Aquellos que no hemos llegado ni a ser futbolistas frustrados, los que nos dormíamos con ganas de soñar celebrar un gol en nuestro estadio favorito abrazados por nuestros jugadores favoritos y que nos levantábamos aún con los deberes de matemáticas por hacer, nos suele gustar un tipo de jugador en peligro de extinción en el mundo del fútbol. Es ese tipo de jugador al que le brota el talento de las botas por castigo, que en cada contacto con el balón te hace replantear si el sueño que tenías de ser futbolista era aún más loco de lo que te decían tus padres, que no es poco decir.

En este fútbol cada vez más físico y en el que se piensa antes en qué hacer sin balón que con él, este perfil de jugador, que suele campar a sus anchas por el tapete, es todavía más difícil de ver lucir, y debe adaptarse a lo que le piden las nuevas corrientes balompédicas. Es quizás por ello que uno de los mayores exponentes de este tipo de jugador está teniendo su mejor temporada. Hakan Çalhanoglu baila mejor que nunca por Milán.

No ha sido fácil el proceso de aprendizaje de la coreografía que ahora desempeña a la perfección cada fin de semana. Hemos tenido que esperar hasta la cuarta temporada, como en las buenas series, para ver al mejor Çalhanoglu, el que tanto había prometido en Alemania. El Milan pagó por él 23 millones de euros al Bayer Leverkusen en 2017 para hacerse con sus servicios. El turco, salido de la cantera del Karlsruher, había pasado también por el Hamburgo antes de jugar tres temporadas en el equipo de la aspirina, donde llamó la atención de los grandes de Europa.

 

Ya no es un jugador de Youtube, sino de WhyScout, del que tienes que fijarte en todos sus movimientos para entender qué quiere el Milan

 

Tampoco puede decirse que hayan sido años horrorosos los de Çalhanoglu hasta el momento. El golpeo de balón del que goza, uno de los mejores del mundo tanto a balón parado como en jugada, le basta para sumar números más que dignos cada temporada. En su año de debut en San Siro registró ocho goles y 14 asistencias, números que no consiguió aumentar en su segunda campaña, con cuatro tantos y once asistencias. En la pasada temporada, tan solo en liga, fueron nueve tanto los goles como las asistencias; y en esta, los números siguen al alza. En ocho partidos, Çalhanoglu ya ha repartido cinco asistencias y ha anotado cuatro goles, guiando al líder de la Serie A; un Milan que cuenta sus partidos por victorias.

Si los números ya invitan a confiar en que debe ser la temporada de explosión definitiva del turco, más lo hace todo lo que genera además de los datos materiales. Porque es ahí donde ha mejorado sus prestaciones. Ya no es un jugador de Youtube, sino de WhyScout, del que tienes que fijarte en todos sus movimientos para entender qué quiere el Milan.

Sin ser un gran driblador ni un velocista, Çalhanoglu tiene capacidad para generar peligro por sí mismo. Además de su pie derecho, el izquierdo también representa una amenaza en campo abierto, y su toma de decisiones le convierte en un quebradero de cabezas para sus rivales. La lógica confianza que tiene en su golpeo le permite imaginar una cantidad de envíos elevadísima y al momento es capaz de decidir cuál es la mejor opción, con la seguridad de que el balón va a llegar adonde quiere. Si no ve una recepción clara, también sabe contemporizar y esconder el balón de su rival.

 

Ibrahimovic reconoció que Hakan “está jugando como un verdadero ‘10’ del Milan y está preparado para seguir siéndolo”

 

No todo ello ha surgido de un día para otro, evidentemente. Está mejor acompañado que nunca. De un extremo que le limitaba como Suso, que necesitaba ser protagonista por dentro, ha pasado a tener al costado a Saelemaekers, siempre dispuesto a desmarcarse en largo y ofrecerse como vía de escape sin retener la pelota. Por la izquierda, otro portento se está erigiendo como una promesa cada vez más real, Rafa Leao; y, junto con Rebic, son perfiles que también le complementan. Por último, no puede obviarse la presencia de Ibrahimovic, que también ha ayudado a que mejorase Çalhanoglu. De hecho, a todo el club, tanto a la plantilla como a la institución. La presencia de Ibrahimovic ha supuesto un cambio importante. A sus 39 años no está para grandes trotes, pero sigue siendo un seguro de vida para combinar y retener la posesión. Cerca del área, por supuesto, ambos son capaces de dar el último pase o rematar, por lo que prácticamente son un dúo bidireccional.

El sueco, tan irreverente como cuando asomó la cabeza en el Ajax de inicios de siglo, no tuvo pelos en la lengua para, en su llegada al equipo el año pasado, hablarle de lo que puede llegar a apretar la camiseta del ‘10’ en el Milan cuando las cosas no marchan como deberían. De la misma manera, Ibrahimovic reconoció que Hakan “está jugando como un verdadero ‘10’ del Milan y está preparado para seguir siéndolo”.

Paolo Maldini, otro mito del club y actual director técnico, también quiere que el turco sea una pieza central en el proyecto del Milan, y por ello quiere renovar cuanto antes su contrato, que termina al final de esta temporada.

Es apetitoso mirar el futuro inmediato del Milan. Y difícil no ilusionarse con el retorno de un grande a la élite europea que se ha pasado muchos, demasiados, años vagando por la mediocridad. Sin embargo, sin dejar de soñar con un hipotético Scudetto que aún está muy lejos, el foco de la institución ‘rossonera’ debe estar en los despachos, y seguir dotando de mimbres al club para que el intento vuelva a quedarse en el camino, como ha pasado en la última década. Mientras Maldini trabaja en su oficina, la afición disfruta de la coreografía semanal de Çalhanoglu.

 


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Fotografía de Getty Images.