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Duras y largas semanas de cuarentena que parecen no tener final. Pasa exactamente lo mismo día tras día. No llego a concebir el motivo exacto por el cual lo siento de tal manera, pero en lugar de 24 horas, la jornada parece, como mínimo, de 72. Supongo que a la mayoría de gente le ocurrirá lo mismo que a un servidor. Entre tanto, hacemos lo que podemos para no caer presos de una locura que nos autodestruya como pasó con El Quijote de Miguel de Cervantes. 

Durante las horas que pasamos encerrados entre cuatro paredes, tenemos tiempo para bailar, jugar a las cartas, leer un buen libro y, sobretodo, algo esencial en nuestras vidas, escuchar música. De entre todos los vinilos guardados, hoy ve la luz uno que consigue apropiarse de mi total atención de forma inaudita: For Emma, Forever Ago, de Justin Vernon, artísticamente conocido como Bon Iver. Los ritmos que esconde su música, la realidad y dureza de sus letras y, sobretodo, esa voz tranquila y serena, permite al oyente ser capaz de viajar sin tener que salir de su habitación. 

Tras investigar un poco acerca de su vida, descubro que, en 2007, Justin comenzó a sufrir una serie de percances que le hicieron abandonarse a sí mismo.  Primero, dejó la banda que había creado con sus amigos porque no creía en el rumbo artístico que estaba tomando. Poco después, se topó de frente con una de las peores desgracias que le podían haber sucedido: su pareja puso fin a la relación que tenían ambos. Por último, y como suele decir Ed Sheeran, ‘the worst things in life come free to us’, Justin sufrió una mononucleosis que le acercó más a un lugar inhóspito e incierto que al que todos conocemos y habitamos.

Vernon se encontraba perdido en el mundo, del mismo modo que un niño cuando se separa de sus padres en un parque de atracciones. Desesperado por encontrar un sentido a la vida, a sí mismo y algo a lo que aferrarse, huyó bien lejos. Lo mismo hizo Adel Taraabt (Fez, 1989), quién como Justin Vernon, tocó fondo para poder mostrar al mundo que el renacer de un genio es posible. 

Y es que Taraabt asombró al gran público cuando el QPR ascendió a la Premier League la temporada 2010-11 de la mano del talentoso futbolista marroquí. 19 goles y 15 asistencias en 44 partidos tuvieron la culpa de que los focos comenzaran a apuntarle. Además del show que impartía con su asombrosa calidad técnica en el rectángulo de juego semana tras semana. Con el balón en los pies, el volante era siempre sinónimo de peligro. Capaz de inventar de la nada cualquier frivolité para anotar o regalar un gol a alguno de sus compañeros. Su talento era insuperable; volvía locos a todos los defensas de la primera división inglesa, incluido al dúo infranqueable formado por Ferdinand y Vidic en Old Trafford. Pero, con el tiempo, su bajo ritmo de esfuerzo y la falta de entusiasmo amenazaron con destruir la carrera de un diamante en bruto. Hasta que, finalmente, este se dejó ir.  

Lo reconocían hasta sus compañeros. “Era un muchacho joven que tenía todo lo necesario para ser una superestrella. El problema está en que tenía más ganas de volver loco a un defensa que de hacer un pase sensato. Tenía mucha habilidad con el balón, pero nunca supo juntar las dos cosas”, declaró Peter Crouch cuando le preguntaron sobre la estancia del marroquí en White Hart Lane durante el verano de 2009, cuando coincidieron en el verde antes que el marroquí luciese la elástica del QPR. Los destellos de calidad seguían presentes en el campo, pero Adel ya no era aquel futbolista que había enamorado a toda una generación en los lluviosos y húmedos estadios británicos.

 

“Ahora puedo considerarme un futbolista diferente y muy profesional. He perdido unos diez kilos, y nunca había trabajado tan duro en mi vida”

 

Antes de ser traspasado al Benfica en el año 2015, Taraabt fue cedido por el QPR al Fulham y al Milan, respectivamente. El propósito de aquellas idas y venidas era que el jugador intentase recuperar las sensaciones y rescatase sus cualidades, tras acabar con la paciencia de los dirigentes del club ante sus continuas faltas de actitud y profesionalidad. Apenas disputados 16 partidos y habiendo anotado un solo gol con el Fulham, terminó antes de tiempo su contrato de cesión por una temporada con el club de Londres y puso rumbo a Italia. El Milan era la última gran oportunidad de Adel, que tenía la Liga de Campeones como escaparate para, quién sabe, volver a dar un paso hacia adelante. Como pasó con la mayoría de las oportunidades que se le brindaron, Taraabt no rindió al nivel que se esperaba en el equipo ‘rossonero’.

Después de casi cuatro años de recalar en el club lisboeta, Taraabt hizo su debut con el primer equipo el 30 de marzo de 2019. Antes de ello, había pasado una temporada entera con el equipo filial de ‘Las Águilas’ y estuvo cedido año y medio con el Génova para demostrar que los milagros existen; que renacer es posible. De un modo completamente distinto al mostrado en Londres, Abdel ha recuperado su nivel y, sobretodo, ha aprendido a controlar su mente para convertirse en un futbolista total, lo que se denomina un ‘coast to coast’.

El marroquí se siente hoy un jugador totalmente nuevo, que no deja de correr a lo largo y ancho del rectángulo de juego durante los 90 minutos que dura un encuentro. Hace

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‘tackles’ sin ningún tipo de temor. Grita y ordena a sus compañeros como un capitán. 

En declaraciones al portal web del Benfica, Taraabt aseguraba recientemente que  aterrizar en el fútbol luso “es lo mejor que me pudo haber pasado. Me costó más de tres años establecerme, pero ahora puedo considerarme un futbolista diferente y muy profesional. He perdido unos diez kilos, y nunca había trabajado tan duro en mi vida”.

Dice la popular cita que a veces perderse es la mejor manera de reencontrarse. Así lo hicieron paralelamente Adel Taraabt y Justin Vernon, quienes han visto recompensados con el éxito sus esfuerzos para salir adelante ante la adversidad. Nunca es tarde para mirar dentro de uno mismo y equilibrar nuestro bienestar para, cuando verdaderamente lo necesitemos, poder empezar de nuevo.