salto de nivel que hay entre el fútbol ecuatoriano y el inglés, Espirito Santo se ha planteado la progresión del futbolista como un objetivo a medio plazo. 

 

La afición ecuatoriana espera, por el bien de la selección, que el hijo exhiba en el campo la mitad del hambre que ha demostrado tener el padre en el ámbito empresarial

 

Es alto, ágil, goleador y posee una gran capacidad de mejora. Leo tiene algunas de las cualidades más solicitadas en un ariete, pero necesita pulirlas. Al término del verano, irremediablemente, deberá escoger dónde jugar este año, y tendrá que hacerlo tiento. En Wolverhampton la competencia será dura: trabajará al lado de futbolistas de gran talento y crecerá con ellos, pero nadie le puede garantizar minutos. Si se marcha cedido aspirará a tener una mayor continuidad en algún club interesante del continente, algo más que recomendable para un joven delantero en desarrollo. Allí donde vaya, deberá demostrar que pertenece a un linaje de ganadores.

Y es que, insaciables, los Campana-Romero siempre han formado parte de los círculos de mayor influencia en Ecuador. La abuela de Leo, Isabel Noboa, es fundadora, dueña y presidenta de un gigantesco consorcio de compañías (Nobis) y se le considera una de las empresarias más importantes de Latinoamérica. En 2019, además, fue investigada por un presunto tráfico de influencias con el expresidente Rafael Correa, que años antes había admitido en público que era “una gran empresaria” y que él “la quería mucho” porque “siempre había confiado en su país”. “¡Qué cantidad de inversiones ha hecho durante nuestro tiempo!”, ponía el diario La República en boca de Correa. Tampoco hay que olvidar que el padre de Isabel, Luis Noboa, llegó a ser el ecuatoriano más rico en los 90 tras convertir al país en el primer exportador mundial de bananas. 

Por otra parte, Isidro Romero Carbo, marido de Isabel y abuelo de Leo, fue el presidente más importante del Barcelona de Guayaquil. Aparte de las consecuciones deportivas, Romero Carbo sería el principal impulsor de la construcción de su estadio; ese que hoy alberga a 75.000 espectadores y que tiene colgado su nombre en la puerta. Gran empresario especializado en el sector inmobiliario, Isidro será candidato a presidente de Ecuador en las generales de 2021. 

Su yerno Pablo, que también aparecía en las quinielas como presidenciable, lo ha descartado hasta un mejor momento. Padre e hijo podrían ser, llegado el día, Primer Ministro de Ecuador y delantero de la selección nacional: pura fantasía. Para que luego digan que, de padres ricos, niños acomodados. Cuando hay colmillo, como el que ha heredado Leo de una estirpe de ambiciosos ‘escualos’, poco importa lo que ya tengas: siempre habrá algo más por conseguir. A la espera de que Nuno, el propio jugador y el club decidan qué pasará con él la próxima temporada, en Ecuador aguardan esperanzados que Campana comience a repicar. 

 


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